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ARAGÓN

"La casa de Buñuel en México fue un lugar de encuentro de republicanos y de intelectuales"

Acaba de recibir el máximo galardón periodístico que se concede en Aragón, por su serie de reportajes en el Diario de Teruel 75 años del exilio republicano

Ha donado los 3.000 euros del premio a la Asociación Pozos de Caudé, que trabaja por la recuperación de la memoria histórica y que supuso el inicio de la serie

“Si te encuentras con un exiliado o un descendiente de ellos, esa noche tendrás dónde dormir y una mesa en la que comer acompañado”

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Javier Millán

Javier Millán

Francisco Javier Millán (Zaragoza, 1965) ha ganado recientemente el premio de la Asociación de Periodistas de Aragón-Ciudad de Zaragoza por una serie de 29 reportajes publicados en Diario de Teruel bajo el nombre 75 años de exilio republicano. Un trabajo que comenzó tras una visita al Campo de concentración de Mathausen invitado por la Asociación Pozos de Caudé, y a la que ha donado los 3.000 euros del premio.

Periodista comprometido, amante de su trabajo, del cine y de Latinoamérica, que protagonizan muchos de sus libros. Tras un cuarto de siglo en Teruel se siente parte de esta provincia, que defiende desde las teclas del ordenador. A pesar de los años y los reconocimientos, sigue siendo humilde. Recoge con cierto pudor los premios y hace que quienes han compartido viaje con él, compañeros o fuentes periodísticas, sientan estos galardones como propios.

¿Cuál fue el origen de esta serie de reportajes?

Fue a raíz de una invitación que me hizo la Asociación Pozos de Caudé, una asociación que trabaja en la recuperación de la memoria histórica, para que fuera con ellos a visitar el campo de concentración nazi de Mauthausen en Austria, donde todos los años, en el mes de mayo, se celebra la liberación del mismo al final de la segunda guerra mundial. Era la primera vez que viajaba una delegación turolense a este sitio y yo iba a cubrir la información y a hacer después un reportaje. Se dice que quienes visitan estos lugares regresan convencidos de que es su deber recordar a los demás lo que ocurrió allí. Como persona y como profesional creí que debía contar lo que había visto y sentido. No era suficiente un reportaje e hice una serie de seis, lo que me permitió abordar el tema con mucho más detalle y extensión.

¿Con qué sensación volvió de Mathausen?

Fue como caminar por la historia, recorrer los escenarios en los que se produjo uno de los hechos más abominables que ha cometido el ser humano, la esclavización de los adversarios políticos, de las gentes que odiaban los nazis por cuestiones étnicas y nacionales, para su eliminación sistemática. Alguien pensará que se ha escrito mucho sobre esto, que se han hecho muchas películas, que ya no hay que seguir contando esto, pero no, es más necesario que nunca. Volví con la sensación de que yo también debería aportar mi granito de arena.

Después continuó con 23 reportajes sobre exiliados en México, ¿qué tenía México que no ofrecieran otros países a los exiliados españoles?

Apoyo a la República tras el golpe de estado y un lugar donde los republicanos pudieran rehacer sus vidas al término de la guerra. El presidente Lázaro Cárdenas abrió las puertas de su país de par en par para darles asilo. De esa manera pudieron seguir vivos los valores republicanos en el exilio. Valores que perduran hoy y que debería ser un orgullo para los españoles, porque si uno se fija en el cuerpo docente de organismos como la Universidad Nacional Autónoma de México, encuentras a numerosos descendientes de republicanos.

El primero de sus protagonistas fue Buñuel, del que usted es experto ¿qué papel tuvo el ilustre cineasta turolense en la vida de los otros exiliados?

Solo soy estudioso de Buñuel, para ser experto hay que saber mucho más. Ojalá algún día pueda serlo. Como director de cine ayudó a que muchos republicanos pudieran participar en sus películas. Eso equivale a tener un sueldo y a poder tener un plato de comida caliente en la mesa. A veces vemos el exilio republicano como las élites culturales y profesionales que recalaron en México y otros países para iniciar una nueva etapa en sus carreras, pero también hubo gente que lo pasó mal, y si algo descubrí ya en 1990, cuando viajé por primera vez a México, es que si te encuentras con un exiliado o un descendiente de ellos, esa noche tendrás dónde dormir y una mesa en la que comer acompañado, aunque no te conozcan. Así lo hizo la familia Taibo conmigo y desde entonces he podido comprobar que a los exiliados y sus descendientes no les gana nadie en generosidad. Buñuel hacía eso y su casa fue un lugar de encuentro de republicanos y de intelectuales latinoamericanos simpatizantes con esos valores. Cuando la mandó construir quiso que le recordara la Residencia de Estudiantes de Madrid, un símbolo en este país de la libertad de pensamiento y de la calidad educativa y humana.

En México descubrió a Francisco Azorín, al que califica como "un hombre del renacimiento", y del que no sabía nada hasta entonces. ¿Cómo supo de él?

