UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 5 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.
Volver a aprender en Gaza: la educación de UNRWA resurge entre los escombros
Más de 650.000 niños y niñas de Gaza no han tenido acceso a la educación durante más de dos cursos consecutivos debido a la brutal ofensiva israelí sobre la Franja. Los bombardeos y el desplazamiento los han mantenido fuera de las aulas y el resultado en su aprendizaje es alarmante. Se estima que la proporción de niños incapaces de leer un texto básico a la edad de 10 años ha aumentado en al menos 20 puntos porcentuales.
La violencia ha destrozado casi por completo el sistema educativo de Gaza. El 97% de las escuelas necesitan rehabilitarse o reconstruirse y un tercio de ese número son escuelas de UNRWA. La enseñanza superior también ha sido duramente golpeada: centenares de instalaciones universitarias han sido dañadas o arrasadas. Según la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, hasta el 25 de marzo, al menos 57 infraestructuras universitarias quedaron completamente destruidas.
Además, la mayor parte de los edificios escolares han sido convertidos en refugio para cientos de miles de personas, lo que ha agravado la falta de espacios adecuados y destinados al aprendizaje. Los niños y niñas ya no van a las aulas a aprender, ahora sobreviven hacinados con sus familias en ellas.
El funcionamiento del sistema también se ve afectado por la falta de profesionales. Entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, 600 maestros y maestras han sido asesinados y muchos más heridos. Los que han sobrevivido, como el resto de la población, se enfrentan al desplazamiento, a graves pérdidas, traumas y a la falta de artículos o servicios esenciales. Los maestros y maestras son una pieza fundamental de la educación y se tardará mucho tiempo hasta que puedan acudir a sus lugares de trabajo sin trabas y con garantías.
No tener acceso a la educación tiene efectos inmediatos y a largo plazo en los menores de la Franja. A corto plazo, esta carencia supone un retraso en el desarrollo de su aprendizaje y en el avance estipulado en los cursos escolares. Es probable que la oportunidad de graduarse se retrase entre dos y tres años para cientos de miles de menores y las consecuencias se arrastrarán durante mucho tiempo. Esta situación afecta de manera directa en la salud mental de los niños y niñas. La falta de rutina, de contacto con sus profesores y la ruptura con la esperanza depositada en los estudios para tener un futuro mejor, han agravado sus traumas y dificultan su sanación.
A largo plazo, se corre el riesgo de que una generación entera de niños, niñas y jóvenes se conviertan en una generación perdida, lo que los dejará en una situación de mayor vulnerabilidad, con más riesgo de pobreza y de falta de oportunidades.
Además, las restricciones de acceso a suministros a la Franja por parte de las autoridades israelíes son otra traba para la vuelta a la educación con normalidad. Los materiales escolares escasean y los menores tienen serias dificultades para acceder a recursos didácticos que les permitan continuar con su aprendizaje.
Esta terrible situación es muy dolorosa para los niños y niñas de Gaza. Para ellos, estudiar era su motivación diaria y su esperanza para tener un futuro mejor. Tras tanto sufrimiento, la educación debe ser un salvavidas para su salud mental y una garantía de futuro.
Los espacios de aprendizaje de UNRWA devuelven el derecho a aprender
Desde que comenzó el alto el fuego en Gaza, la educación de los niños y niñas está ocupando un lugar prioritario en las operaciones de UNRWA, que está realizando enormes esfuerzos para que el mayor número de menores puedan tener acceso a actividades educativas y vuelvan a aprender. A pesar de sus propias dificultades, los maestros y maestras de la Agencia están demostrando resiliencia y compromiso con los estudiantes. Además de lecciones de alfabetización, están asumiendo roles como el apoyo psicosocial.
Los desafíos no han sido un impedimento para que los equipos de UNRWA hayan rehabilitado numerosos espacios temporales para el aprendizaje. De manera presencial, casi 65.000 niños y niñas están acudiendo a 542 de estos espacios rehabilitados en 72 refugios de UNRWA, que son un lugar de paz, un oasis donde volver a tener motivaciones y sueños. Las profesoras y profesores brindan lecciones y tienen en cuenta su frágil salud mental, los apoyan y los impulsan a mejorar cada día.
Aunque este trabajo tiene un mérito incalculable en mitad de tanta devastación, aún queda mucho por hacer. Muchas instalaciones escolares están inhabilitadas o no cuentan con las comodidades necesarias y los suministros siguen siendo escasos.
Para sortear estos problemas y la imposibilidad de acudir a estos espacios para muchos menores por el desplazamiento, UNRWA está aprovechando plataformas y herramientas digitales para ofrecer actividades básicas de alfabetización y aritmética a distancia a casi 300.000 niños y niñas. Lo hace con el apoyo de 7.665 docentes y con materiales de autoaprendizaje.
El trabajo de la Agencia está siendo un rayo de esperanza para los niños y niñas de Gaza, pero se necesita mucho más apoyo. Es fundamental que se respete el derecho internacional humanitario, que se aumente la financiación en educación, que los actores internacionales defiendan el derecho a la educación de calidad en la región y que UNRWA pueda ejercer su trabajo sin trabas. El futuro de generaciones enteras en la región depende de ello. Seguir hablando de Gaza también es defender este derecho.