¿Cómo murieron realmente muchos dinosaurios? Un estudio apunta a que quedaron carbonizados en pocas horas
Las pieles más gruesas apenas habrían retrasado el daño cuando una oleada de calor recorrió la superficie y convirtió cualquier refugio en una necesidad inmediata. Los dinosaurios debieron afrontar la caída del meteorito entre llamaradas, oscuridad y temperaturas capaces de matar en muy poco tiempo, con pocas opciones tanto para los animales grandes y los pequeños.
El tamaño pudo influir en la posibilidad de encontrar cobijo favoreciendo a los menos corpulentos aunque el calor, los incendios y la posterior falta de alimento alcanzaron a especies de cuerpos muy distintos. La cuestión decisiva reside en cuánto tardó aquella cadena de fenómenos en convertir el planeta en un lugar inhabitable.
Un modelo sitúa la gran mortandad en las primeras horas
Un estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences plantea que buena parte de la vida terrestre pudo morir durante las primeras horas posteriores al choque de Chicxulub. Popular Science recogió que el equipo utilizó simulaciones informáticas y restos de polvo formados durante la catástrofe para reconstruir cómo una capa de vapor de roca habría elevado la temperatura del suelo.
Brandon Johnson, científico planetario de la Universidad Purdue y coautor del trabajo, situó la mortandad inicial en un periodo muy breve: “Podríamos estar hablando de acabar prácticamente con todo durante la primera o la segunda hora”.
La colisión ocurrió hace 66 millones de años en la actual península mexicana de Yucatán, donde un asteroide de unos diez kilómetros de diámetro abrió una cavidad enorme y lanzó alrededor de 25 billones de toneladas métricas de materiales hacia la atmósfera.
El asteroide viajaba a unos 19 kilómetros por segundo y liberó una energía equivalente a 100 teratones de TNT. La explosión levantó tsunamis de más de tres kilómetros y produjo vientos cercanos a 1.000 kilómetros por hora, de modo que las zonas próximas quedaron arrasadas antes de que comenzaran los efectos planetarios.
La oscuridad dio paso a años de frío y escasez
Una parte de la roca vaporizada ascendió y terminó convertida en polvo fino, mientras otros fragmentos se condensaron en pequeñas esférulas que regresaron a través del aire a gran temperatura. Craig O’Neill, geofísico de la Universidad Tecnológica de Queensland que no participó en la investigación, explicó a New Scientist que cada unidad de energía liberada por aquellas partículas alimentó un pulso térmico sobre la superficie: “Durante unos 30 minutos, la tierra se convirtió en la mayor barbacoa de la historia”. Esa radiación habría iniciado incendios en numerosos territorios casi al mismo tiempo.
Las simulaciones indican que la capa de vapor rocoso atrapó mucho más calor del calculado en trabajos anteriores, hasta elevar las condiciones superficiales al menos 3,5 veces por encima de lo producido por las esférulas por sí mismas. Alexandria Johnson, científica atmosférica de la Universidad Purdue y coautora del estudio, señaló que los animales incapaces de refugiarse habrían quedado abrasados.
Los ejemplares pequeños podían entrar en madrigueras, grietas o zonas cubiertas, mientras muchos animales grandes tenían menos lugares donde proteger todo el cuerpo, aunque ninguna talla garantizaba sobrevivir.
El planeta que quedó después tampoco ofrecía alivio. Brandon Johnson describió un entorno casi negro, iluminado únicamente por el brillo rojizo de los incendios, porque la nube de polvo impedía el paso de la luz. Una vez apagadas las llamas, esa misma capa atmosférica habría bloqueado el calor solar durante años o décadas, frenando la fotosíntesis y destruyendo las cadenas alimentarias. Los supervivientes de las primeras horas se enfrentaron así a frío, hambre y hábitats devastados.
Los registros mundiales aún dejan dudas sobre los incendios
El trabajo mantiene abierta una limitación importante, ya que la mayor parte de los indicios geológicos de incendios procede de Norteamérica. Alfio Alessandro Chiarenza, paleontólogo del University College de Londres ajeno al estudio, advirtió que todavía falta un registro mundial de aquellas llamas: “Puede que acabemos encontrando el registro de incendios completamente globales”.
Hasta que aparezcan restos en otras regiones, la rapidez exacta de la extinción seguirá en discusión, aunque el nuevo modelo apunta a una matanza inicial capaz de alcanzar tanto a dinosaurios enormes como a especies pequeñas antes del largo invierno posterior. La supervivencia, por lo tanto, dependió menos de la corpulencia que del acceso inmediato a protección y alimento durante las fases sucesivas de la catástrofe.
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