El pequeño pueblo de Segovia que alberga una fortaleza medieval del siglo XV con una iglesia en su interior
Turégano es una emblemática villa de tradición religiosa que destaca por un impresionante conjunto histórico-artístico dominado por su peculiar fortaleza de color rosa: una iglesia inexpugnable, protegida por los muros y torres de un castillo medieval. El pueblo se ubica a 935 metros de altitud, entre los valles de los ríos Pirón y Cega, y combina un entorno de densos pinares con un rico legado monumental.
El castillo-iglesia es, sin duda, el mayor imán de miradas. Si bien se encuentra en remodelación desde 2021, las vistas desde el exterior siguen siendo un atractivo para los amantes de la historia. Para entender el dominio de la estructura sobre el valle y el pueblo, el visitante puede subir al cerro sobre el que se asienta. El llamativo color rosado de sus murallas y torres es característico de las rocas de la región y destaca sobre todo al atardecer, cuando el sol ilumina sus muros.
Al descender, el corazón de la vida social del pueblo es la Plaza de los Cien Postes —que en realidad son 104—, llamada así por sus característicos soportes de piedra y madera. Es un espacio que puede funcionar como punto de encuentro social o incluso mercado.
Otro de los imprescindibles en Turégano es la Iglesia de Santiago, la única parroquia superviviente de las cuatro que existieron en el recinto durante la Edad Media. Declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1983, el edificio actual es el resultado de diversas etapas constructivas que abarcan desde el románico del siglo XII hasta importantes reformas barrocas en el siglo XVII. La iglesia cuenta con una nave central y una nave lateral, que alberga la capilla barroca de la Soledad. En 2009, una restauración integral del templo reveló un ábside románico del siglo XIII que había permanecido oculto durante siglos.
Esta villa histórica cuenta además con una gastronomía local que, por sí sola, puede justificar la visita. Es un pueblo para saborear. Destacan especialmente el bacalao al ajo arriero y el cordero lechal asado en horno de leña, dos platos característicos que el viajero puede encontrar con facilidad si se pierde entre sus calles.
Turégano goza de una ubicación privilegiada en el corazón de Segovia, lo que facilita su acceso desde importantes núcleos urbanos. Se encuentra a solo 34 kilómetros de Segovia, a unos 30 minutos, y a unos 120 kilómetros de Madrid, en torno a una hora y 35 minutos. Además, Valladolid queda a apenas 105 kilómetros, con un trayecto de aproximadamente una hora y 15 minutos. Recibe anualmente a unos 15.000 visitantes y está consolidado como un “Pueblo Mágico”. Su buena conectividad por carretera lo convierte en un destino estratégico y accesible para quienes quieran disfrutar de una breve escapada con la mirada puesta en la historia.
El origen medieval de Turégano
Turégano es también su historia, que se puede palpar con fuerza en el trazado medieval de sus callejuelas, en sus iglesias y plazas y, sobre todo, en su imponente fortaleza. Los orígenes de este pueblo se remontan milenios atrás, con asentamientos celtibéricos y romanos en los alrededores por su privilegiada ubicación. Más adelante, entre los siglos IX y X, fue dominado por los árabes.
Pero su verdadera relevancia histórica y patrimonial corresponde a su periodo como villa episcopal. La historia documentada de este enclave comienza en 1125, cuando la reina doña Urraca de Castilla donó la localidad a Pedro de Agén, primer obispo de Segovia. Desde entonces, Turégano quedó bajo el dominio de la Iglesia.
A finales del siglo XII, el obispo Pedro de Agén comenzó las obras de la Iglesia de San Miguel sobre el antiguo castro. En el siglo XIII se realizaron algunas modificaciones a la iglesia románica, pero no fue hasta el siglo XV cuando se “encastilló”. Las obras se realizaron bajo el mandato del obispo Juan Arias Dávila y comenzaron en 1470. Esta remodelación transformó la iglesia en una peculiar fortaleza-palacio. La fortificación convirtió Turégano en un refugio estratégico de Castilla tras la guerra civil castellana.
En el siglo XVI, la fortaleza se perfeccionó con muros preparados para la defensa con armas de fuego y torres cilíndricas. A finales del siglo, el castillo sirvió como cárcel para Antonio Pérez, secretario del rey Felipe II, quien protagonizó un célebre intento de fuga frustrado por el alcalde de la villa.
La espadaña barroca que hoy remata la fachada sur del castillo se construyó a principios del siglo XVIII. Fue declarado Monumento Nacional en 1931 y, en 1994, la diócesis cedió el uso del castillo al Ayuntamiento, con una prórroga ampliada a 50 años en 2017. En 2021, el castillo se cerró al público para iniciar una ambiciosa restauración integral presupuestada en más de un millón de euros. En la actualidad, Turégano conserva su tradición rural. Cuenta con una población que ronda el millar de habitantes, cuya actividad económica se divide entre la ganadería y el turismo.