En el Acuario de Nueva Inglaterra, en Boston, hay una isla donde nadie corre para comer, no hay empujones y el descanso está garantizado. Allí viven seis pingüinos africanos mayores, trasladados a un espacio especial pensado para algo muy concreto: envejecer mejor, ya que son una especie en peligro de extinción.
En la naturaleza, esta especie rara vez supera los 15 años. En el acuario, algunos de sus residentes rondan los 30 y hasta los 35 años, una longevidad comparable a la de muchas mascotas domésticas bien cuidadas. Por eso, el equipo decidió crear una especie de hogar para pingüinos senior, en un grupo separado del bullicio de la colonia principal.
Uno de los principales problemas de los pingüinos mayores es competir con los jóvenes durante la comida. En esta nueva “residencia”, los cuidadores reparten el pescado sin prisas y sin que nadie se lo quite al de al lado.
“Todos tienen su momento y pueden comer a su ritmo”, explica Kristen McMahon, responsable de pingüinos del acuario. El resultado es inmediato: menos estrés, más descanso y comportamientos mucho más relajados, algo clave cuando hablamos de animales geriátricos.
Gotas, fisio… y hasta acupuntura
Como ocurre con perros o gatos ancianos, los pingüinos también desarrollan artrosis, problemas de visión o dificultades de movilidad. Para tratarlos, el acuario aplica cuidados veterinarios avanzados: fisioterapia, dietas adaptadas, colirios… e incluso acupuntura. Algunos pingüinos con artritis reciben sesiones similares a las humanas. Según el equipo veterinario, muchos se relajan tanto que se quedan dormidos durante el tratamiento.
Mascotas exóticas… pero que también envejecen con dignidad
Aunque no sean animales de compañía, los cuidadores destacan que los pingüinos mayores buscan calma, rutinas predecibles y vínculos estables, algo muy parecido a lo que ocurre con las mascotas cuando envejecen.
Casos como el de Lambert, un pingüino de 32 años que recuperó actividad tras una cirugía ocular, o Isis, que por fin encontró un espacio propio lejos de los más dominantes, muestran cómo el entorno influye directamente en el bienestar emocional.
Este hogar de pingüinos jubilados no es solo una curiosidad. Es un recordatorio de que el envejecimiento animal requiere atención específica, igual que ocurre con nuestras mascotas. Mientras los pingüinos africanos siguen luchando por sobrevivir en libertad, en Boston algunos de ellos disfrutan de algo poco común en la naturaleza: una vejez tranquila, cuidada y sin prisas.