Dario Amodei, el “evangelista de la seguridad” que lleva 10 años estudiando el apocalipsis de la IA
Dario Amodei ha sido hasta ahora un gran desconocido para el gran público. Figuras como Sam Altman o Elon Musk han acaparado mucha más atención en las conversaciones sobre la inteligencia artificial. Amodei, sin embargo, podría ser el personaje más citado en este campo de la próxima década. Sobre todo, si el debate sobre la IA pasa a girar en torno a la posibilidad de que esta ataque a la humanidad, como ha ocurrido en la última semana.
Amodei (San Francisco, 1983) lleva una década documentando en estudios académicos y ensayos todos los escenarios en los que eso podría ocurrir. Fue en 2016, siete años antes de la salida a la luz de ChatGPT, cuando publicó su primer gran estudio al respecto. Entonces, junto a otros cinco investigadores, alertó sobre los “comportamientos dañinos y no intencionados que surgen de un mal diseño de los sistemas” de aprendizaje automático, la tecnología entonces emergente que terminaría ayudando a desarrollar la IA generativa actual.
A la humanidad se le está a punto de entregar un poder casi inimaginable, y no está nada claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos poseen la madurez para empuñarlo
Pero lo que entonces eran problemas relativamente concretos se convertiría en una preocupación mucho más amplia durante la década siguiente. Amodei fue ampliando el foco desde los riesgos técnicos a los escenarios apocalípticos. “A la humanidad se le está a punto de entregar un poder casi inimaginable, y no está nada claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos poseen la madurez para empuñarlo”, ha manifestado.
Sus escritos están trufados de expresiones así: “La combinación de inteligencia, agencia, coherencia y escasa controlabilidad es plausible y representa una receta para el peligro existencial”. “Su tendencia a maximizar el poder los llevará a tomar el control de todo el mundo y sus recursos y, probablemente, como efecto secundario, a despojar de poder o destruir a la humanidad”, decía en el mismo ensayo, publicado en enero de 2026 y en el que ya anticipaba los riesgos de los agentes de IA.
“Pienso y hablo mucho sobre los riesgos de la IA avanzada”, reconocía en otro de sus ensayos sobre la cuestión, publicado en 2024. “Por ello, a veces se llega a la conclusión de que soy un pesimista o un catastrofista que cree que la IA será mayoritariamente mala o peligrosa. No lo creo en absoluto”, expone: “De hecho, una de las principales razones por las que me centro en los riesgos es que son lo único que nos separa de lo que considero un futuro fundamentalmente positivo. Creo que la mayoría de la gente subestima el potencial radical de la IA, así como también subestima la gravedad de sus riesgos”.
Una de las principales razones por las que me centro en los riesgos es que son lo único que nos separa de lo que considero un futuro fundamentalmente positivo
A este tipo de perfiles, el sector tecnológico los denomina “evangelistas de la seguridad”. Ese es el término que utilizó para él, por ejemplo, el Financial Times, cuando detalló cómo su empresa, Anthropic, estaba sobrepasando a la líder del mercado, OpenAI. La diferencia es que esos evangelizadores suelen centrarse en la necesidad de establecer contraseñas fuertes o de formar a los empleados en los riesgos digitales. Amodei habla de que la IA suponga un peligro existencial para la sociedad. Y lo hace desde una posición única.
“Los fundadores suelen ser expertos en tecnología, en desarrollo de productos o en ventas. Dario es uno de los pocos directores ejecutivos que he conocido que domina las tres áreas”, explicó al citado medio económico Divesh Makan, fundador de Iconiq Capital, que lideró una de las últimas rondas de financiación de Anthropic, hoy valorada en 2 billones de dólares (aproximadamente 1,75 billones de euros).
El científico CEO
El de Anthropic es, junto a Demis Hassabis (responsable de Google DeepMind), el único CEO de las grandes tecnológicas que ha trabajado como científico e investigador en la concepción de la IA actual. Una trayectoria muy diferente a la de Altman, especialista en la negociación de tratos con inversores y capital riesgo, o Elon Musk, cuyo perfil hace mucho que pasó a la dirección. Amodei, en cambio, llegó a la cima de una de las empresas más valiosas de la nueva industria de la IA después de pasar años haciendo investigación científica y dirigiendo algunos de los laboratorios que han marcado su desarrollo.
Licenciado en física y doctorado en biofísica, su primer trabajo en el sector fue en Baidu, el principal buscador de China, en 2015, donde participó en el desarrollo de Deep Speech 2, uno de los primeros sistemas de reconocimiento de voz entre el inglés y el mandarín. Después saltó a Google Brain (el laboratorio de IA avanzada de la multinacional que posteriormente se fusionó con DeepMind para crear Google DeepMind) y más tarde, a OpenAI, a la que llegó avalado por aquel primer estudio sobre la seguridad del aprendizaje automático.
