La escultura que parece un trozo de panceta y ha acabado siendo un icono nacional en Taiwán

Tiene capas, tiene poros, tiene grasa. La Piedra con aspecto de carne no solo engaña a la vista: hace que el arte parezca cocina y que la cocina se convierta en escultura. Tallada a partir de jaspe veteado, esta pequeña pieza de apenas seis centímetros es una de las obras más visitadas del Museo Nacional del Palacio de Taipéi. Y aunque parezca sacada de un plato, en realidad nació en pleno auge de la dinastía Qing.

La historia se remonta a un periodo de esplendor artístico que coincidió con el dominio imperial de los Qing entre los siglos XVII y XX. Durante ese tiempo, el mecenazgo imperial impulsó la creación de miles de piezas destinadas a decorar los salones de la corte, muchas de ellas firmadas solo con el sello del taller que las produjo. Algunas tenían una intención propagandística, otras eran símbolos de estatus. Y luego estaban las que, como esta, reunían técnica y homenaje junto con algo de humor.

La panceta imperial que eclipsa a más de 700.000 tesoros

La escultura reproduce con exactitud panceta al estilo Dongpo, un plato tradicional que nació durante la dinastía Song, entre los siglos X y XIII. Según se cuenta, el origen se remonta al poeta y funcionario Su Dongpo, que, tras ser destinado a Huangzhou, recibió un cargamento de carne de cerdo como agradecimiento por sus reformas hidráulicas. Como sabía cocinar, preparó un guiso lento con vino Shaoxing y salsa de soja para devolver el gesto. De ahí surgió la receta y, siglos después, la escultura.

El jaspe fue elegido por su textura y su capacidad para mostrar diferentes tonalidades de forma natural. Las vetas del mineral se aprovecharon para representar la alternancia entre la carne magra y la grasa. El resultado fue una obra compacta de apenas 5,7 centímetros de alto por 6,6 de ancho y 5,3 de fondo, que simula los pliegues, los poros e incluso la piel dorada por la cocción. Todo ello trabajado con una precisión que hace que muchos visitantes se acerquen pensando que es un alimento conservado.

Quienes se acercan al museo en Taipéi suelen hacer cola para verla. Aunque la colección incluye más de 700.000 objetos llegados desde Pekín tras el fin de la guerra civil china, esta pequeña pieza se ha convertido en uno de los principales reclamos. Forma parte del trío conocido como los Tres Tesoros del museo, junto con la Col de jadeíta —una verdura esculpida con sus propios insectos— y el Ding de Mao Gong, un caldero de bronce grabado con inscripciones antiguas.

Entre los motivos que explican su popularidad está su realismo, pero también el ingenio de haber transformado una receta en arte tridimensional. Como explicó el conservador Chang Lituan al referirse a la técnica del tallado en piedra, el proceso exigía un trabajo meticuloso que aprovechaba las impurezas del mineral: “El artista incorporó las variaciones naturales del jaspe, que iban desde el blanco translúcido hasta el marrón oscuro, para lograr una imagen realista”.

Nadie sabe para qué servía, pero todos quieren verla

La autoría es anónima, como ocurre con muchas piezas de la época, aunque se sabe que salió de uno de los talleres imperiales. Lo que añade más misterio es su función original, que no ha podido confirmarse. Se piensa que pudo formar parte del mobiliario de un salón privado, acompañada de objetos de escritorio o caligrafía. Lo que sí está claro es que estaba destinada a ser observada de cerca, apreciada no tanto por su tamaño, sino por los detalles.

Algunos especialistas han señalado que la obra funciona como ejemplo del gusto chino por los objetos con dobles significados, donde lo visual se mezcla con lo simbólico y lo literario. En este caso, la carne de cerdo no es solo comida. También remite a abundancia, a fortuna y a placer. En la astrología china, el cerdo representa prosperidad. Y hay incluso una reserva estatal de carne congelada para estabilizar su precio en el mercado.

La Piedra con forma de panceta sigue expuesta junto a otras piezas imperiales, como si todavía formara parte de un antiguo banquete de la corte. No está sola, pero es la que más miradas atrae. Y aunque parezca solo una curiosidad tallada en piedra, lo que representa mezcla historia, artesanía, política y cultura popular.