El día que el sonido llegó al cine: esta fue la primera película de la historia con audio sincronizado

El 6 de octubre de 1927, el público que acudió al estreno de The Jazz Singer [El cantor de jazz] en Nueva York no sabía que estaba asistiendo a uno de los grandes momentos que marcarían la historia de la cultura popular. Hasta entonces, el cine era un espectáculo esencialmente visual, con imágenes en movimiento pero sin sonido grabado. Esa noche, ocurrió algo distinto.

En la gran pantalla, el actor y cantante Al Jolson habló. “Wait a minute, wait a minute. You ain’t heard nothin’ yet” [Un momento, un momento, aún no habéis escuchado nada], dijo como si se dirigiera directamente al público. Aquella frase que Jolson improvisó para la película fue la primera en ser escuchada de forma sincronizada por una gran audiencia en una producción comercial de Hollywood.

“Cuando Jolson pronunció esas palabras en la pantalla gigante del cine insignia de Warner Bros. en Times Square, el público estalló en risas. La verdad es que aún no habían oído nada, al menos no en el cine, y mucho menos con diálogos y canciones sincronizadas con Vitaphone. La industria cinematográfica estaba a punto de experimentar un gran cambio, una especie de revolución sonora”, recuerda el Museo Nacional de Historia Americana sobre aquel momento.

Una de las particularidades es que la mayor parte de aquella película seguía siendo muda y utilizaba elementos propios del cine mudo, como los intertítulos o la interpretación gestual de sus protagonistas. Sin embargo, las escenas cantadas y los breves fragmentos hablados bastaron para revolucionar la industria de Hollywood, que en pocos años había dado el salto al cine sonoro por completo.

El problema del Vitaphone

Esta producción de Warner Bros. fue la primera película comercial en utilizar ese sistema llamado Vitaphone, una tecnología innovadora que permitía sincronizar la proyección del filme con discos fonográficos de gran tamaño en los que se podían grabar canciones, música y también diálogos. 

Pese a la innovación, este sistema tenía un problema, y es que necesitaba una coordinación extrema. El tocadiscos del que salía el sonido tenía que sincronizarse al milímetro con el proyector de la película ya que, cualquier error, por mínimo que fuera, podía provocar que los diálogos o la música dejara de coincidir con la imagen que se veía en pantalla.

Warner Bros., que se encargó de la producción y la distribución del filme entonces, recibió un Oscar honorífico por El cantor de jazz en la primera edición de los Premios de la Academia, que se celebraron en 1929. La Academia reconoció la película como “la película sonora pionera y excepcional que revolucionó la industria del cine”.