Varios intentos humanos por abandonar África terminaron fallando y ahora una investigación explica por qué se borraron del rastro histórico
Las grandes migraciones humanas siempre empiezan con una necesidad básica. Africa ocupa un lugar especial en esa historia porque allí surgió la especie humana y desde allí partieron los primeros grupos hacia otras tierras. Sin embargo, el mismo continente que vio nacer a la humanidad también aparece hoy como punto de partida de muchas personas que desean marcharse.
Africa reúne una contradicción evidente. Es el lugar donde comenzó la expansión humana por el planeta y al mismo tiempo es una región desde la que muchos buscan salir para mejorar su vida. Esa tensión entre origen y salida plantea una pregunta más profunda sobre por qué algunas migraciones prosperan y otras desaparecen.
Un estudio científico explicó por qué algunas dispersiones antiguas fracasaron
La investigación dirigida por la profesora Eleanor Scerri, del Max Planck Institute of Geoanthropology, junto con el profesor Andrea Manica de la University of Cambridge, explica que el éxito de la expansión humana fuera de Africa se apoyó en la capacidad de las poblaciones para adaptarse a distintos entornos, según un trabajo publicado en la revista Nature
El estudio analiza por qué muchas salidas anteriores no dejaron descendencia en la población actual. Las pruebas arqueológicas muestran que varios grupos llegaron a regiones de Eurasia mucho antes de la gran expansión que dio origen a la mayoría de personas actuales fuera de Africa. Sin embargo, aquellas poblaciones desaparecieron con el paso del tiempo.
Uno de esos episodios ocurrió hace cerca de 100.000 años en la península Arábiga, donde pequeños grupos humanos llegaron a una meseta del actual Omán meridional y dejaron herramientas de piedra. Los restos sitúan esas ocupaciones entre hace 109.000 y 95.000 años, en un territorio que entonces tenía praderas, manantiales y animales para la caza.
Aquellas comunidades prosperaron durante un tiempo, pero el clima cambió con rapidez y la lluvia desapareció. Los lagos se secaron, los manantiales dejaron de funcionar y las herramientas dejaron de aparecer en el registro arqueológico. Aisladas y sin nuevos aportes de población, esas comunidades terminaron por desaparecer.
Un gran análisis de datos reconstruyó territorios habitables antiguos
Para entender por qué algunas migraciones fracasaron y otra prosperó, el equipo reunió una base de datos amplia sobre el uso del territorio en Africa. La doctora Emily Hallett explicó que el trabajo consistió en analizar yacimientos y datos ambientales acumulados durante más de 120.000 años. Según Hallett, “usamos métodos desarrollados en ecología para entender cómo cambiaron los entornos que los humanos podían ocupar durante ese periodo”.
El conjunto incluye 479 capas arqueológicas fechadas junto con reconstrucciones climáticas. Los investigadores examinaron variables ambientales como temperatura, precipitaciones y amplitud térmica anual. Ese análisis permitió seguir la relación entre poblaciones humanas y los distintos paisajes del continente.
Los resultados muestran un cambio claro a partir de hace unos 70.000 años. En ese momento las comunidades humanas empezaron a ocupar territorios que antes apenas utilizaban. La investigadora Michela Leonardi explicó que el espacio ecológico humano empezó a ampliarse de forma marcada hace unos 70.000 años: “Nuestros resultados muestran que el espacio ecológico humano empezó a ampliarse de forma marcada desde hace unos 70.000 años”. Esa expansión no dependía solo del clima. Incluso cuando bosques o zonas secas permanecían estables, los grupos humanos empezaban a instalarse allí con más frecuencia.
La gran salida hacia Eurasia terminó consolidándose
Ese proceso coincidió con transformaciones culturales. Los registros arqueológicos indican dietas más amplias, uso del fuego para modificar paisajes y formas de almacenar agua. También aparecen conexiones sociales entre grupos situados a mayor distancia. Esas redes permitían intercambiar recursos o información en momentos difíciles.
Andrea Manica explicó el contraste con migraciones anteriores: “Las dispersiones previas parecieron ocurrir durante periodos de lluvia especialmente favorables en la franja desértica saharo arábiga”. Sin embargo, las poblaciones posteriores lograron avanzar incluso cuando el entorno presentaba condiciones más duras.
El resultado final fue una expansión que sí dejó descendencia duradera. Los grupos humanos que abandonaron Africa hace entre 60.000 y 50.000 años ya habían aprendido a vivir en bosques, sabanas y zonas secas dentro del propio continente. Esa experiencia permitió afrontar territorios cambiantes fuera de Africa.
Scerri dijo que esos grupos llegaron a Eurasia con una capacidad de adaptación forjada en territorios difíciles: “Los grupos que se desplazaron hacia Eurasia contaban con una flexibilidad ecológica desarrollada al vivir en hábitats climáticamente difíciles”. Esa capacidad permitió que una migración concreta se mantuviera mientras otras anteriores se extinguieron.