El templo de Mitra situado más al norte en Escocia revela dos altares y cambia lo que se sabía sobre Roma en Caledonia

Un imperio que levanta murallas también aprende a cruzarlas cuando quiere asegurar su dominio. Roma no se detuvo en el Muro de Adriano, levantado en el norte de la actual Inglaterra, sino que volvió a avanzar hacia el territorio que hoy forma parte de Escocia. A mediados del siglo II, el emperador Antonino Pío ordenó una nueva campaña militar para ocupar el sur escocés y fijar allí una línea defensiva más al norte. Aquella ofensiva implicó enfrentamientos con pueblos locales y la construcción del llamado Muro Antonino.

Aquella campaña no fue solo un movimiento militar, sino una decisión política que obligó a levantar nuevas líneas defensivas y a instalar guarniciones en territorios difíciles. El avance abrió un escenario donde soldados y mandos trasladaron sus costumbres y sus ritos a una franja que hasta entonces se veía como un límite. Ese empuje militar dejó restos materiales que hoy permiten medir hasta dónde llegó realmente esa expansión.

El museo escocés presentará dos piezas únicas halladas en un antiguo campamento costero

El National Museum of Scotland exhibirá en 2026 dos altares de piedra procedentes del fuerte romano de Inveresk, en East Lothian, dentro de la muestra Roman Scotland: Life on the Edge of Empire, que se abrirá el 14 de noviembre de 2026 y permanecerá hasta el 28 de abril de 2027.

Las piezas formaron parte del santuario dedicado a Mitra situado más al norte de todo el Imperio romano y constituyen los únicos ejemplares de este tipo hallados en territorio escocés. Su incorporación a la colección nacional coloca el foco en la presencia romana al norte de Britania y aporta pruebas de la vida religiosa en esa frontera.

La datación sitúa los altares en la década de los años 40 del siglo II, en el momento en que el sur de Escocia fue reocupado bajo el mandato de Antonino Pío. Las inscripciones indican que fueron consagrados por un centurión legionario cuyo nombre aparece abreviado como G CAS FLA, probablemente identificable con Gayo Casio Flaviano, que ejercía el mando de la guarnición del fuerte en ese momento. La cronología adelanta varias décadas la presencia documentada del culto mitraico en Britania, que hasta ahora se asociaba sobre todo al siglo III, y demuestra que ya estaba asentado en el ejército a mediados del siglo II.

Los pedestales recrean el culto a Mitra y a las divinidades solares dentro de un santuario subterráneo

Uno de los altares muestra el rostro del dios Sol con corona radiante y fue concebido para recibir iluminación por la parte posterior, de manera que en la penumbra del santuario subterráneo los ojos, la boca y los rayos parecieran emitir luz. La misma pieza incluye relieves de las cuatro estaciones representadas como figuras femeninas, una alusión al paso del tiempo dentro de la simbología mitraica.

El segundo altar honra a Mitra y presenta ornamentos vinculados a Apolo, como un grifo, una lira y un electro, junto a dos cuervos que aparecen con frecuencia en este repertorio iconográfico. Ese conjunto muestra cómo la devoción integraba imágenes relacionadas con la luz y con la victoria del bien sobre el mal.

Los altares aparecieron fragmentados tras siglos bajo tierra y su reconstrucción exigió un trabajo minucioso para devolverles estabilidad estructural antes de su presentación pública. Durante ese proceso, los conservadores detectaron restos de pigmento adheridos a la superficie tallada, prueba de que en origen estuvieron pintados con colores vivos.

El doctor Fraser Hunter, conservador principal de Prehistoria y Arqueología Romana en National Museums Scotland, explicó que “estos impresionantes altares dan vida a las creencias de la frontera romana”. En esa misma intervención añadió que “la calidad de la talla, los restos de pintura y los efectos de iluminación muestran que eran monumentos costosos”, y recordó que el culto ofrecía a los soldados la idea de que el bien vencía al mal y que existía una vida tras la muerte.

Las excavaciones desmontaron la idea de que Roma se detuvo en el Muro de Adriano

El hallazgo confirma que el templo de Mitra de Inveresk era el más septentrional conocido en todo el Imperio y que su existencia desborda la imagen tradicional de una Roma detenida en el Muro de Adriano. La presencia de estos altares en Escocia demuestra que las creencias y los rituales del ejército viajaron con las tropas incluso a enclaves lejanos y de control complicado. Esa constatación obliga a revisar la idea de una frontera rígida y cerrada en el norte de Britania.

La exposición Roman Scotland: Life on the Edge of Empire reunirá por primera vez los materiales recuperados en Inveresk y explicará cómo funcionaba este enclave costero dentro del dispositivo defensivo romano. En ese contexto se mostrarán al público los dos altares de piedra hallados en el fuerte cercano a Edimburgo, que han pasado a formar parte de la colección nacional precisamente con vistas a esa muestra. La iniciativa cuenta con el apoyo del Roman Scotland Exhibition Supporters Circle.

El recorrido abordará, además, la idea extendida de que los romanos nunca superaron el Muro de Adriano, una percepción que la evidencia arqueológica contradice. En tres ocasiones el Imperio avanzó más al norte, penetró en el cinturón central de Escocia y llegó hasta el nordeste del territorio.

El Muro Antonino se levantó entre el fiordo de Forth y el de Clyde y actuó durante dos décadas como nuevo límite administrativo y militar, acompañado de fuertes en las costas oriental y occidental. Inveresk fue uno de esos enclaves y creció hasta convertirse en un centro con población numerosa, y las excavaciones recientes han cambiado la comprensión académica del lugar al mostrar su papel en la organización de la Escocia romana.