Un enterramiento hallado en España destapa un ritual de castigo que marginaba incluso después de la muerte
Un hallazgo arqueológico ha revelado un episodio de violencia extrema y ritual en la Iberia prerromana que altera la forma de entender el trato a los muertos. Dos hombres fueron enterrados hace más de 2.200 años junto a una muralla en Cerro de las Cabezas, en Ciudad Real, sin ritos habituales y rodeados de astas de ciervo, en una escena que apunta a castigo y mensaje social.
El estudio difundido en Research Square por Jesús Herrerín, Aurora Grandal-d’Anglade, Nataša Šarkić y Ana García-Vázquez describe un depósito fuera de lo común en el oppidum ibérico de Cerro de las Cabezas. Según Research Square, la combinación de cuerpos sin incinerar, signos de ejecución y elementos simbólicos sitúa este caso fuera de cualquier patrón funerario conocido en la península, lo que obliga a replantear cómo se ejercía el control social.
Los cadáveres quedaron colocados con rapidez tras fallecer
Los restos aparecieron en posición anatómica, lo que indica que los cadáveres se depositaron poco después de la muerte. La colocación transmite prisa y ausencia de cuidado, ya que no existe fosa definida ni estructura funeraria. El segundo cuerpo quedó parcialmente sobre el primero, con extremidades en posiciones forzadas que apuntan a manipulación brusca en el momento de la deposición.
Las astas de ciervo forman parte importante de la escena. Seis piezas de gran tamaño, algunas de más de un metro, se distribuyeron antes y después de colocar los cuerpos, lo que revela una secuencia organizada. Primero se situaron varias en la base, después el primer individuo, luego el segundo y finalmente más astas junto a la cabeza separada. Esa disposición indica una acción planificada dentro de un mismo episodio.
Las lesiones de ambos hombres muestran una violencia evidente aunque el primero, de entre 35 y 45 años, sobrevivió semanas a un golpe en la frente que ya presentaba señales de cicatrización. Más tarde recibió un corte profundo en el fémur derecho con un arma pesada que dañó vasos principales y provocó una pérdida de sangre mortal. El segundo, de entre 40 y 59 años, fue decapitado y su cabeza quedó a unos 40 centímetros del cuerpo, apoyada sobre su propio brazo.
Las costumbres funerarias ibéricas quedaron rotas en este enterramiento
El análisis isotópico añade información sobre sus vidas. Los valores de carbono y nitrógeno del primer individuo indican una dieta rica en proteína animal mantenida desde la juventud. A su vez, el oxígeno revela diferencias entre ambos hombres, lo que sugiere trayectorias vitales distintas aunque dentro del entorno regional. En ese mismo individuo aparecen señales óseas asociadas a desplazamientos frecuentes, una pista que apunta a actividades vinculadas al movimiento continuo.
Este contexto contrasta con las costumbres funerarias ibéricas. Entre los siglos VI y I antes de nuestra era, la incineración era la práctica dominante y los restos se depositaban en necrópolis con rituales definidos. Aquí ocurre lo contrario, ya que los cuerpos no se quemaron ni recibieron ajuar ni se integraron en espacios funerarios reconocidos, lo que marca una ruptura clara con la norma.
El lugar del hallazgo refuerza esa interpretación, ya que Cerro de las Cabezas, situado cerca de Valdepeñas, ocupó una posición estratégica en la Meseta sur y estuvo habitado hasta finales del siglo III antes de nuestra era. El depósito apareció junto a la muralla meridional, un límite que separaba el interior del exterior. Esa ubicación convierte el hallazgo en un gesto cargado de significado dentro del espacio comunitario.
Los investigadores interpretan el conjunto como un caso de mala muerte, una categoría que agrupa situaciones en las que el fallecimiento se aparta de las normas sociales. En este caso confluyen la ejecución, la exclusión del ritual funerario y la colocación en una zona limítrofe. A ello se suma el uso de astas de ciervo, que en otros contextos se han vinculado a prácticas protectoras asociadas a construcciones. Todo apunta a un acto que castiga a los individuos y a la vez proyecta un mensaje hacia la comunidad.
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