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La violencia de género y los ¿"hijos de puta"?

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Cuatro hombres han matado a las mujeres con las que mantenían una relación de pareja. Cuatro mujeres asesinadas en menos de cuatro días y Esteban González Pons dice que los maltratadores son unos "hijos de puta", al tiempo que el Gobierno anuncia que aprobará mayores sanciones para los agresores condenados.

La imagen es muy gráfica y refleja cómo el Gobierno, el PP y una parte de la sociedad ven la violencia de género, y de cómo la colocan en determinados contextos y la reducen a algunos hombres. No es nada nuevo, es la idea tradicional que ha existido sobre este grave problema y la forma de situarlo fuera de lo común y de las referencias de una cultura que otorga a los hombres la posibilidad de recurrir a la violencia para restablecer su orden, y que dice a las mujeres que eso es "normal" y que lo que tienen que hacer es "no provocar ni llevar la contraria".

Por eso temen hablar de "violencia contra las mujeres" o de "violencia de género" (se limitan a su referencia formal nacida de la ley), y prefieren evitarlo con referencias a la "violencia familiar", a la "violencia doméstica" o a la "violencia del entorno de la convivencia", es la forma de invisibilizar sin negar y de ocultar sin tapar los casos que se producen. Si le quitamos el significado a la violencia que se produce de manera específica contra las mujeres bajo las referencias de la cultura de la desigualdad, cualquier agresión de género podrá no ser violencia y, al mismo tiempo, todo podrá ser violencia basándose sólo en el resultado, en esas lesiones evidentes a la vista, pero ocultadas a su motivación y a las circunstancias que las facilitan. Es lo que permite hablar de "violencia mutua", concepto que cada vez se utiliza más en los tribunales para negar la violencia de género, o que se diga que no existe machismo porque "la mujer tiene más ingresos que el hombre", o que muchas medidas se dirijan hacia los menores, cuando la forma de evitar su victimización es prevenir la violencia de género. Todo es desvirtuar el significado para seguir negando la realidad.

La semana pasada cuatro mujeres fueron asesinadas por los hombres con quienes compartían una relación, pero por desgracia no es la primera vez que sucede. En 2004 ocurrió el 5 y 6 de julio, del 14 al 16 de septiembre, y el 12 y el 14 de diciembre; en 2008 el 25 y 26 de febrero, en 2010 el 27 y 28 de marzo, y en 2011 sucedió los días 29 y 30 de enero de 2011. En cada una de esas fechas cuatro mujeres fueron asesinadas por sus parejas. Lo que sí es nuevo es que en un año y medio de Gobierno (más lo que se tarde en implementarlas) no se hayan adoptado medidas para continuar el trabajo hacia la erradicación de esta violencia, y que sea en sábado, por el Secretario de Estado (no por la Ministra), y después de cuatro homicidios en cuatro días, cuando "se anuncia que se hará" una estrategia.

La pasividad siempre es preocupante, pero lo es aún más cuando coincide con cinco factores que nos describen una situación de elevado riesgo: disminución del número de denuncias, recortes en los recursos destinados a la atención de las mujeres maltratadas, aumento del número de denuncias que se retiran tras haber sido interpuestas, presencia de un estresante social como son los problemas económicos (que no son causa de la violencia, pero sí influyen en su resultado cuando ésta ya existe), y aumento de intensidad en la campaña contra la violencia de género y la Ley que tiene que combatirla sobre la idea de las "denuncias falsas" por parte del posmachismo. Lo dije hace tiempo, no es oportunismo ante los últimos acontecimientos, y lo escribí el pasado mes de enero en el post 'Tasas, crisis, recortes, y violencia de género'.

La violencia de género existe más allá de las denuncias y antes de que se produzcan las agresiones graves que nos agitan. La última Macroencuesta (2011) mostró que son 593.000 las mujeres sometidas a la violencia por parte de sus parejas, en cambio las denuncias suponen alrededor de un 22%, lo cual significa que el 78% de las mujeres maltratadas no denuncia. La referencia de los homicidios por violencia de género muestra una situación muy diferente, con el 80% de las mujeres asesinadas sin haber denunciado y el 20% con interposición de al menos una denuncia previa.

Este simple dato rompe con muchos mitos, entre ellos el de las denuncias falsas, y con la idea de que las mujeres denuncian para separarse y cuando ven que están en una situación de violencia intensa que genera un riesgo objetivo. La realidad muestra que las mujeres denuncian cuando están suficientemente informadas para cuestionar esa conducta en su pareja, cuando perciben que hay recursos para salir de la violencia, y cuando la sociedad tiene conciencia sobre el problema para ayudar a romper con la "normalidad" impuesta por la cultura, sin caer en la confusión que intenta generar el posmachismo.

Las medidas que propone el Gobierno buscan, fundamentalmente, sancionar mucho a unos pocos maltratadores y seguir a unos cuantos más allá de la condena. Son medidas que podrán ayudar y tranquilizar algunas conciencias, pero no inciden en el problema de una cultura facilitadora, de muchas voces partícipes y de aún más silencios cómplices.

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