En una exposición en el Palacio de Bellas Artes, mi mujer, Nora, me dijo: ‘hay un turolense’. Figuraba entre los arquitectos republicanos españoles que se habían exiliado en México. Sentí vergüenza no saber quién era. Me sentí en el deber de recuperar su figura para los turolenses, que solo había sido explorada tímidamente por algún historiador y que no había trascendido a la sociedad. Quise recuperar a ese ser humano tan generoso que fue Azorín. Creo que el personaje de Azorín nos ayudaría a comprender mejor una parte de la historia de España si en los institutos se hablara de él a la hora de abordar la primera mitad del siglo XX. Hasta 1939 era un destacado personaje de la vida política y social de España, pero a partir de esa fecha se borró su nombre. Los totalitarismos no quieren que se recuerde a hombres buenos y justos y es su forma de represaliarlos cuando se escapan de sus manos y no pueden matarlos.

Tras conocer de su existencia impulsó una charla en España sobre su figura ¿es el personaje que más le ha calado de todos?

Desde luego, es un personaje que atrapa y tiene una familia encantadora. Son dignos herederos de él, y allí también en México tienen que hacer frente a la iniquidad de gobiernos corruptos. Telmo Azorín, su nieto, me ayudó mucho, a pesar de que en esos momentos estaba atravesando por una terrible situación debido a la corrupción y abusos que hay en México. Y también fue un gran apoyo el profesor de la UNAM Juan Ignacio del Cueto Ruiz-Funes, nieto de Mariano Ruiz-Funes, ministro de Agricultura y después de Justicia tras la victoria del Frente Popular.

Denuncia que al formar parte de los vencidos, la historia oficial ha querido relegar a los exiliados al olvido. ¿Lo ha conseguido? ¿Estamos a tiempo de recuperarlos?

Los republicanos españoles que fueron deportados a los campos nazis y los que se exiliaron por todo el mundo son un ejemplo a seguir, así como sus compañeros que murieron defendiendo el orden constitucional que había en julio de 1936 cuando se produce el golpe de estado. Las casi cuatro décadas de la dictadura franquista lograron borrar cualquier resquicio de los valores republicanos en el conjunto de la sociedad, no a título individual entre algunas personas, y forjar falsos mitos que no solo la derecha, sino hasta cierta izquierda, heredaron en la Transición. Hay que recordar y hay que conocer la verdad histórica de lo que pasó. Para eso están los historiadores que trabajan con rigor, las personas que conocieron aquello y todavía viven, y los periodistas, que somos quienes podemos trasladar al público en nuestros medios todo esto. Sí, estamos a tiempo de recuperarlos y evitar el olvido.

Además de su condición de exiliados ¿qué otras constantes ha encontrado en sus vidas?

La defensa de unos valores basados en la libertad, la solidaridad y la justicia social. Habrá personas conservadoras que dirán con desprecio que eran rojos, lo mismo que se podría decir de ellos que son otra cosa monstruosa. No, eran personas, ciudadanos, que querían construir un mundo más justo y solidario, y eso comienza por un estado en el que todas las personas estén en igualdad de condiciones, empezando por el derecho de las mujeres a tener los mismos derechos que los hombres. Los republicanos nos enseñaron que es posible compartir y ser generosos con quienes nos rodean. La sociedad española debería salir del letargo en que quedó sumida tras la larga dictadura franquista y comprender que nadie por derecho hereditario puede ni debe estar al frente de una jefatura del Estado por cuestión de sangre. Las monarquías son formas de gobierno anacrónicas por más parlamentos que tengan. Nadie por derecho vitalicio puede estar al frente de un Estado.

¿Es posible acercarse a estas historias sin tomar postura? ¿Es necesario hacerlo?

Qué es tomar postura? ¿Seguir con el mito de las dos Españas? Ser ateo y progresista no es ser rojo, dicha esta expresión en términos despectivos, y ser conservador y creyente tampoco equivale a ser facha. Es posible acercarse, por supuesto que lo es. No tiene sentido ideologizar la realidad histórica. A nadie se le ocurriría hoy en Alemania justificar el nazismo. ¿Por qué se justifica el fascismo entonces en España? Hay muchos mitos forjados durante décadas de franquismo que por fortuna se están desmoronando gracias al trabajo científico de los historiadores. El problema es que muchos españoles abominan el conocimiento, más allá de saberse la alineación de los equipos de fútbol. Se nos fue lo mejorcito con el golpe de estado de 1936, y los grandes intelectuales y científicos progresistas que se quedaron fueron asesinados o apartados de sus cátedras. La historiadora Mirta Núñez me comentó recientemente que conocer la historia está en contra del imaginario franquista del rebaño feliz. Es cuestión de elegir; algunos preferirán seguir siendo borregos mientras que otros optarán por el conocimiento y saber cuál ha sido nuestra historia. No es cuestión de tomar posturas.

 

 

 

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