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El elefante en la habitación

El Consenso Europeo de Desarrollo aprobado en 2017 fue ampliamente cuestionado en lo relativo al tratamiento que da de la migración registrando el rechazo de una parte del sector al considerar que prima el enfoque de seguridad respecto al de desarrollo y derechos

Es necesario y urgente ampliar el debate desde el desarrollo, desde el impacto que las migraciones tienen en los países socios en materia de cooperación internacional: Eludir este debate será ignorar el elefante que tenemos en la habitación

Un grupo de inmigrantes rescatados por el Aquarius desembarca en Valencia

Kenny Karpov

La expresión "el elefante en la habitación" (elephant in the room) hace referencia a esa cuestión obvia cuyo debate se evita por resultar incómoda.

La cuestión migración y desarrollo es un elefante en la habitación de la cooperación para el desarrollo que el nuevo gobierno deberá hacer visible.

La cooperación internacional para el desarrollo es una de las políticas que el gobierno de coalición se comprometió a recuperar y reformar y deberá hacerlo tomando en consideración los desafíos globales y hacerlo además asumiendo el cambio de paradigma que implica la agenda 2030 con la coherencia de políticas para el desarrollo sostenible como marco de referencia. Todo ello para no dejar a nadie atrás.

El debate migración y desarrollo sobrevuela el sector desde hace tiempo y nunca exento de polémica. Así por ejemplo, en los tiempos más recientes el Consenso Europeo de Desarrollo aprobado en 2017 fue ampliamente cuestionado en lo relativo al tratamiento que da de la migración registrando el rechazo de una importante parte del sector de la cooperación internacional al considerar que prima el enfoque de seguridad respecto al de desarrollo y derechos.

Del mismo modo las críticas a proyectos de cooperación relacionados con el control y gestión de fronteras o a proyectos de retorno voluntario o de formación dirigidos a contener las migraciones de jóvenes.

También en el debate del V Plan Director de la Cooperación Española el tratamiento de la migración fue objeto de fuertes críticas para finalmente dejarse como una referencia de escasa concreción.

El debate público en torno a las migraciones se suele abordar desde dos aproximaciones que con frecuencia terminan enfrentándose como si fueran incompatibles, como si hubiera que elegir entre una y otra.

Por un lado desde las políticas de interior del país de destino, focalizando en el control de fronteras, en la gestión de las llegadas, en los convenios con los países de origen, en los programas de atención e integración de las personas migrantes, entre otros.

Por otro lado, desde el ámbito del desarrollo se divide en trabajo entre las acciones en los países de tránsito y origen y el que se realiza en el país de acogida mediante campañas de sensibilización sobre los derechos de las personas migrantes, contra el racismo y la xenofobia.

En ambos casos, es frecuente que el debate sobre las migraciones tenga lugar desde la perspectiva del país donante, desde el impacto de las migraciones para los países donantes incluso cuando se pone el foco en las personas migrantes.

Según la Organización Internacional de Migraciones se estima que en el mundo hay casi 280 migrantes internacionales registrándose la mayoría en y entre países en desarrollo. Así por ejemplo, 4 de cada 5 personas migrantes de origen africano se desplazan dentro del continente, solo 1 migra a Europa.

O las caravanas o flujos de migrantes en Centroamérica de miles de personas que buscan un futuro de oportunidades y seguridad que sus países con altas cotas de violencia o desastres naturales no les ofrecen.

Así como la cuestión demográfica es una cuestión clave para el sostén del modelo de estado de bienestar de nuestra Europa envejecida, también lo es para el desarrollo y la prosperidad de los países en desarrollo; países con poblaciones jóvenes y en estos países la cuestión demográfica más relevante son mayoritariamente las migraciones. En consecuencia, el impacto que tienen las migraciones en el desarrollo de los países socios de la cooperación internacional bien en países de origen, tránsito o destino no puede ser obviado.

La sostenibilidad entendida en sus tres dimensiones económica, ambiental y social exige incorporar parámetros en estos tres niveles como cuestiones transversales de las políticas de desarrollo y en lo social ineludiblemente está lo relacionado con la demografía, incluidas las migraciones.

¿Cómo puede desarrollarse un país cuyos jóvenes sueñan con irse? ¿Es sostenible esta situación para el desarrollo de estos países?

Es necesario y urgente ampliar el debate desde el desarrollo, desde el impacto que las migraciones tienen en los países socios en materia de cooperación internacional.

Eludir este debate será ignorar el elefante que tenemos en la habitación. No hablar de las cosas no hace que éstas dejen de existir y evitar debates sosegados y contemporizados suele llevar a la postre a reacciones improvisadas, alejadas precisamente de la serenidad y alcance que exigen las cuestiones complejas.

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