Los tecnoligarcas reaccionan con bulos e insultos a la propuesta de regulación de Sánchez
“Ladran, Sancho, luego cabalgamos”, expresaba este miércoles por la noche el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En apenas 24 horas, su propuesta de regulación para el entorno digital, ha recibido dos fulminantes ataques. Uno proviene de Elon Musk, conocido entre otras muchas cosas por sus conflictos personales con gobiernos progresistas de todo el mundo. El autor del otro es Pável Dúrov, una figura de la revolución digital controvertida tras mentir durante una década sobre su supuesto exilio de Rusia y que ha protagonizado un acercamiento a figuras de la extrema derecha como el propio Musk.
El paquete regulatorio anunciado por Sánchez interpela directamente a este tipo de figuras. El presidente lo anunció en la Cumbre Mundial de Gobiernos en Dubái, en inglés y ante un auditorio lleno de figuras internacionales. Incluye cinco medidas, centradas en hacer posible que los dirigentes de las plataformas sean corresponsables penalmente de los daños que estas ocasionen, así como en proteger a los menores de los efectos nocivos de las redes sociales, documentados por una amplia evidencia científica.
No es casualidad que las reacciones más extremas ante estas medidas hayan llegado de Musk y Dúrov. Ambos están en el centro de un esfuerzo por parte de la justicia francesa de llevarlos a los tribunales por, presuntamente, consentir que sus plataformas se usen para violar la ley e incluso impulsar un diseño que lo fomenta.
El empresario de origen ruso fue detenido en París en agosto de 2024 y actualmente se encuentra en libertad vigilada. Está acusado de ser cómplice de delitos de crimen organizado, distribución de pornografía infantil y tráfico de estupefacientes, derivados de haber desoído las solicitudes de información de los tribunales galos durante años. Telegram, de hecho, se jactaba de no colaborar con la justicia excepto en casos absolutamente excepcionales.
Esta política convirtió a la app de mensajería en una versión pública de la dark net, la plataforma de uso masivo donde es más sencillo distribuir material ilegal o ponerse en contacto con delincuentes. Tras su detención, Dúrov reconoció esta situación y se comprometió a aumentar el nivel de seguridad.
Elon Musk, por su parte, ha sido citado a declarar esta semana también por la justicia francesa. Los magistrados quieren interrogarlo sobre la manipulación de los algoritmos de su red social X para aumentar la visibilidad de determinados discursos y amplificar mensajes de odio, motivo por el cual ordenaron a la Policía registrar la sede de X en París en busca de pruebas.
El tribunal también investiga su responsabilidad en el último escándalo protagonizado por su inteligencia artificial en la plataforma: durante 11 días, Musk permitió que los usuarios generaran imágenes sexualizadas de mujeres y menores de edad sin consentimiento. Los primeros análisis apuntan a que la avalancha de violencia digital llegó a las 3 millones de imágenes de mujeres y las 23.000 de menores. En un primer momento, el magnate reaccionó publicando una foto en bikini de sí mismo generada por su IA. La presión internacional, con múltiples países llevan el caso a la justicia, le hizo retirar esta funcionalidad.
Arranca la campaña de desinformación
Los dos magnates utilizaron las plataformas de su propiedad para atacar personalmente a Sánchez. En el caso de Dúrov, no obstante, llegó de una manera inédita, ya que el empresario ruso utilizó una notificación interna del sistema para hacer llegar un mensaje personal a millones de usuarios que no están suscritos a su canal personal.
Se trataba de una arenga política que animaba a los españoles a “luchar por sus derechos” y frenar una regulación que, asegura, convertirá a España en “un Estado de vigilancia”. Para justificarlo, Dúrov difunde una serie de bulos como que el Gobierno la prohibición de uso de las redes sociales para los menores de 16 años “requiere que las plataformas usen controles estrictos, como exigir DNI o biometría”.
“Establece un precedente para rastrear la identidad de cada usuario, erosionando el anonimato y abriendo puertas a la recopilación masiva de datos. Lo que empieza con los menores podría extenderse a todos, sofocando el debate abierto”, asegura. La realidad es que España participa en un proyecto piloto europeo que está desarrollando apps para verificar la edad online cuya principal prioridad es impedir que las empresas privadas manejen datos biométricos o documentación oficial de los usuarios.
Esta iniciativa deriva de una nueva regulación aprobada por el Parlamento Europeo para facilitar que los ciudadanos puedan compartir datos personales con servicios digitales de todo el continente y que va más allá de la verificación de edad. Se pretende evitar prácticas como, por ejemplo, tener que enviar copias del carnet de conducir por plataformas de mensajería al alquilar un coche en el extranjero, consideradas peligrosas por los reguladores de privacidad.
Con las apps que se están desarrollando, el objetivo es que esos servicios puedan conectarse con una plataforma oficial que les confirme simplemente que el usuario es quien dice ser y que tiene un permiso de conducir en vigor. De esta forma, no se compartiría información innecesaria para el proceso, como su lugar de su residencia.
En el caso de los menores, que el piloto europeo aspira a que sea uno de los primeros usos prácticos, la estrategia sería la misma: las aplicaciones de identidad verificarían que la persona que intenta registrarse en la red social tiene más de 16 años con un código de positivo/negativo. Pero no compartirían ni su edad real ni otros datos que no fueran necesarios en el proceso.
España, la siguiente
En el caso de Elon Musk, su estrategia de ataque ha seguido el patrón que el multimillonario suele seguir en todos sus conflictos con gobiernos progresistas. Primero insultó directamente a Sánchez, llamándole “traidor” o “tirano”, para después impulsar desde su cuenta (una de las que más visibilidad tiene de toda la plataforma tras su adquisición en 2022) los bulos distribuidos por Dúrov.
Es una estrategia que ya se ha visto en Reino Unido, Brasil o Australia, donde Musk ha insultado a presidentes, jueces y, en general, cualquier representante público que criticara sus intentos de injerencia o su ambición de ignorar resoluciones judiciales sobre sus plataformas. En el caso brasileño, el empresario calificó de “dictador” al magistrado del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, tras la orden de este de bloquear cuentas vinculadas a la desinformación electoral, lo que derivó en el cierre de las oficinas de X en el país y la suspensión temporal de la plataforma. Finalmente, Musk acató las multas y los requerimientos judiciales para permitir que su red social volviera a operar en Brasil.
En el Reino Unido, durante los disturbios de 2024, Musk afirmó que “una guerra civil era inevitable”, difundió bulos racistas y cuestionó la imparcialidad del sistema de justicia del primer ministro Keir Starmer.
El magnate tampoco ha tenido reparos en utilizar su inteligencia artificial para coaccionar a gobiernos para que se plieguen a sus intereses. El caso mejor documentado es el de Sudáfrica, donde Musk utilizó a su IA para difundir una narrativa sobre un supuesto “genocidio blanco” en el país, un discurso que posteriormente fue amplificado por Donald Trump y otras figuras políticas Estados Unidos.
La maniobra buscaba saltarse las leyes sudafricanas que exigen conceder una participación económica en las empresas extranjeras que operan en el país a grupos históricamente desfavorecidos. Musk quería establecerse con Starlink, una empresa estadounidense, en Sudáfrica, pero no quería aceptar esa regulación dado que él nació en el país. La presión sobre el Ejecutivo sudafricano finalmente surtió efecto, logrando luz verde para Starlink sin cumplir con los requisitos de propiedad local.