Hemos estado cinco años viajando por todo el mundo con nuestras hijas pequeñas y así nos hemos organizado
Somos Gloria y Jose y los viajes son el elemento que más nos ha unido como pareja desde el primer día. Desde una escapada a Menorca que reservamos a los quince días de conocernos hasta los cinco meses en autocaravana por el norte de Europa de los que acabamos de regresar en compañía de nuestras hijas, Candela y Lola.
Siempre habíamos viajado aprovechando vacaciones y puentes; solo en un par de ocasiones habíamos logrado hacer viajes de más de dos meses. Durante el embarazo de nuestra hija mayor, nos dimos cuenta de que surgía la oportunidad de poder hacerlo a tiempo completo y llevamos cinco años de un lado para otro.
Esta es nuestra historia: los países que hemos visitado, cómo nos organizamos y educamos a las niñas, qué hemos aprendido por el camino y —lo primero que nos suelen preguntar cuando volvemos a casa entre viaje y viaje— cómo financiamos esta aventura.
Cinco años, cinco continentes
Nuestra hija mayor nació en abril de 2021. Pasamos su primer verano por el norte de España en autocaravana, el mes de octubre en un apartamento en Roma y tras un par de escapadas más, nos sentimos preparados para pasar seis semanas en Marruecos cuando tenía poco más de un año.
Una bebé europea dando sus primeros pasos por las medinas llama la atención. La cogían en brazos y le daban dos besos —pensamos que en Marruecos es habitual—, sin mediar palabra con nosotros antes de regalarle alguna chuchería. Era mayo de 2022, estábamos saliendo del Covid y costaba aceptarlo sin más. Pero volvimos a casa con la idea de que viajar con nuestra hija abría un sinfín de posibilidades a la hora de relacionarse con la gente local.
El siguiente viaje fue de tres meses por México y Cuba, país al que llegamos con bastante miedo a que se pusiese mala. Cuba es sin duda el lugar en el que mejor nos han tratado gracias a ir con nuestra hija. Alquilamos un coche y lo recorrimos desde La Habana a Baracoa, alojándonos en casas de particulares y podemos decir que tiene un buen puñado de abuelas y abuelos —Oda en La Habana, Eusebio en Viñales, Jorge en Cienfuegos, etc.— repartidos por la isla.
Luego vinieron tres semanas en Egipto y cinco meses por Turquía, Grecia, Albania y Montenegro en autocaravana, con Gloria embarazada. En Turquía nos invitaron a té varias veces para conversar con nosotros mediante el traductor del móvil y casi en cada mercado en el que hacíamos la compra, nuestra hija se iba con una pieza de fruta en la mano.
Ya siendo cuatro, empezamos por irnos cinco semanas a Suiza en autocaravana. La logística se complicaba, pero nos sirvió para darnos cuenta de que viajar seguía siendo lo que nos apetecía hacer. Nada más volver nos decidimos a dar el gran salto: un viaje de nueve meses por Asia —Singapur, Malasia, Filipinas, Indonesia, Brunéi, Camboya y Tailandia— con un salto de casi dos meses a Australia que nuestra hija menor empezó con un año recién cumplido.
De ese viaje, nos encanta recordar que una de sus primeras palabras fue 'rambután', una fruta tropical con la cáscara roja muy abundante en Malasia e Indonesia. También como le fuimos enseñando a decir “hola” en el idioma de cada país y las sonrisas que le echaban cada vez que saludaba.
El último nos ha llevado cinco meses por el norte de Europa, en los que nos hemos centrado en Noruega y Dinamarca, países muy diferentes. Tienen parques infantiles increíbles, bibliotecas espectaculares llenas de recursos lúdicos, museos con salas para la infancia y parques de atracciones como Legoland.
Los hemos disfrutado mucho, pero si los comparamos con Asia o Latinoamérica sus sociedades son más individualistas y nos ha faltado esa parte social que tanto hemos disfrutado en otros lugares del mundo.
