Un 'gigante' aparece junto a nueve guerreros en una fosa común vikinga localizada a las afueras de Cambridge
El tamaño exagerado siempre ha servido para construir a conveniencia personajes torpes o amenazantes, con cuerpos desproporcionados y gestos poco finos. En relatos y mitos, el gigante suele aparecer como una figura tosca y torpe, más cerca de lo monstruoso que de una persona corriente, aunque esa imagen cambia cuando entra en juego la guerra. En ese otro registro, los gigantes pasan a leerse como combatientes humanos temibles, con brazos largos, golpes duros y una ventaja física clara frente a rivales más bajos.
Esa doble mirada, entre caricatura y amenaza real, ayuda a entender por qué la estatura se ha usado durante siglos como señal de poder. El contraste entre fantasía y realidad obliga a mirar con cuidado cada caso concreto que aparece en el registro histórico.
Las luchas entre sajones y vikingos ayudan a situar lo ocurrido en la zona
Un equipo de arqueólogos y estudiantes de la Universidad de Cambridge localizó en el condado de Cambridgeshire una fosa común con restos humanos fechados entre los años 772 y 891 d. C. El hallazgo apareció durante una excavación formativa y sacó a la luz un pozo de unos cuatro metros por uno con huesos arrojados sin orden.
Los investigadores identificaron al menos diez individuos a partir del número de cráneos, todos hombres jóvenes, según explicó la propia universidad. La disposición de los cuerpos y las marcas en los huesos apuntan a una muerte violenta en un momento de fuerte tensión territorial.
Ese periodo coincide con décadas de enfrentamientos entre sajones y vikingos en una franja disputada entre Mercia y Anglia Oriental. Oscar Aldred, responsable de la excavación y arqueólogo de la Unidad Arqueológica de Cambridge, recordó en un comunicado que la zona funcionaba como frontera activa. “Cambridgeshire era una zona fronteriza entre Mercia y Anglia Oriental, y durante décadas hubo guerras constantes entre sajones y vikingos”, dijo, y añadió que el pozo podría encajar en ese contexto. La región fue saqueada alrededor de los años 874-875 d. C. por parte del Gran Ejército Vikingo, un episodio que alteró el control político del territorio durante años.
Un joven muy alto y una operación en vida destacan entre los esqueletos
Dentro de la fosa aparecieron cuatro esqueletos completos junto a extremidades sueltas y grupos de cráneos sin cuerpo. Algunos cadáveres estaban colocados de forma que sugiere que llevaban ataduras, mientras otros mostraban señales claras de decapitación. Aldred señaló que el conjunto refleja una violencia extrema y dejó abierta la posibilidad de una ejecución en grupo. “Los enterrados podrían haber sido sometidos a castigos corporales”, afirmó, al relacionar el lugar con prácticas de exhibición o castigo público. La ausencia de pruebas claras de una batalla mantiene abiertas varias hipótesis.
Entre los restos destacó un individuo de entre 17 y 24 años con una estatura cercana a los 1,95 metros, muy por encima de la media de la época. El esqueleto apareció boca abajo y su cráneo mostraba un orificio cicatrizado, señal de una trepanación practicada en vida.
Trish Biers, curadora de las Colecciones Duckworth de la Universidad de Cambridge, explicó que este guerrero de gran tamaño pudo haber tenido un tumor que afectó a la glándula pituitaria. “Esto se aprecia en las características únicas de los huesos largos de las extremidades”, dijo, y señaló que la intervención buscaba aliviar la presión craneal y el dolor.
El trabajo de campo contó con estudiantes en prácticas, para muchos su primer contacto con restos humanos. Olivia Courtney, alumna de arqueología, contó que el hallazgo le hizo sentir cercanía y distancia a la vez con aquellas personas. “Nos separaban solo unos pocos años de edad, pero más de mil años en el tiempo”, explicó.
El equipo seguirá analizando la salud, la ascendencia y los lazos familiares de los individuos, además de recomponer los restos sueltos para ajustar el número total de fallecidos y aclarar quiénes fueron en realidad aquellos hombres.