Ítaca saca a la luz un templo olvidado que confirma el culto heroico a Odiseo y guarda tesoros intactos desde hace milenios

Una red de asentamientos protegía los accesos costeros de Ítaca cuando Odiseo gobernaba la isla. La topografía escarpada, el control de fuentes subterráneas y la ubicación estratégica de los núcleos habitados convertían aquel territorio en una fortaleza natural. Odiseo, como rey, no solo heredó ese entramado defensivo, también lo reforzó con decisiones que consolidaron la isla como punto clave en las rutas del mar Jónico.

Aunque su figura pertenece al ámbito literario y no hay pruebas de que existiera como persona real, su nombre quedó ligado a decisiones de poder, alianzas marítimas y control territorial. En los relatos épicos aparece como gobernante de una Ítaca organizada y defensiva, capaz de sostener una posición influyente en tiempos convulsos. En una de las laderas más abruptas del norte de la isla ha aparecido un conjunto arqueológico que apunta directamente a su memoria.

Las excavaciones en Agios Athanasios aportan pistas materiales sobre la memoria de Odiseo

Las excavaciones dirigidas por la Universidad de Ioánina, en colaboración con el Ministerio de Cultura griego, han sacado a la luz una construcción escalonada en el enclave de Agios Athanasios, al norte de la región de Exogi. Allí se conservan estructuras monumentales, escaleras talladas en la roca y una torre helenística, junto a un edificio rectangular que pudo servir como espacio para ceremonias cívicas o religiosas.

En niveles inferiores del mismo complejo se hallaron fragmentos cerámicos, estatuillas y una cisterna subterránea revestida con piedras corbeladas. Esta fuente, datada en el periodo micénico entre los siglos XIV y XIII a. C., confirma la presencia continua de actividad humana en la zona desde tiempos prehistóricos. Según los arqueólogos, el sistema hidráulico refuerza la idea de un asentamiento estructurado, vinculado al poder político de la Ítaca micénica.

La parte más reveladora del hallazgo corresponde a las inscripciones localizadas en tejas de época helenística y romana. Algunas de ellas presentan el nombre de Odiseo en griego y latín, con fórmulas que permiten deducir su función votiva o conmemorativa. Una de las piezas, por ejemplo, parece indicar la posesión del lugar, mientras que otra contiene una dedicatoria, probablemente de origen peregrino.

Ya en los años treinta, una inscripción similar fue descubierta en la cueva de la bahía de Polis, también en Ítaca. Ese antecedente, unido a los nuevos hallazgos de Agios Athanasios, consolida la hipótesis de que Odiseo no fue solo un personaje mitológico, sino también un referente cívico con culto propio. Así lo confirma el Ministerio de Cultura de Grecia al señalar que el santuario descubierto puede identificarse “con certeza” con el que mencionan las fuentes antiguas.

Odiseo representó mucho más que un héroe épico en la memoria de Ítaca

Una resolución conservada en Magnesia, Asia Menor, menciona expresamente la existencia de un espacio sagrado en Ítaca dedicado a Odiseo, denominado Odiseia, donde se celebraban competiciones en su honor hacia el año 207 a. C. Esta referencia refuerza la dimensión institucional del santuario, que habría funcionado como punto de cohesión comunitaria y expresión de identidad local.

El culto heroico no se limitaba a figuras religiosas. En este caso, el santuario parece haber desempeñado un papel doble: por un lado, como espacio devocional donde los peregrinos ofrecían objetos —como figuras de terracota, joyas, monedas y recipientes rituales—, y por otro, como lugar donde se articulaba el recuerdo colectivo de una figura con autoridad simbólica. La presencia del dios Apolo Aghieos en varias inscripciones sugiere una interacción entre tradiciones locales y cultos panhelénicos.

La identificación del conjunto como un Odiseión —un santuario heroico dedicado a Odiseo— queda reforzada no solo por la epigrafía, sino también por la arquitectura del complejo. Los nichos excavados en la roca, distribuidos de forma meticulosa, apuntan a una planificación ceremonial prolongada en el tiempo. Todo indica que el culto estuvo activo al menos hasta el siglo II d. C.

La ubicación del conjunto, en un punto elevado con vistas al mar, también ayuda a entender la dimensión simbólica de Odiseo como figura que conecta tierra firme y navegación. Aunque su existencia histórica no esté documentada, su huella material en Ítaca sí lo está. Las inscripciones, los bustos y las ofrendas no retratan solo a un héroe de versos antiguos, sino a un rey cuya memoria fue celebrada con actos, estructuras y ritos a lo largo de numerosas generaciones.