Candela, a sus cinco años, ha pisado los cinco continentes y siempre dice que su país favorito es Australia por la cantidad de animales exóticos en libertad que vio allí. Lola, con tan solo dos, ha viajado por más de quince países y, aunque no va a recordar gran cosa, pensamos que viajar desde tan pequeña ya se nota en su personalidad.
¿Cómo nos financiamos? La pregunta del millón
Gloria es profesora y se ha pedido una excedencia por cuidado de menor de tres años con cada una de ellas. Jose es autónomo y trabaja en El viaje me hizo a mí, nuestro blog de viajes. Nuestra fuente principal de ingresos es la web, pero también nos ayuda el alquiler de nuestro piso.
Por otro lado, en un viaje largo el ritmo es bajo y se gasta mucho menos dinero que si te vas unos días. También hemos combinado países que tienen un nivel de vida alto con otros más económicos.
Por ejemplo, en los nueve meses por Asia y Australia hicimos una media de unos 125 € al día, aunque lógicamente el gasto en unos países fue mucho más alto que en otros. Fueron un total de 6.425 € en vuelos; 7.204 € en alojamientos; 8.370 € en comidas y cenas; 4.357 € en actividades, museos, excursiones, buceo y planes con las niñas; 2.859 € en otros transportes y 2.592 € en pequeños gastos como cafés, cervezas, fruta para las peques, lavandería, ropa, súper, caprichos e imprevistos.
El alojamiento es lo que más encarece un viaje. Nos hemos tenido que apañar con sitios sencillos y en los países más caros hemos usado el intercambio de casas o hemos ido en la autocaravana.
Criar a tiempo completo (y conciliar sobre la marcha)
Nuestras hijas pasan el cien por cien del tiempo con nosotros. Sin el cole de por medio, la crianza y el trabajo deben convivir a todas horas y es imprescindible organizarse y buscar cierta rutina, exactamente igual que en casa.
En nuestro día a día nos levantamos sobre las 6:30 horas y tenemos dos o tres horas para trabajar en el blog y las redes sociales o hacer cualquier gestión administrativa. Cuando las niñas se despiertan sobre las 9:00 horas, empezamos realmente el día desayunando en familia.
Si toca actividad o excursión, nos preparamos y a disfrutar, pero si hace falta dedicarle más tiempo al trabajo no nos movemos hasta la hora de comer. Jose está toda la mañana con el ordenador y Gloria hace cole o se va a visitar algún sitio con las niñas.
Algunas tardes es al revés. Al regresar de la actividad del día, es Gloria la que se queda resolviendo las tareas pendientes mientras Jose se las lleva al parque, a darse un chapuzón en la playa o simplemente a dar un paseo.
El cole lo hacemos nosotros
Nuestras hijas están fuera de la edad en la que la enseñanza es obligatoria y por ahora nos hemos encargado de su educación nosotros mismos con una mezcla entre homeschooling —más centrado en el cómo— y worldschooling —donde lo importante es el dónde y de qué manera se aprende— a la que simplemente llamamos cole en ruta.
Llevamos con nosotros algunos materiales que nos proporcionan situaciones de aprendizaje, pero realmente es el viaje el que nos da todo lo que necesitamos, ya que al estar en continuo movimiento los estímulos son infinitos.
Nos apoyamos en tres ejes: el contacto con la naturaleza, las visitas turísticas —museos, bibliotecas, templos de cualquier religión, etc.— y la interacción con las personas locales, que es lo mejor para acercarte a su cultura y costumbres.
Les hemos podido explicar qué es un glaciar justo delante de uno en Noruega. En Malaca, una ciudad de Malasia, aprendieron que hay diferentes tipos de religiones después de visitar en un mismo día una iglesia católica, una mezquita, un templo budista y uno hinduista.
Candela, con cinco años, sabe leer y escribir bastante bien y no la hemos obligado: surgió de su propio interés. A partir de ahí empezamos a identificar letras en los carteles que veíamos por la calle, a hacerlas con plastilina, a escribirlas sobre la arena o a buscar palabras escondidas.
