La casa junto a un lago cerca de Berlín donde los nazis planificaron la “Solución Final”
La casa situada en Wannsee, un suburbio de la ciudad de Berlín guarda hoy actualmente uno de los lugares más simbólicos y perturbadores de la historia del siglo XX. En apariencia, se trata de una elegante mansión a orillas del lago, construida en 1915, y concebida como una agradable parada en el camino hacia Potsdam. Sin embargo, tras sus muros se llevó a cabo una reunión clave en la maquinaria del genocidio nazi.
Fue el 20 de enero de 1942, cuando quince altos funcionarios del régimen nacionalsocialista se reunieron en esta villa para coordinar la implementación de la llamada “Solución Final”. Exactamente fueron altos cargos de las SS, del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) y de distintos ministerios del Estado alemán los participantes en una reunión que duró apenas 90 minutos, resultado de no ser improvisada ni marginal, pues representaba el consenso burocrático necesario para llevar a cabo el asesinato sistemático de los judíos europeos.
La reunión estuvo presidida por Reinhard Heydrich, segundo al mando de las SS tras Heinrich Himmler y director de la Oficina Central de Seguridad del Reich, quien convocó el encuentro con un objetivo claro, el de implicar a los ministerios clave, como Asuntos Exteriores y Justicia, cuya colaboración administrativa y legal era indispensable para el exterminio.
Durante la conferencia no se debatió si debía ejecutarse el genocidio, sino cómo hacerlo de manera eficaz y coordinada. La “Solución Final” era el nombre en clave utilizado por los nazis para referirse a la destrucción deliberada y meticulosamente planificada del judaísmo europeo, presentada eufemísticamente como la resolución del llamado “problema judío” que mencionaba el propio Adolf Hitler.
Heydrich informó a los asistentes de que aproximadamente once millones de judíos serían finalmente sometidos a esta política de exterminio. Para determinar quién debía ser considerado judío, se tomarían como base las Leyes de Núremberg, un entramado legal que demostraba hasta qué punto el genocidio se apoyaba en procedimientos administrativos y jurídicos aparentemente normales.
La casa en Wannsee donde se planificó la “Solución final”
La villa Am Großen Wannsee fue el escenario de aquella reunión, un símbolo de esa banalidad del mal: un lugar cómodo y hermoso donde se tomaron decisiones de consecuencias catastróficas, lejos de campos de concentración o frentes de guerra, organizado el asesinato masivo en un ambiente de despacho, con lenguaje técnico y burocrático.
Tras la guerra, durante décadas, este lugar no fue inmediatamente reconocido como espacio de memoria. Fue en 1965 cuando el historiador y superviviente del Holocausto, Joseph Wulf, propuso convertir la mansión en un monumento conmemorativo y centro de investigación, con una iniciativa que, sin embargo, encontraría entonces resistencia política y social en una Alemania todavía reticente a enfrentarse plenamente con su pasado.
De hecho, Wulf recibió amenazas de muerte y, desilusionado por la falta de voluntad estatal para perseguir los crímenes nazis, perdió la esperanza de ver su proyecto realizado, lo que hizo que en 1974 se suicidara sin llegar a presenciar la transformación de la villa en el espacio de memoria que había imaginado.
Y es que no fue hasta casi dos décadas después cuando se hizo realidad este proyecto. En concreto, el 20 de enero de 1992, exactamente cincuenta años después de la Conferencia de Wannsee, fue cuando se inauguró oficialmente la Casa de la Conferencia como museo y centro educativo dedicado al Holocausto, con una exposición permanente que no se limita a narrar la reunión, sino que analiza el papel de la burocracia, el lenguaje administrativo y la responsabilidad individual.
Actualmente, la Casa de Wannsee ofrece también talleres dirigidos a profesionales como policías o personal médico, invitándolos a reflexionar sobre qué hacían sus predecesores mientras el pueblo judío era exterminado, con el objetivo de mostrar cómo ciertos mecanismos administrativos y formas de obediencia siguen presentes, y cómo la memoria histórica es esencial para prevenir que atrocidades similares vuelvan a repetirse.