El espectáculo de la ciencia: el curioso anfiteatro anatómico del siglo XVIII en el Raval
Barcelona tiene múltiples atractivos y tesoros para descubrir, desde sus conocidas joyas modernistas a las muestras de su pasado gótico, sin olvidar los museos o la playa. Pero hay también otros puntos de interés que quizás no son tan populares, y que permiten conocer rincones diferentes de la ciudad condal. Uno de ellos se encuentra en el corazón del barrio del Raval, detrás de una fachada neoclásica que poco nos indica lo que se oculta en su interior.
Se trata del Anfiteatro Anatómico de Barcelona, una sala que, en su época, fue escenario público de un espectáculo que hoy nos pondría los pelos de punta: las disecciones de cuerpos humanos. La ciencia y las costumbres, por suerte, han evolucionado, y hoy los médicos y científicos disponen de otros recursos para aprender anatomía. Pero en el siglo XVIII, esta práctica no solo era la única manera de formar a los futuros cirujanos, sino que existía un público dispuesto a pagar para verlo en directo. De todo ello nos ha dejado un recuerdo este singular espacio.
Un anfiteatro barroco al servicio de la ciencia
El anfiteatro anatómico, conocido como Sala Gimbernat, se encuentra hoy ubicado en la sede de la Real Academia de Medicina de Catalunya, que ocupa los antiguos edificios del histórico Hospital de la Santa Creu, en la calle del Carme. Anteriormente, este lugar acogió el Real Colegio de Cirugía de Barcelona y posteriormente, la Facultad de Medicina antes de trasladarse al actual Hospital Clínic.
Todo el conjunto se considera una de las piezas más importantes de la arquitectura neoclásica en Barcelona. Lo que más destaca en su interior, sin embargo, es el anfiteatro anatómico, uno de los más importantes y mejor conservados de Europa. El edificio fue construido entre 1762 y 1763 por el arquitecto Ventura Rodríguez. A pesar de que el neoclásico ya anunciaba su llegada, en las formas del anfiteatro predominan todavía los elementos barrocos.
El anfiteatro presenta una gran sala elíptica coronada con una cúpula y una gran lámpara de araña. Destacan las vidrieras y la ornamentación barroca y rococó que decora la parte superior de la sala. En la base, unas gradas con asientos y bancos semicirculares nos recuerdan que, en su origen, este espacio estaba pensado para acoger al público.
Estos bancos rodean la gran mesa de mármol para disecciones, en la que se puede observar un orificio que servía para evacuar la sangre de los cadáveres. Es una de las muy pocas mesas de este tipo que sobreviven en Europa. Estando de pie en la sala, no cuesta imaginarse al cirujano con sus ayudantes realizando las disecciones ante la atenta mirada de los estudiantes. Pero existe también una galería superior oculta por celosías desde donde personas de la alta sociedad pagaban para poder observar las disecciones en directo, sin ser vistas.
Gracias a los archivos del Hospital de la Santa Creu sabemos que, antes de las disecciones, se celebraban misas por el alma del difunto y se realizaban limosnas. También consta que había quejas sobre algunas prácticas de lo más siniestras por parte de algunos estudiantes que se llevaban partes de los cuerpos a casa, se supone que para seguir estudiando.
Grandes nombres de la medicina
El anfiteatro se conoce hoy como la Sala Gimbernat, y debe su nombre a Antonio Gimbernat y Arbós, un eminente cirujano y anatomista español del siglo XVIII, cuya principal contribución científica fue la descripción de la anatomía del canal inguinal y la técnica de reparación de la hernia crural. Hoy, su nombre, junto a los de Servet, Mata, Virgili o Cajal también pueden leerse como recuerdo de grandes figuras de la ciencia médica.
El anfiteatro anatómico se puede ver gracias a las visitas guiadas que se ofrecen dos días por semana. También se puede elegir la opción de la visita nocturna, que incluye experiencias singulares como una actividad de hipnosis.
0