La gran gesta de Harold II parecía una marcha épica de 300 kilómetros, pero los indicios apuntan a un viaje en barco
Las decisiones militares nunca se toman en vacío y suelen depender de amenazas inmediatas y recursos disponibles. El rey Harold tuvo que acudir a la batalla porque dos frentes distintos exigían una respuesta rápida y coordinada en Inglaterra durante 1066. Primero se enfrentó a una invasión en el norte y después tuvo que responder al desembarco normando en el sur.
Esa presión obligó a organizar una defensa que no se limitaba a mover soldados por tierra, sino que incluía el uso de barcos y rutas marítimas. La defensa no fue improvisada, ya que implicaba coordinar movimientos en distintos puntos del territorio. El resultado fue una estrategia que intentaba cubrir toda la costa y reaccionar a varios enemigos casi al mismo tiempo.
Ese escenario se concreta en un estudio de la Universidad de East Anglia, recogido por University of East Anglia, que sostiene que Harold II utilizó transporte marítimo en 1066 y no realizó la marcha terrestre tradicional. El profesor Tom Licence, especialista en Historia Medieval, explicó en la Universidad de Oxford que “la campaña de Harold no fue una carrera desesperada a través de Inglaterra, sino una sofisticada operación terrestre y marítima”.
El trabajo revisa fuentes del siglo XI y plantea que el rey mantuvo operativa su flota durante toda la campaña. Esa lectura cambia la idea de una defensa basada solo en desplazamientos forzados por tierra.
El ejército usó naves para reorganizarse tras el norte
La organización de esa defensa partía de una idea clara, cubrir la costa y moverse con rapidez cuando aparecía una amenaza. Harold empleó barcos para vigilar el sur ante la llegada de Guillermo de Normandía y también para intervenir en el norte frente a Harald Hardrada.
Tras la batalla de Stamford Bridge, las mismas naves permitieron regresar al sur sin someter a los soldados a un desgaste innecesario. Licence indicó que “un viaje por mar desde el estuario del Humber hasta Londres era más rápido, más seguro y mucho más coherente con los relatos”. Esa movilidad explica por qué el ejército pudo reorganizarse antes del enfrentamiento final.
Durante mucho tiempo se dio por hecho que Harold había recorrido unos 320 kilómetros a pie para llegar a Hastings. Ese episodio se convirtió en una imagen repetida en libros y relatos históricos, pero la investigación reciente desmonta esa idea. Licence revisó documentos contemporáneos y no encontró pruebas de esa marcha. Él mismo afirmó que “busqué en las fuentes pruebas de una marcha forzada y no encontré ninguna”. Esa ausencia de evidencias pone en duda uno de los relatos más conocidos de la historia inglesa.
El desgaste físico del ejército se utilizó durante décadas para explicar la derrota inglesa. Se decía que los soldados llegaron agotados tras recorrer grandes distancias en pocos días. Sin embargo, el transporte marítimo cambia esa lectura, ya que el viaje permitía descansar durante el trayecto. Licence subrayó que “resulta inverosímil que los exhaustos soldados ingleses recorrieran a pie casi 320 kilómetros en 10 días”. Además, comparó esa idea con campañas posteriores en las que tropas mejor equipadas avanzaron menos distancia en condiciones exigentes.
El origen del error se encuentra en la interpretación de la Crónica Anglosajona. El texto indica que los barcos “regresaron a casa”, una frase que durante el siglo XIX se entendió como la disolución de la flota. Licence revisó esa expresión y concluyó que los barcos volvieron a Londres, donde tenían su base, pero siguieron disponibles. También analizó nueve versiones manuscritas y otras fuentes para corregir la lectura difundida por Edward Augustus Freeman. En ese proceso señaló que “Harold no era un comandante reactivo, sino un estratega que usó los recursos navales para librar una defensa coordinada”.
La nueva visión cambia la imagen del monarca y la guerra
El nuevo punto de vista cambia la forma de entender la guerra de 1066 y la figura del rey. Michael Lewis, director del Programa de Antigüedades Portátiles del Museo Británico, afirmó que “resulta un descubrimiento fascinante que, tras la batalla de Stamford Bridge, Harold emprendiera un viaje más sencillo y lógico hacia el sur en barco”. Esa revisión también coincide con la llegada del Tapiz de Bayeux al Museo Británico en 2026, lo que abre nuevas lecturas sobre los hechos. La imagen de un ejército agotado pierde peso y deja paso a una interpretación más compleja.
Todo encaja mejor cuando se observa el conjunto de acontecimientos de aquel año. En octubre de 1066, la batalla de Hastings enfrentó a los normandos con las fuerzas inglesas cerca de Battle, en East Sussex. El combate terminó con la muerte de Harold II y la caída de la resistencia inglesa.
Antes de ese momento, el rey había tenido que desplazarse desde el norte tras Stamford Bridge, donde había derrotado a Harald Hardrada el 25 de septiembre. Ese recorrido, lejos de ser una marcha agotadora, se ajusta mejor a un uso continuado de rutas marítimas y a una defensa que intentaba responder a dos invasiones en cuestión de semanas.