El volcán urbano de Catalunya que se puede subir a pie desde el centro de una ciudad
Pocas ciudades europeas pueden presumir de tener un volcán en pleno núcleo urbano. Lo habitual es asociar estos paisajes a parques naturales remotos, islas volcánicas o grandes cadenas montañosas alejadas de los centros de población. Sin embargo, en el corazón de la comarca de la Garrotxa existe una excepción sorprendente. Desde cualquier punto de la ciudad puede verse una colina perfectamente cónica que domina el paisaje y recuerda constantemente el origen volcánico del territorio. Lo más curioso es que no hace falta coger un coche ni recorrer largas rutas de montaña para alcanzarla. Basta con caminar unos minutos desde el centro histórico de Olot para subir a uno de los volcanes más singulares de Catalunya.
El volcán Montsacopa, un cono volcánico en medio de la ciudad
Olot es conocida por ser la capital de la zona volcánica más importante de la Península Ibérica. En su entorno se conservan más de cuarenta conos volcánicos y numerosas coladas de lava que han modelado el paisaje durante miles de años. Sin embargo, ninguno resulta tan llamativo como el volcán Montsacopa. Situado prácticamente dentro de la ciudad, este cono volcánico constituye uno de los grandes símbolos de Olot. Su silueta domina el casco urbano y se ha convertido en una referencia visual para vecinos y visitantes. A diferencia de otros volcanes de la comarca, rodeados de bosques o zonas rurales, el Montsacopa aparece integrado directamente en el tejido urbano.
Según cuenta Turismo de Olot, “tiene la morfología típica de un volcán, con un cono de escorias y un cráter circular en lo alto, desde donde disfrutará de las mejores panorámicas a 360º sobre Olot y comarca”. Esa descripción explica por qué se trata de uno de los lugares más visitados de la ciudad. La subida permite observar de cerca algunos de los materiales expulsados durante las antiguas erupciones. Cenizas, lapillis, escorias y bloques volcánicos aparecen distribuidos por distintos puntos del recorrido, convirtiendo el paseo en una auténtica lección de geología al aire libre.
Uno de los volcanes de Catalunya más fáciles de visitar
La accesibilidad constituye una de las grandes ventajas del volcán Montsacopa. Mientras que muchos espacios volcánicos requieren desplazamientos largos o rutas exigentes, aquí el visitante puede iniciar el recorrido prácticamente desde el centro urbano. La ruta propuesta por Turismo de Olot parte de la oficina de turismo y permite alcanzar la cima en un paseo relativamente corto. El recorrido completo ronda los 1,45 kilómetros y supera apenas unos 100 metros de desnivel, lo que lo convierte en una actividad apta para la mayoría de los visitantes.
Durante la ascensión aparecen varios elementos históricos que enriquecen la experiencia. En la parte superior se conservan dos torres defensivas y un fuerte construido durante las guerras carlistas. También destaca la iglesia de Sant Francesc, situada dentro del recinto fortificado y convertida en uno de los puntos más característicos de la cima. La combinación entre patrimonio histórico y paisaje volcánico convierte al Montsacopa en una propuesta muy diferente a la de otros volcanes de Catalunya. Aquí no solo se observa geología, sino también siglos de historia vinculada a la defensa de la ciudad.
Desde la parte superior se obtiene una de las mejores panorámicas de la comarca. El visitante puede contemplar Olot a sus pies y reconocer muchos de los conos volcánicos que forman parte del paisaje de la Garrotxa, una de las regiones geológicamente más singulares de Europa occidental.
La singularidad del volcán Montsacopa radica precisamente en esa convivencia entre naturaleza y ciudad. Mientras otros conos volcánicos permanecen aislados en entornos rurales, este se ha convertido en parte inseparable de la identidad urbana de Olot. Su perfil aparece en fotografías, postales y panorámicas de la ciudad porque representa mejor que ningún otro elemento la relación entre la población y el paisaje volcánico que la rodea.
Por eso el Montsacopa sigue siendo uno de los grandes emblemas de la Garrotxa y una parada imprescindible para cualquier persona interesada en el turismo volcánico. Pocas veces resulta tan sencillo pasar del centro de una ciudad al borde de un cráter volcánico perfectamente conservado. Y probablemente esa sea una de las razones por las que continúa sorprendiendo a quienes lo descubren por primera vez.
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