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Usted tiene cara de culpable

Usted puede ser el culpable, nos están diciendo a diario: culpables de la crisis, por vivir por encima de nuestras posibilidades; culpables por creernos las patrañas de los programas electorales e inocentes ellos aunque pongan el engaño de su parte

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El director de la DGT pide perdón por seguir la nevada en Sevilla donde funciona internet

El director de la DGT EFE

Envidio, qué quieren que les diga, esos países en donde los ministros dimiten porque alguien descubre que copiaron en un examen cuando eran galopines. O porque, en las calles clandestinas de Bangkok, falsificaron un título de perito mercantil. O porque, simplemente, un día mintieron en la letra pequeña de sus discursos.

En la eterna Sansueña de Luis Cernuda, en cambio, cada vez que vamos con quejas al maestro armero, este se encoje de hombros y nos escupe la culpa de lo que sea con su arrogante dedo acusador. Usted puede ser el culpable, nos están diciendo a diario: culpables de la crisis, por vivir por encima de nuestras posibilidades; culpables por creernos las patrañas de los programas electorales e inocentes ellos aunque pongan el engaño de su parte; culpables de no acostumbrarnos al sueldo raquítico que mengua a medida de cada reforma laboral, a la ley de la mordaza, o a que la Banca nos desahucie y no podamos en cambio desahuciarla a ella, como un cuarto poder, real e impune, que se le escapó a Montesquieu en su célebre división de funciones.

Esta semana, hemos asistido a la apoteosis del a mí plim, a través de un puñado de ejemplos tan rotundos que constituirían una catarata de escándalos si no estuviéramos dolorosamente acostumbrados a su frecuencia.

El auto que confirma la prisión preventiva e incondicional de Oriol Junqueras constituyó el primer ejemplo de tamaño disparate. Para sostener el supuesto de rebelión, que tiene que ser inexcusablemente violento para que sea delito, el Supremo culpa al vicepresidente y al resto de los detenidos de la golpiza que los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado propiciaron el día 1 de octubre, lesionando aunque fuere levemente a más de ochocientas personas: "Concretamente el recurrente en declaraciones públicas efectuadas el día 21 de setiembre, impulsaron a intentar abrir o mantener abiertos los locales donde estaba previsto que se hallaran los colegios electorales, y a depositar su voto, a un número altísimo de personas, a pesar de que ya conocían los graves incidentes producidos, entre otros en los días 20 y 21 de setiembre, y de que sabían que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, en cumplimiento de las leyes vigentes, tenían la obligación de impedirlo. En esa fecha, el recurrente sabía que si sus consignas relativas a la participación en el referéndum declarado inconstitucional y fuera de la ley por el Tribunal Constitucional, eran seguidas por sus partidarios, se produciría inevitablemente un enfrentamiento físico entre éstos y el Estado de Derecho, representado por los agentes policiales que defendían el cumplimiento de la ley, esencial en un Estado de esa clase. Constituye una conducta de extraordinaria gravedad incitar a varios millones de ciudadanos a que acudan a votar ilegalmente a sabiendas de que se van a encontrar necesariamente con la oposición física de los agentes policiales que, en representación del Estado de Derecho, van a actuar con el único fin de asegurar el cumplimiento de sus normas más elementales y de las sentencias del Tribunal Constitucional que han ordenado su cumplimiento".

El auto parece escrito por Groucho Marx y vendría a reproducir la doctrina del Imperio Británico por la que Mahatma Gandhi habría provocado que le golpeasen y detuviesen tras atreverse a presentar resistencia pasiva.

Los automovilistas, sin duda, fueron los causantes de las nevadas del día de Reyes que no tuvieron otro objeto que fastidiar la cabalgata de Sevilla y la feliz velada familiar de Gregorio Serrano, director general de Tráfico, que seguramente daba órdenes por skype a los guardias civiles pringados bajo el temporal hasta que llegó el séptimo de caballería de María Dolores de Cospedal. El Ministerio del Interior de Juan Ignacio Zoido se ha rebelado como un formidable campeón en el oficio de eludir el bulto cada vez que caen chuzos informativos sobre su gestión: de un momento a otro dirán que el preso de Asturias cuya defunción certificaron tres veces y al que estuvieron a punto de hacer la autopsia se hizo el muerto para desprestigiar a Instituciones Penitenciarias.

También esgrimió cintura de púgil Rodrigo Rato, serio aspirante al título de los pesos pesados del España va bien.  Durante su comparecencia ante la comisión del Congreso de los Diputados que investiga la crisis financiera. Y si, a tenor de su discurso, la caída de las subprime en 2007 y la de Lemon Brothers vendrían a ser simples fenómenos meteorológicos, la responsabilidad de la burbuja inmobiliaria o del crack de Bankia sería naturalmente de Rodríguez Zapatero o del propio Parlamento que, en algunos momentos de la sesión, parecía ser el investigado en lugar de viceversa: esto es el mercado, idiotas, vino a proclamar mientras Rafael Hernando tomaba apuntes del maestro del desplante, del pasmo del FMI, del demóstenes madrileño de origen asturiano que llegó a ser diputado por Cádiz y que tras recibir soplos de altos cargos del PP sobre su inminente detención endosó a su secretaria la titularidad de Kradonara, su empresa de blanqueo, en el colmo de como embarcar la propia pelota en el tejado ajeno.

El Partido Popular intenta hacernos creer que el estropicio de no poder renovar los presupuestos generales del Estado corresponde al PNV, a la oposición o al Cojo Manteca, cuando La Moncloa es incapaz de convencer a nadie para que le acompañe en semejante aventura, en tanto chantajea con el donde digo digo donde dije Diego a las comunidades autónomas, a los del IVA cultural y a cualquiera que esperase las mejoras prometidas.

El infierno son los otros, proclamó Jean Paul Sartre, y el poder está dispuesto a que lo creamos. Ahora, desde Cataluña, amenazan con demandar ante la fiscalía a la Chirigota chiclanera "La familia Verdugo" por simular la decapitación de Puigdemont después de la de los Reyes Magos, en el concurso carnavalesco de Cádiz: ¿quién se querellará en nombre de sus majestades de Oriente que tienen muchos más partidarios que el president en su exilio bruselense? Apañados vamos, como apliquemos la regla de gasto de lo políticamente correcto al carnaval. Este pintoresco asunto vendría a ser como si la fiscalía pidiera prisión para alguien que twiteara chistes macabros por el atentado de Carrero Blanco y asegurara que el nombre de Casandra por el que se le conoce es un seudónimo para ocultar su delito. En el pasado, ya el humor se sentó a menudo en el banquillo. Quizá, por ello, ahora sea lo que más nos falte. El buen humor. Malo, en cambio, nos sobra. Será porque tenemos cara de culpables. 

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