Es una de las escenas más míticas del cine y para rodarla se necesitaron seis meses y más de un millón de litros de agua

Laura Cuesta

2 de febrero de 2026 09:00 h

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Cuando Cecil B. DeMille recreó por primera vez la vida de Moisés y la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia, lo hizo para la versión de Los Diez Mandamientos que se estrenó en 1923 y que se rodó en Seal Beach, California. Treinta años después, cuando Paramount Pictures quiso rehacer la epopeya bíblica en Technicolor y VistaVision, el director volvió a ponerse al frente del proyecto. Esta vez, se trasladó a Egipto y la península del Sinaí para el rodaje.

La versión de 1956 se convirtió así en una de las películas más aclamadas no solo de DeMille, sino también de la historia del cine clásico. Fue el largometraje más exitoso del año en que se estrenó y el segundo más taquillero de la década, recaudando aproximadamente 122,7 millones de dólares de entonces. Parte del éxito se lo debemos sin duda a la escena en la que Charlton Heston, quien interpretó a Moisés entonces, extiende su bastón y separa las aguas del Mar Rojo.

Hablamos de unas de las secuencias más complicadas de la historia del cine por lo que supuso su rodaje. Según recoge el Grupo del Museo de Ciencias en su página web, esta se creó mediante una combinación de retroproyección y fotografía óptica. La filmación se llevó a cabo a orillas del Mar Rojo y en los estudios de Paramount, y tardó hasta seis meses en desarrollarse.

Rodaje y premios

“El muro de agua se creó en los estudios de Paramount a escala 1/5 utilizando una rampa inclinada de aproximadamente 9,7 metros de alto y 24 metros de largo. El agua se suministraba desde un tanque elevado a través de 15 válvulas hidráulicas controladas manualmente, lo que permitía que los 1.360.000 litros de agua cayeran en cascada en una fina lámina”, recuerdan.

Para capturar el movimiento del agua, se colocaron diferentes listones de madera a lo largo de la rampa que permitían que el líquido chocara, provocando variaciones en la velocidad que aportaban cierto realismo al efecto. Las tomas que se rodaron entonces se utilizaron después al revés, para dar la impresión de que el agua subía y el mar se abría en dos para dar paso a los personajes.

Todo en aquella película que llegó a cines hace 70 años se hizo a lo grande. Contó con un presupuesto de unos 13 millones de dólares de la época y se calcula que en el rodaje participaron unos 14.000 extras y 15.000 animales, por lo que cada plano requería una coordinación monumental por parte del equipo. 

Además del éxito que consiguió en taquilla, no es de extrañar que Los Diez Mandamientos terminara llevándose el Oscar a Mejores efectos especiales en 1957. Fue el único premio que la película consiguió por parte de la Academia de Cine de Hollywood, pese a estar nominada en otras muchas categorías, incluyendo Mejor película, dirección de fotografía, diseño de vestuario, sonido y edición.