El Raval, el barrio con más diversidad religiosa de Barcelona, ante la visita del Papa: “A muchos no nos interpela”
Hace semanas que Rosa no para quieta. A sus más de 77 años, se pasa el día trabajando con la vista puesta en la tarde del miércoles, cuando el papa León XIV visitará la Parròquia de Sant Agustí durante su visita a Barcelona. “Estamos haciendo camisetas, ensayando danzas y preparando las ofrendas para su llegada”, cuenta emocionada.
Además, ha estado muy encima de las obras que hace meses que se realizan en esta iglesia del barrio del Raval para poder garantizar los requisitos de la Guardia Suiza, la unidad que se encarga de la seguridad del Vaticano. “Es mucho trabajo, pero vale tanto la pena”, sostiene. Este oratorio es especial para Rosa Tuluyán, una mujer nacida en Filipinas que encontró en él un espacio de encuentro con sus compatriotas.
Los filipinos, además de ser la nacionalidad extranjera más numerosa del Raval, son especialmente religiosos. Tanto, que hace 25 años consiguieron su propia parroquia personal (comunidades creadas y aprobadas por la Santa Sede para cubrir las necesidades específicas de ciertas familias del catolicismo).
Desde que el Papa anunció que visitaría esta parroquia, los ojos de medio mundo se posaron sobre el Raval. Pero lo cierto es que no todos sus vecinos están tan emocionados como Rosa. Los católicos son solo una de las confesiones que se profesan en este barrio, que es el que cuenta con la mayor diversidad religiosa de toda Barcelona. Una ciudad en la que hay más de 37 cultos.
De hecho, aunque las iglesias católicas suponen la mayoría —y casi la mitad— de los templos que hay en la capital catalana, ese mapa cambia cuando se trata del Raval. Es el barrio que tiene más oratorios de toda la ciudad y uno de los tres —empatado con Gràcia y Les Corts— con mayor número de religiones representadas.
Los espacios católicos siguen siendo los más numerosos —aunque no llegan a la mitad del total—, seguidos muy de cerca por los centros de culto musulmanes. “Si hay tantas iglesias es por la tradición católica de este país, pero hoy es mucho más diverso que antes”, asegura Fàtima Ahmed, musulmana y vicepresidenta de la asociación Diàlegs de Dona, un punto de acogida para mujeres migrantes. Se lamenta de que, mientras muchas parroquias “se están vaciando”, los musulmanes no tienen suficientes espacios de rezo para toda la comunidad.
“Estamos en bajos comerciales y garajes y aun así no cabemos. Y no estamos ahí porque queramos, sino porque la Administración no sabe gestionar bien la diversidad”, insiste Ahmed, que opina que hay una tendencia a “invisibilizar todo lo que no sea católico”. Recala en que, aunque España sea un Estado aconfesional, la diferencia en el trato que los gobiernos (“sean de izquierdas o derechas”) prestan al catolicismo y a otras religiones es “enorme”.
Pone sobre la mesa la amplia agenda que el Papa tendrá estos días, en la que se incluye un discurso en el Congreso. “Nos dicen que es porque es un jefe de Estado, pero es que también es un líder religioso. Imagínate qué pasaría si el discurso fuera de un imán”, añade.
El Raval, unido en la diversidad
Fàtima Ahmed y Rosa Tuluyán se conocen y no solo porque compartan barrio. También forman parte del Grupo Interreligioso del Raval (GIR) de la Fundació Tot Raval. Este espacio nació en 2001 a raíz del encierro y huelga de hambre de 350 migrantes en la Iglesia del Pi de Barcelona en protesta contra la ley de extranjería. Desde entonces, se ha convertido en un espacio de encuentro de los diferentes credos presentes en el barrio que, de alguna u otra manera, representan también a las comunidades migrantes que conforman el Raval.
En el GIR hay 17 entidades, entre ellas algunas que pertenecen a diversas ramas del cristianismo distintas al catolicismo. “No nos sentimos representados por esta visita del Papa”, explica Marta López, pastora protestante y secretaria general de la Iglesia Evangélica española. Aunque se confiesa contenta por sus “hermanos católicos”, su credo no reconoce la autoridad del Pontífice. “Es cierto que es una figura política de relevancia, pero para nosotros es un cristiano más”, añade.
Por eso, la pastora lamenta el papel de los gobiernos en la campaña organizada para recibir a León XIV: “España es un país aconfesional, pero no se nota. El catolicismo sigue teniendo un trato de favor que va en contra de las religiones más minoritarias y de la sociedad en general”, se lamenta López. Resalta algunos ejemplos como la donación en la declaración del IRPF, que solo se puede hacer a la Iglesia Católica.
