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Playas, diversidad cultural e historia en la región italiana con aguas templadas todo el año

Al retirarse las nubes de la mañana, el sol ofrece un brillo intenso a las aguas cristalinas, que rompen con mayor o menor sutileza en calas de arena blanca o en acantilados de roca tallada durante siglos de erosión. Los locales ocupan las terrazas; se bañan en sol; se zambullen en el mar; juegan a las cartas; el olor a aceite de oliva, masa horneada y marisco fresco invade las calles; el vino fresco local se sirve a la hora del aperitivo.

La escena podría pertenecer a cualquier postal del Mediterráneo, pero aquí tiene unas coordenadas precisas. La Puglia —o Apulia en italiano—, es una región del sureste de Italia que abarca el 'tacón' de la bota peninsular. Cuenta con más de 800 kilómetros de costa luminosa, salpicados de iglesias, monasterios y pueblecitos con encanto.

Lo más llamativo de la región es su repertorio costero, dividido entre el mar Adriático y el mar Jónico: ese trazado largo y de aguas turquesas y permanentemente templadas que alterna playas de arena fina, calas ocultas, cuevas, dunas, acantilados, castillos y pueblos marineros; todo al ritmo mediterráneo. Pero su litoral no lo es todo. La Puglia italiana es también interior, es piedra blanca, extensos olivares, campos bajos y una estrecha relación con la tierra.

La Puglia destaca a su vez por ser uno de los rincones mejor guardados del sur de Italia que conserva la verdadera esencia de la vida tradicional del país. Si bien cada día más viajeros descubren esta región, su pasado sigue muy vivo, muy palpable. Sus ciudades y pueblos conservan aquella vida de tardes largas, plazas donde se conversa durante horas, terrazas llenas, comidas compartidas y mercados donde mandan el aceite de oliva, las 'orecchiette', el pan, el queso y el marisco recién llegado.

Los pueblos blancos, como toda Italia, se toman muy en serio su gastronomía. La cocina, sencilla y muy territorial, condensa la historia de una región que ha sabido convertir sus ingredientes, en principio simples, en platos cuyo sabor es recompensa suficiente para cualquier viajero. Se habla de la 'cucina povera', esa filosofía que eleva el producto humilde a la categoría de arte.

A eso se suma su peso cultural e histórico. Puglia fue cruce de rutas, frontera, puerto de paso y territorio disputado durante siglos, y esa mezcla dejó huellas en castillos, iglesias, monasterios y centros históricos que dialogan con su presente y con el entorno natural que las rodea.

Siete paradas imprescindibles

Polignano a Mare

Polignano a Mare es un acogedor pueblo de casitas blancas postradas sobre acantilados y cuevas enfrentados al azul transparentísimo del mar Adriático. Cuenta con un centro histórico de callejuelas que desembocan en el Puente Borbónico de 'Lama Monachile'. Es el tipo de lugar donde el paisaje manda y la estructura urbana ha sabido adaptarse, dando como resultado una hermosa postal.

Monopoli

En Monopoli se combinan playas y casco histórico, que dan lugar a una ciudad hermosa de la costa adriática, con un casco antiguo lleno de arte e historia, además de una silueta portuaria que le da un aire vivo, cotidiano y muy mediterráneo. Aquí el encanto está en caminar sin prisa, entre piedra clara, mar y ritmo local.

Alberobello

Una de las imágenes que mejor describe Puglia es esta: Los 'trulli' de Alberobello. La UNESCO reconoció sus viviendas de piedra caliza construidas sin mortero por la antigüedad de la técnica y su vigencia en la región. Sus techos de conos, sus paredes blancas y su atmósfera de pueblo fantástico lo hacen el lugar perfecto para sentir el estilo de vida lento de la región italiana de la Puglia.

Porto Selvaggio

En el parque natural de Porto Selvaggio, el litoral se vuelve abrupto. Aquí no hay playas llanas, sino formaciones rocosas perfectas para lanzarse al agua cristalina. El entorno de pinos, piedra y mar profundo crea el escenario ideal para quienes buscan su dosis de adrenalina y naturaleza.

Bahía dei Turchi

Arena fina, mar poco profundo y una calma que la convierte en un refugio idóneo para nadar sin apuros: la Bahía dei Turchi es uno de esos lugares en los que la vida pasa a otra velocidad. Para llegar a ella, hay que caminar por un sendero entre vegetación endémica mediterránea, que añade a la visita un pequeño ritual como antesala a la llegada al mar.

Lecce

Para muchos, Lecce es el corazón de la región. Su centro histórico es de estilo barroco, cuenta con monumentos de época romana y edificios del siglo XVII construidos en piedra de la zona, de ese color cálido que tanto caracteriza al sur de Italia. Es una ciudad para observar sus fachadas, sentir sus plazas y entender por qué la llaman la 'Florencia del Sur'.

Castel del Monte

Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, Castel del Monte es una fortaleza medieval que data del siglo XIII famosa por su forma octagonal y su aura medieval, que representa la cara monumental de Puglia. Es uno de los símbolos de la región y un recordatorio de que esta parte de la península itálica tiene mucho más que sus hermosas playas y acantilados para ofrecer.

Recorrer la Puglia es, en última instancia, reconciliarse con un ritmo que el turismo moderno parece haber olvidado. En este 'tacón de la bota', donde la piedra caliza se funde entre dos mares, la belleza no es un espectáculo montado para el turista, sino una herencia cultural conservada durante siglos.