El golpe no lo derribó de inmediato, pero sí marcó el principio del fin. Entró con fuerza por la parte frontal del fémur y dejó una señal clara en el hueso. Poco después, otro impacto alcanzó la tibia desde un ángulo distinto. Ambos proyectiles viajaban a gran velocidad y tenían punta de sílex. A partir de ahí, su cuerpo solo pudo caer. Y lo hizo en un contexto que, miles de años más tarde, seguiría generando preguntas.
El individuo conocido como Tagliente 1 vivió entre hace 17.000 y 15.500 años, en plena transición tras la última gran glaciación. Su esqueleto fue hallado en 1973 en Riparo Tagliente, al noreste de la actual Italia. Durante décadas, ese conjunto de huesos permaneció como un vestigio más del Paleolítico, sin mayores interpretaciones. Sin embargo, un nuevo estudio ha permitido identificar con claridad que fue víctima de una emboscada violenta, que pudo ser una de las primeras en producirse. Lo mataron con proyectiles líticos dirigidos con precisión y sin posibilidad de defensa.
La orientación de los impactos indica un ataque planificado desde varios ángulos
Los análisis realizados con microscopía electrónica de barrido y técnicas 3D han permitido identificar cinco marcas distintas de impacto. Cuatro de ellas presentan características compatibles con armas de proyectil, probablemente lanzadas mediante propulsor. Los investigadores detectaron diferencias en la profundidad de las heridas, lo que sugiere un rebote tras la penetración. Esa variación refuerza la hipótesis de que las puntas líticas fueron lanzadas a gran velocidad. También descartan que se tratara de simples cortes o marcas generadas por actividades posteriores.
La orientación de los impactos aporta otro dato relevante. La trayectoria del proyectil que penetró la tibia es ascendente, mientras que la del fémur apunta al frente. Esa combinación lleva a los expertos a pensar en una maniobra de ataque por sorpresa. O bien fue atacado desde varios ángulos a la vez, o bien intentó girarse cuando ya era demasiado tarde. En cualquiera de los dos escenarios, lo cierto es que la emboscada fue efectiva y precisa.
La herida más comprometida se produjo junto a la arteria femoral. Este punto ha sido confirmado en el análisis como el más letal. “Es muy, muy posible que se tratara de una muerte rápida, porque una vez perforada la arteria femoral, tienes básicamente unos pocos minutos antes de que sea demasiado tarde”, dijo a Live Science el científico Vitale Sparacello, uno de los autores del trabajo publicado en Scientific Reports.
En ese mismo sentido, los investigadores destacan que “no se observan rastros de cicatrización; un PIM (Projectile Impact Mark o marca de impacto de proyectil sobre el hueso) se encuentra cerca de la arteria femoral, lo que puede causar una muerte rápida si se perfora. Por lo tanto, la evidencia morfométrica sugiere firmemente que Tagliente 1 fue impactado por al menos dos proyectiles”.
El análisis morfológico descartó cualquier otro origen para las heridas
Además de aclarar las causas de la muerte, el estudio también ayuda a entender mejor cómo eran las relaciones humanas en aquella época. Aunque existen registros previos de violencia en el Paleolítico, este caso aporta una prueba directa de conflicto entre grupos.
Los investigadores destacan que “el esqueleto de Tagliente 1 representa una de las evidencias datadas directamente más tempranas de PIM en el registro bioarqueológico humano, lo que sugiere la posibilidad de un conflicto intergrupal entre cazadores-recolectores del Pleistoceno Tardío”.
Otra parte clave del análisis fue diferenciar estas heridas de posibles daños provocados por animales o procesos de manipulación. Sobre esto, los expertos explican que “las características morfométricas de las incisiones (como su profundidad, el perfil en ‘U’ o bajo índice RTF, retrotorsión femoral) las distinguen claramente de marcas de corte por procesado animal”.
El resultado de esta investigación permite reescribir un capítulo olvidado de la historia humana. No fue un accidente ni un hecho aislado. Fue una acción coordinada que terminó con la vida de un cazador-recolector en plena Edad de Piedra, y cuyos rastros permanecieron grabados en sus huesos durante más de quince milenios.