Aunque asegura que no está en contra de la visita del Papa, apuesta por la separación total entre la religión y el Estado para “dejar espacio y construir unas relaciones más saludables” con la religión. López tiene claro que esa distancia y pérdida de privilegios haría que la Iglesia asumiera más responsabilidades y se modernizara.
“El papel de las mujeres, por ejemplo, sería otro”, sostiene esta protestante, a quien su credo permite ejercer como pastora y guiar a su propia congregación. “La Iglesia está acallando a muchas voces que, a su vez, son las que sostienen desde la base a las parroquias”, añade la religiosa, quien recuerda que la mayoría de personas creyentes y practicantes son mujeres. “Quizás me hice protestante en busca de ese trato justo hacia nosotras”, dice.
El catolicismo, mayoritario pero a la baja
Las mujeres son mayoría en las comunidades de todas las religiones. Eso no es solo una intuición de López, sino un dato contrastado por diversas encuestas. La última de ellas es el informe Laicidad en cifras, publicado por la Fundació Ferrer i Guàrdia a menos de una semana de la llegada del Papa a España. Otro de los datos que se desgranan de este estudio es que Catalunya es la segunda comunidad autónoma, solo por detrás de Euskadi, en la que hay menos fervor religioso.
El número de personas que se declaran no religiosas en Catalunya asciende hasta el 48%, solo un punto por encima de la estadística en Barcelona. Entre agnósticos y ateos suman casi la mitad de la población. En el otro lado de la balanza, aunque casi el 40% de barceloneses se confiesan católicos, desde la misma Fundació Ferrer i Guàrdia recuerdan que siguen siendo “menos de la mitad de la población de un país aconfesional”, según apunta su directora, Hungría Panadero.
Es por eso que reclama que la religión se relegue a la vida privada y no se financie “de ninguna manera” con fondos públicos. En esta línea, Panadero hace referencia al peso de la religión en las escuelas concertadas (que suponen el 60% de los centros en Barcelona, siendo el 99% de ellos religiosos), pero también a cuestiones puntuales como la visita del Papa. Los 25 millones que ha costado han sido financiados en buena parte por las arcas públicas.
“No estamos en contra de que venga de visita, pero sí de que se le haga este despliegue. No nos sirve la excusa de que es un jefe de Estado, porque su Estado no es democrático y vulnera los derechos de muchos colectivos”, añaden desde la Ferrer i Guàrdia. Esta fundación ha impulsado, junto a Ateus de Catalunya y Europa Laica, la campaña ‘Yo no te espero’, pensada para denunciar “los privilegios públicos” de la Iglesia en Catalunya.
Estos favores son los mismos que denuncian otros credos minoritarios, desde musulmanes hasta las distintas ramas del cristianismo. Pero, si bien desde colectivos ateos se oponen a la visita del pontífice, representantes de otras creencias la ven como una “posibilidad de visibilización”.
Fàtima Ahmed, musulmana, ha sido invitada a la misa que se realizará en Sant Agustí. Por su parte, Marta López, pastora protestante, estará en la de la Sagrada Família. “El Papa no obviará la diversidad religiosa en sus discursos y será una oportunidad para mantener el diálogo que tanto necesitamos”, sostienen.
Pero, si bien ambas tendrán la oportunidad de ver al Pontífice de cerca y en directo, Rosa Tuluyán no tendrá esa suerte. A pesar de haber estado trabajando duramente para recibirle en la parroquia que hace décadas que cuida como si fuera su casa, ella tendrá que seguir el discurso del Santo Padre desde su salón porque no ha sido invitada a la misa de Sant Agustí.
De las 600 personas que asistirán al evento en esta parroquia del Raval, solo 2 pertenecen a la comunidad filipina, que es la que gestiona el oratorio. Ni siquiera se ha guardado un asiento para el párroco. De hecho, se le sugirió participar en el sorteo para escoger a los afortunados que acompañarían al Santo Padre, pero decidió dejar pasar la oportunidad para no quitar la plaza a alguno de sus feligreses. “Estaremos bien viéndolo desde la tele, no pasa nada”, dice Tuluyán, resignada.
Aunque reconoce que le hubiera gustado ver al Papa en su iglesia, confía en que habrá más oportunidades. “Podremos saludarle en la calle o incluso en Roma. A lo mejor podemos ir un día al Vaticano y allí, con suerte, sí le veremos”, insiste, esperanzada.
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