El proceso de enseñanza-aprendizaje termina siendo diferente al de cualquier peque que vaya al cole, pero pensamos que a esas edades es igualmente efectivo.
Miedos e incertidumbres
Nuestro mayor miedo ha sido que nuestras hijas se pusieran malas y la mayor sorpresa que apenas ha pasado. En estos años solo han tenido varias otitis y una caída en Bali con puntos incluidos. Sorprendentemente, los peores virus nos han pillado al volver de cada viaje, cuando hemos pasado varias semanas en las casas de las abuelas, en Ciudad Real y Mondoñedo, un pueblo de Lugo.
Las videollamadas ayudan, pero teníamos claro que volver a menudo era importante para que no perdieran el contacto con las familias. Nosotros vivimos en Málaga, por lo que probablemente hemos estado con ellas casi el mismo tiempo que si no hubiésemos estado de viaje.
La decisión más difícil fue qué hacer ante el segundo embarazo de Gloria, del que nos enteramos de camino a Turquía. En lugar de dar media vuelta, decidimos continuar el viaje hasta el sexto mes de embarazo e hicimos la primera ecografía en Turquía y la segunda en Albania.
Hay buenos hospitales y profesionales sanitarios bien preparados en casi todos los países. Lo único imprescindible es llevar un seguro de viaje con gastos médicos altos —fuera de Europa, un mínimo de un millón de euros— y que incluya la repatriación. Se encuentran desde unos 100 € al mes por persona.
Otra de las cosas que más nos ha costado gestionar es el tema del dulce. Logramos que Candela apenas lo probase hasta casi los dos años cuando un guía de Egipto le plantó un helado de chocolate en la boca sin preguntarnos. Pero en el viaje por Asia hemos tenido que ser mucho más tolerantes en ese sentido de lo que lo hubiésemos sido de no estar viajando.
Lo que se aprende viajando en familia
Viajar con nuestras hijas ha cambiado nuestra manera de hacerlo: ahora el ritmo lo marcan ellas. No pretendemos ver mil cosas en un día ni nos apetece. Es suficiente con hacer un plan diario —una actividad, un museo, un día en la playa— y muy rara vez encadenamos otro.
Y por supuesto que no todo es bonito. Las niñas echan de menos a la familia más de lo que parece y cuando llegan contratiempos o hay que pasar momentos duros —como enfermedad grave o fallecimiento de un familiar— estás lejos, sin posibilidad real de volver a casa a tiempo y sin tu red de apoyo cerca. Nos pasó estando en México y fueron unos días complicados y difíciles de gestionar.
Nuestro círculo más cercano no se sorprendió con nuestra decisión; otros conocidos nos hacían muchas preguntas, sobre todo acerca del colegio. Hoy por hoy les encanta ver que nuestras hijas son muy sociables y empiezan a hablar con cualquiera desde el primer momento. Nos dicen a menudo que se les nota todo lo que han viajado y a nosotros nos encanta.
En el último año nuestra hija mayor ha pedido varias veces ir al cole como sus primos y amigos del pueblo, por lo que hemos decidido aparcar por un tiempo la vida nómada y adaptarnos a sus necesidades. Este septiembre las niñas empiezan a ir al colegio público en Málaga, Gloria se reincorpora a su trabajo y Jose seguirá trabajando en el blog desde casa.
Estos años hemos aprendido que hay muchas formas de educar y no descartamos ninguna de ellas en un futuro. Pero después de cinco años en movimiento necesitamos probar un tiempo con un tipo de vida más usual.
Ya a punto de volver a casa nos damos cuenta de todo lo que ha significado haber pasado cinco años viajando con ellas. Un montón de experiencias vividas y de tiempo de calidad en familia que ya nunca nos podrá quitar nadie.
Tener hijas nos ha liberado y nos ha empujado a construir el proyecto de vida que queremos. Hemos logrado vivir sin prisas en un mundo donde no tener tiempo parece haberse convertido en la norma.