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Los niños y niñas de Gaza no tienen una verdadera vuelta al cole

María Isabel González UNRWA España

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Mona camina ilusionado con su mochila a la espalda por las calles de Gaza. Es una imagen muy normal estos días de vuelta al cole en España: los niños y niñas, que vuelven a las clases después del verano, se reencuentran con sus compañeros y recuperar poco a poco sus rutinas. Pero en Gaza, la vuelta al cole no tiene nada que ver con esto.

Allí, varios factores confluyen para que este momento se haya convertido en una carrera de obstáculos, y aunque suponga un rayo de esperanza, las circunstancias están muy lejos de garantizar verdaderamente el derecho a aprender.

Los traumas, el dolor y las pérdidas atraviesan el día a día de los menores. Entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, la ofensiva israelí se cobró la vida de más de 17.200 estudiantes y 600 maestros y maestras. Además de dejar heridos a más de 25.000 alumnos y 3.000 docentes.

Mona tiene seis años. Perdió a sus padres durante la ofensiva israelí y ahora vive con su tía. Como ella, cientos de miles de niños y niñas de Gaza han vivido casi tres años de violencia, pérdidas y desplazamientos. Para ellos, volver a aprender no significa simplemente regresar a clases: significa recuperar un espacio reconfortante donde sentirse acompañados por sus maestros y maestras, tener una rutina y encontrar un respiro frente a la ansiedad y los miedos que formar parte de su día a día. Después de tanto sufrimiento volver a aprender también es la simple y valiosa oportunidad de volver a ser niños y niñas.

Por otra parte, la destrucción en la Franja es total y el sector educativo ha quedado prácticamente reducido a escombros. Entre octubre de 2023 y noviembre de 2025, el 97,5% de las escuelas han sufrido algún tipo de daño, un tercio de ellas de UNRWA, y más del 93,3% resultaron gravemente dañadas. Desde entonces, más de 450 edificios escolares, que representan más del 80% del total de edificios educativos en Gaza, han sido alcanzados directamente. Además, la mayoría de las escuelas se han convertido en refugios de emergencia para miles de familias desplazadas. En la actualidad, UNRWA cuenta con 114 escuelas refugio, donde sobreviven 65.000 personas. Esto solo permite a la Agencia habilitar pequeños espacios en algunos refugios para destinarlos al aprendizaje.

Y a todo esto hay que sumar el asedio impuesto por Israel sobre la Franja. La escasez de suministros tiene graves consecuencias sobre la educación. Es difícil encontrar materiales para reconstruir escuelas y aulas. No hay pupitres y los estudiantes están obligados a sentarse en el suelo durante las actividades de aprendizaje. Apenas cuentan con materiales escolares como mochilas, libros o libretas con los que apoyar sus rutinas y lecciones. Ningún niño o niña se merece volver a las clases bajo estas circunstancias.

Tras tanto sufrimiento, los menores de Gaza necesitan el aprendizaje para seguir adelante. No tener acceso a la educación tiene efectos negativos a corto y largo plazo. De manera inmediata, esta carencia provocará un retraso en el desarrollo de su aprendizaje y el avance normal en los cursos escolares, por lo que las consecuencias se alargarán durante años. Por ello, y a pesar del terrible contexto, las aulas temporales en la Franja son un foco de esperanza y un salvavidas para los estudiantes.

Un reto para UNRWA: el inicio del curso escolar en mitad de la crisis

UNRWA ha trabajado para que el curso escolar 2026-2027 empiece el próximo 19 de septiembre con las mejores condiciones posibles para los estudiantes. Tras finalizar el curso académico 2025-2026, los profesionales de la Agencia organizaron diferentes actividades de verano, en las que participaron más de 47.000 menores, y comenzaron a pensar en el siguiente curso.

En total, UNRWA cuenta con 686 aulas de aprendizaje temporal repartidas en los 83 refugios que mantiene operativos. Desde el alto el fuego, en octubre de 2025, los equipos de la Agencia se volcaron en volver al aprendizaje y en rehabilitar espacios seguros para el alumnado. Ante la falta de recursos y materiales, también han tenido que buscar soluciones sencillas para acondicionar estos espacios, como construir pupitres con palés. Devolver la infancia y el motivo para sonreír a miles de menores fue su motivación y su objetivo.

En estos espacios de aprendizaje temporal, más de 3.000 miembros del personal educativo de UNRWA trabajan para que los estudiantes vuelvan a aprender a leer, a escribir o hacer cuentas. La implicación de estos profesionales también es fundamental para darles un apoyo que alivie sus cargas emocionales. Miles de niños y niñas como Mona los ven como un lugar donde sentirse acompañada, pero estos espacios no solo son esperanza para los estudiantes. Sus padres, madres o familiares a su cargo encuentran un alivio a la carga del cuidado y un motivo para creer que pueden tener un futuro esperanzador. “Hoy vuelvo a ver a Mona sonreír y progresar en la escuela. Me da esperanza pensar que juntas podemos continuar este camino hacia un futuro más seguro y luminoso”, asegura emocionada su tía.

Mientras seguimos reclamando las condiciones que garanticen su derecho a una educación digna, segura y de calidad, mantener estos espacios de aprendizaje es hoy una forma de acompañarles y de ayudarles a recuperar parte de la infancia que la violencia les ha arrebatado.