A nadie le amarga un dulce por Asia: los 5 postres más reconocidos en toda la India
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, India juega en otra liga. Su historia culinaria, atravesada por la religión, las festividades y una relación directa con el azúcar, la leche y las especias, explica por qué los postres de India no son un simple final de comida, sino una parte central del ritual. Aquí el dulce es celebración, ofrenda y calle, todo al mismo tiempo.
En este recorrido por la repostería india asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el gulab jamun, el jalebi o el kheer, dulces que no se entienden fuera de su contexto cultural. India puede dividirse por lenguas, regiones o credos, pero hay algo que la mantiene unida: su manera generosa y sin complejos de entender el placer dulce.
1. Gulab jamun
Uno de los postres más populares del país. Bolitas fritas elaboradas con sólidos lácteos, empapadas en un almíbar aromatizado con cardamomo y agua de rosas. Se sirven calientes o templadas y están presentes en bodas y festividades.
2. Jalebi
Espirales fritas bañadas en almíbar, crujientes por fuera y pegajosas por dentro. Se consumen calientes y son un clásico de la comida callejera, especialmente en celebraciones y mañanas festivas.
3. Kheer
El arroz con leche indio. Se prepara con leche, arroz y azúcar, aromatizado con cardamomo y a veces frutos secos. Es uno de los postres más antiguos y aparece tanto en templos como en hogares.
4. Rasgulla
Dulce típico del este del país, especialmente de Bengala. Bolas de queso fresco cocidas en almíbar ligero, de textura esponjosa y sabor suave. Muy popular en celebraciones familiares.
5. Ladoo
Un término que engloba múltiples variedades de bolas dulces hechas con harina, legumbres o sémola, mezcladas con azúcar y ghee. Cada región tiene su versión, y todas están asociadas a festividades religiosas.
India demuestra que el postre no entiende de moderación, sino de significado. Sus dulces hablan de fiesta, de fe y de comunidad, y recuerdan que en muchas culturas lo dulce no se prueba: se comparte. A veces, entender un país empieza aceptando que aquí el azúcar también es un lenguaje.