“Dario fue uno de los autores principales de Deep Speech 2, un sistema de voz que logró un rendimiento casi humano en muchas tareas de habla. También es coautor de Problemas concretos en la seguridad de la IA, que pone de relieve cuestiones relacionadas con los accidentes en los sistemas de aprendizaje automático”, le presentó entonces OpenAI. Llegaría muy alto en la compañía.
Mientras seguía publicando estudios científicos sobre la seguridad de la IA, llegó a ser vicepresidente de investigación y codirigió el desarrollo de GPT-2 y GPT-3, los grandes modelos de lenguaje de OpenAI que más tarde se convertirían en el motor de ChatGPT. Pero entonces decidió que su vocación por la seguridad era incompatible con la organización dirigida por Altman. “Dario siempre ha compartido nuestro objetivo de una IA responsable. Él y un grupo de colegas de OpenAI están planeando un nuevo proyecto que, según nos comentan, probablemente se centrará menos en el desarrollo de productos y más en la investigación”, comunicó entonces Altman.
“Esperamos mantener una relación de colaboración con ellos durante muchos años”, continuaba. No serían muchos años, ya que el proyecto de Amodei tomaría forma en Anthropic, la empresa que ha arrebatado el liderazgo a OpenAI.
Un laboratorio por la seguridad convertido en cuna de polémicas
En 2021, Dario funda Anthropic junto a una persona clave para entender el desarrollo de la empresa: su hermana Daniela Amodei. Mientras que Dario se encarga de la investigación científica y la dirección estratégica de la compañía, Daniela se encarga de convertir su laboratorio en una organización empresarial. Y lo ha hecho con un enorme éxito, puesto que una de las claves del auge de Anthropic son sus cuentas. Mientras OpenAI sigue dilapidando miles de millones cada ejercicio, la compañía de los Amodei ha conseguido beneficios en los dos últimos trimestres.
El leitmotiv que los hermanos crearon para su empresa es la seguridad en el desarrollo de la IA. “Realmente queríamos la oportunidad de reunir a ese grupo para hacer esta apuesta de investigación enfocada en construir sistemas de IA dirigibles, interpretables y confiables, con los humanos en el centro de ellos”, expresaba Daniela en una entrevista en 2022.
Toda esta es la lista de motivos que llevaron a Altman, Musk o Hassabis a decir “Dario tiene razón” cuando el CEO de Anthropic presentó su plan para “ralentizar” la IA.
Sin embargo, la realidad se ha empeñado en enturbiar ese discurso. La empresa del “evangelista de la seguridad” es una de las que más escándalos acumula en los dos últimos años. A finales de 2025, Anthropic reconoció que su IA Claude fue utilizada por un grupo chino para intentar infiltrarse en unos 30 objetivos de todo el mundo. Recientemente, ha afirmado que ha detectado que otros actores vinculados a Irán y otros países desarrollaron herramientas de vigilancia, armas y otras operaciones digitales gracias a sus herramientas.
En Anthropic comprenden lo que está en juego, pero están atrapados en una carrera por llegar primero: creen que nadie más actuará de manera responsable, por lo que deben hacerlo ellos mismos, a pesar del riesgo
El pasado julio Anthropic dio a conocer que sus agentes de IA en pruebas habían escapado de un entorno controlado y circulado sin control por Internet antes de que pudiera desconectados. Y este viernes, un equipo de investigadores de ciberseguridad ha hecho público que se valió de Claude para explotar una brecha de seguridad en OpenAI, lo que les condujo hasta algunos de sus algoritmos secretos.
El ingeniero Jacob Coxon, el responsable de la gran polémica de los últimos días acerca del peligro existencial de la IA, ha denunciado que no hay grandes diferencias entre Anthropic y OpenAI. “En Anthropic comprenden lo que está en juego, pero están atrapados en una carrera por llegar primero: creen que nadie más actuará de manera responsable, por lo que deben hacerlo ellos mismos, a pesar del riesgo”, ha explicado: “Ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable. Están corriendo directamente hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y apostando nuestras vidas en esa carrera”.
Dario Amodei ha defendido la necesidad de regular la IA e intentado evitar que sus herramientas se usen para programar armas autónomas o la vigilancia masiva. Mantuvo esa postura incluso ante los embates de Donald Trump, que le tachó de “loco izquierdista”. Durante una década, Amodei ha documentado cómo puede salir mal la IA. Ahora su empresa está en el centro de los episodios que él mismo describía como riesgo.