El mar de pinos perfecto para conectar con la naturaleza y disfrutar de la colecta de setas en Soria

Las setas son uno de los atractivos de los pinares de Navaleno en otoño.

Edu Molina

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Las escapadas al campo no tienen por qué limitarse a completar una ruta y regresar al punto de partida. En otoño, los paseos por zonas arboladas ofrecen también la posibilidad de fijarse en lo que crece a ras de suelo. Después de varios días de lluvia y con temperaturas suaves, pueden darse las condiciones idóneas para que aparezcan diferentes tipos de setas. Su presencia despierta el interés de quienes salen a buscarlas, aunque también de visitantes que prefieren observarlas sin recogerlas. La meteorología marca el desarrollo de cada temporada, por lo que una misma zona puede ofrecer resultados muy distintos de una semana a otra.

En Castilla y León, la provincia de Soria cuenta con extensiones forestales que permiten organizar excursiones de este tipo. Una de las áreas donde el arbolado domina el paisaje es la comarca de Pinares, compartida con Burgos. Allí, los caminos discurren entre pequeñas localidades y terrenos vinculados desde hace generaciones al aprovechamiento de los recursos naturales. El interés por estos espacios no se reduce a una estación concreta, ya que se pueden recorrer durante buena parte del año, aunque los meses otoñales incorporan la actividad micológica a las opciones habituales de senderismo y ciclismo.

En este territorio se encuentra Navaleno, un municipio de menos de 700 habitantes y situado a unos 1.105 metros de altitud. Su proximidad a grandes superficies arboladas ha favorecido que las actividades relacionadas con la naturaleza ocupen un lugar importante en la localidad. La búsqueda de hongos es una de sus tradiciones más conocidas, pero no la única razón para acercarse hasta allí. Quienes preparan una jornada por los alrededores también pueden conocer algunos testimonios de su pasado y los espacios dedicados a explicar la relación entre las personas y el medio natural.

Un entorno forestal que conserva parte de la historia del municipio

Una de las particularidades de Navaleno es que no hace falta alejarse demasiado del pueblo para acceder a las zonas de monte. Los pinos silvestres y negrales se suceden alrededor de las viviendas y continúan más allá de los primeros caminos. El municipio dispone de itinerarios señalizados que se pueden seguir caminando o en bicicleta, una opción para quienes buscan dedicar varias horas a estar al aire libre sin centrar toda la salida en encontrar setas. Las distintas posibilidades permiten organizar un recorrido en función del tiempo disponible y de las preferencias de cada visitante.

La extensión de estos bosques también explica su interés para quienes quieren familiarizarse con la micología. Aunque a primera vista buena parte del paisaje pueda parecer similar, las condiciones del suelo no son idénticas en todos los lugares. La sombra de los árboles y la acumulación de restos vegetales influyen en las características de cada zona, de manera que la aparición de hongos puede variar incluso entre puntos relativamente próximos. Por eso, recorrer el pinar también permite observar el terreno y conocer mejor los espacios donde pueden desarrollarse diferentes especies.

La visita puede continuar por el centro de Navaleno, donde se encuentra la iglesia de San Esteban Protomártir, uno de los edificios religiosos más representativos de la población. Otro elemento de interés son las viviendas tradicionales de piedra que recuerdan la actividad de los antiguos carreteros. Este oficio consistía en transportar mercancías mediante carros tirados por bueyes o vacas y tuvo un peso importante en la economía de la comarca. Su presencia en la arquitectura local permite conocer una parte del pasado del municipio que no está directamente relacionada con el turismo actual.

La recolección de setas, una actividad ligada a la vida local

La afición por la micología tiene especial presencia en Navaleno cuando llega la temporada de otoño. Entre las variedades que se buscan en sus montes figuran los níscalos y los boletus, apreciados por su uso culinario. No obstante, una salida al campo requiere distinguir entre los ejemplares comestibles y aquellos que pueden suponer un riesgo. Las semejanzas entre algunas especies hacen que la identificación no deba basarse únicamente en el color o en una fotografía, especialmente cuando se pretende consumir lo recogido.

Para quienes quieren aprender antes de salir con una cesta, el municipio cuenta con un Centro Micológico dedicado a dar a conocer este ámbito. El espacio ofrece atención especializada tanto a personas que empiezan como a aficionados que desean ampliar sus conocimientos. A esa labor se suman las jornadas que se celebran en la localidad, con actividades de identificación y propuestas formativas. Son oportunidades para acercarse a estos organismos desde una perspectiva diferente a la de recoger el mayor número posible de ejemplares.

La gastronomía constituye otra parte de esa relación con los productos del monte. Durante la temporada, establecimientos hosteleros de Navaleno incorporan preparaciones con setas y organizan propuestas de degustación. Así, quienes acuden para recorrer los senderos pueden completar la jornada con una experiencia vinculada a la cocina local, sin necesidad de realizar ellos mismos una recolección. La disponibilidad de estos ingredientes, en cualquier caso, depende de cómo evolucione cada campaña.

Antes de comenzar a recoger hongos hay que tener presente que la actividad está regulada. En los pinares sujetos a esta normativa es necesario obtener una autorización, comprobar las condiciones aplicables y respetar las zonas en las que puede utilizarse. Salir sin el permiso exigido puede conllevar sanciones. Además de cumplir esas reglas, conviene dejar sin tocar cualquier ejemplar cuya identificación no sea segura, ya que no todas las variedades que aparecen en el monte son aptas para el consumo.

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