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Las gallinas que entran por las que salen

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Garzón: El entusiasmo de las bases de IU al pacto con Podemos se verá el 26J

EFE

En el principio existía el Verbo y el Verbo era Lenin, que además tenía una buena verborrea. Y de su Puño nació el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), de cuya costilla se creó el PCE (no el ordenador personal, sino el Partido Comunista de España). De otras costillas, o de las criadillas, vaya usted a saber, también nacieron el POUM (los troskos), la ORT (los chinos), el FELIPE, la Liga Comunista Revolucionaria, los Anticaptalistas y hasta el POSI (Partido Obrero Socialista Internacionalista), que con sus 15 militantes es la última escisión creada, no de una costilla, sino más bien de un pelo de la coronilla de Trotski, momentos antes de los estalinistas le peinaran con un picahielos.

Un inciso: perdonen los expertos en estas materias las imprecisiones históricas y políticas, que la génesis y posterior desarrollo del comunismo español se escapa a mi escasa comprensión, no en vano soy periodista y no licenciado en Políticas y mucho menos dirigente de Podemos, que son los que saben de esto. Y de todo.

El caso es que a partir de la Idea Primigenia y Salvífica, los comunistas, como las amebas, se dividieron y se subdividieron asexualmente para componer un ente a medio camino entre las doce tribus (que a partir de ahora serán la unidad familiar, según la CUP) y la torre de Babel, eso sí, con un traductor simultáneo para sordos, que buena falta les hacía.

Y si en España la cosa está complicada, en Andalucía el asunto se nos enreda aún más, ya que a las muchas verdades como puños que circulaban por el Estado (antes llamado España), hay que sumar las del SOC de Cañamero, la CUT de Gordillo y el SAT de Bódalo, con sus correspondientes disidencias y anhelos libertarios de diverso grado. Todo ello adornado por la no presencia del 'poltergeist' más fecundo de nuestra historia política, Julio Anguita, que con su plataforma Frente Cívico, integrado a su vez por Izquierda Abierta, Nueva Izquierda y Primavera Andaluza, vela incansable por la comunión de la izquierda.

Ansia viva de poltronas

Por todo ello era bueno y necesario que tanta ansia viva de unidad (y de poltronas) se plasmara en una confluencia entre las dos mayores organizaciones que representan este gran batiburrillo. Una confluencia en la que ha resultado que el confluyente es Podemos y el confluido (con fluidos y por detrás) es IU, ese partido "cenizo", "inepto" y "decrépito", y no lo digo yo, que lo dice Pablo Iglesias el Ungido, eso sí, antes de perpetrar ese bonito acto de amor y sodomía.

Calculan confluentes y confluidos que su unión dará el fruto apetecido y que serán premiados con unos cuantos pequeños podemitas extra, que arrebatarán el poder al PP, ninguneando a los malvados socialistas. Aunque tal coyunda carnal pueda parecer preocupante para el PSOE, tampoco hay que alarmarse más que lo justo, ya que por su propia naturaleza, sobre todo la de Anguita, el batiburrillo empezará a discutir más pronto que tarde por un quítame allá esos soviets o esos gulags y volverán a su estado natural, que la cabra siempre tira para el monte.

Además, si hay ciudadanos a los que les atraiga la idea de que el conglomerado forme una chapa firme y resistente, también hay otros que estamos espeluznados y no podríamos soportar la chapa que nos iban a dar todos ellos juntos. Y menos si su portacoz es Pablo Iglesias, ese joven chisgarabís (zascandil y presuntuoso), que de verborrea tampoco va mal servido. Como diría el más cabal representante del pueblo llano y mayor analista político del país, el Tío de la Vara, las gallinas que entran por las que salen.

Por todo ello, no creo que la Gran Confluencia sea obstáculo insalvable para el PSOE, que ya cuenta con otro poderoso enemigo, mucho más peligroso, si cabe. Para hacer más emocionante su confusa situación de incertidumbre y riesgo, ha llamado en su auxilio -como Brian cuando colgaba de su cruz- al escuadrón de suicidios, formado por algunos de los barones territoriales, dispuestos a desenvainar con furia la espada, para clavársela en los higadillos propios. Para que aprendan estos del PP.

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