Quan l'escrache el feien ells
Aquest any es commemora el vintè aniversari de la mort del poeta i pensador Vicent Andrés Estellés. Com que Bru de Sala no potineja els pressupostos d’aquesta celebració, hem d’esperar que sigui mes nostrada, útil i barata que l’any Espriu.
Però aquest 2013 és també el trenta-cinc aniversari de l’acomiadament injustificat del poeta del diari Las Provincias i de les bombes a casa de Joan Fuster i de Manuel Sanchis Guarner. Es a dir, d’aquell “escrache” fatxa i salvatge que va ser la Batalla de València.
Cuando el escrache lo hacían ellos
Este año se conmemora el vigésimo aniversario de la muerte del poeta y pensador Vicent Andrés Estellés. Como Bru de Sala no chapucea los presupuestos de esta celebración, debemos esperar que sea más nostrada, útil y barata que el año Espriu.
Pero este 2013 es también el trigésimo quinto aniversario del despido injustificado del poeta del diario Las Provincias y de las bombas en casa de Joan Fuster y de Manuel Sanchis Guarner. Es decir, de aquel escrache facha y salvaje que fue la Batalla de Valencia.
La magdalena de Margaret Thatcher o el marmotismo
Piensen en el techno. En eso está la explicación de todo. Piensen en cómo la música electrónica cambió la melodía por el loop, por el bucle, y entenderán esta crisis económica y lo que tiene de mutación del capitalismo. No estoy diciendo que una exposición severa de los brókers a las sustancias dispensadas en las raves de los noventa haya afectado su principio de realidad, pero casi. Voy a explicarlo mejor. La verdadera radicalidad de esta crisis, su importancia dentro de la historia del capitalismo, es que cambia la percepción, el uso y la explotación del tiempo. O para ser un poco más exactos, de la idea que del tiempo tiene nuestra cultura. Como ustedes sabrán, el marqués de Condorcet escribió un libro llamado El progreso del espíritu humano mientras arrancaba ese sindiós de la Ilustración. En él, se alentaba la extravagante idea de que el tiempo, la sucesión de giros terrestres alrededor del Sol, tenían un sentido teleológico: el progreso. El tiempo no era más que un camino, una carretera por donde la humanidad transitaba hacia un perfeccionamiento constante y sin fin. Esta idea alimentó al naciente capitalismo, que la adaptó a su modo a partir de categorías propias: el crecimiento constante, la reproducción ampliada, la destrucción creativa o la obsolescencia programada... El capitalismo moldeó la evidencia del progreso a partir de la imagen de los ciclos económicos. Durante los Treinta Años Gloriosos (1945-1975) nadie dudó de que el Tiempo era una asfaltada carretera al servicio del maquinismo y el mal llamado bienestar. Tal fue la fe en esas ideas que incluso unos creyentes del siglo XX se hacían llamar a sí mismos progresistas, de tanta devoción que le tuvieron al dogma.
Ese sentido lineal del tiempo alimentó sus propias expresiones artísticas: la novela, la música melódica y las artes plásticas descriptivas o realistas. Pero el 27 de octubre del 1986 este mundo de modernidad, por así decirlo, se autotrascendió. Ese día entró en vigor la ley de reforma financiera de Margaret Thatcher. Esa ley desregularizaba la antes selecta City y permitía por primera vez que operasen en ella valores y agentes extranjeros. Y otra cosa, conectaba mediante las nacientes redes de información sus cotizaciones a las de otros mercados financieros. La consecuencia más evidente fue el nacimiento de eso que hemos venido conociendo/sufriendo como globalización y que tuvo en 1989 su puesta de largo. Pero la importancia profunda de aquel día, conocido en el argot financiero precisamente como Big Bang Day, ha sido la modificación del tiempo. Nació entonces algo más que el manoseado “tiempo real”. Aparecía el instante eterno de los mercados constantes y universales. Siempre es ahora. Todo es hoy. El anochecer de Tokio no es más que la tarde de Londres.
La Mancomunitat a piles
Ja ha passat una setmana de la victòria total (segons la Marcaspanya) del consti-borbonisme-bon-rotllista i la retirada del tema català de les portades de la premsa cavernícola ha estat total. Com a substitut, ha aparegut al Principat un altre mantra per fer bullir l’olla. La sobtada preocupació dels nostres prohoms per això que ara anomenen “el dia a dia” “Es necessita un govern fort per al dia a dia”. “Junqueras ha de ser responsable i garantir el dia a dia”. “S’han de restablir ponts amb el PP per poder gestionar el dia a dia”, i així fins a la nàusea. És molt sorprenent veure com a les forces burgeses els amoïna tant la quotidianitat, quan porten tota la crisi esberlant, destruint, cap possibilitat de vida quotidiana digna. Poder portar el marrec a l’escola o l’avi a l’hospital, poder viure sota sostre o no perdre un ull per exercir els teus drets, són els autèntics problemes del dia a dia que, fins ara, han estat obscenament menystinguts pels estadistes que l’esquiva fortuna a tingut a bé enviar-nos per governar aquest país.
Però hi ha quelcom d’astorador, que no encaixa dins aquesta fal.lera quotidianista. I és que avui la gestió diària de la Generalitat és més fàcil i intranscendent que mai. Intervinguda de facto pel govern de Madrid i de lluny pels mercats, incapacitada per accedir al crèdit i lligada per un descomunal deute, la Gene és el paradís per a qualsevol comptable de paper carbó i calculadora Casio. El somni del Barletby català.
La Mancomunitat a pilas
Ya ha pasado una semana de la victoria total (según la Marcaspaña) del consti-borbonismo-buen-rollista y la retirada del tema catalán de las portadas de la prensa cavernícola ha sido total. Como sustituto, ha aparecido en el Principado otro mantra para dar que hablar. La repentina preocupación de nuestros prohombres por eso que ahora llaman "el día a día". "Se necesita un gobierno fuerte para el día a día". "Junqueras debe ser responsable y garantizar el día a día". "Hay que restablecer puentes con el PP para poder gestionar el día a día", y así hasta la náusea. Es muy sorprendente ver como a las fuerzas burguesas les preocupa tanto la cotidianidad, cuando llevan toda la crisis astillando, destruyendo, cualquier posibilidad de vida cotidiana digna. Poder llevar al crío a la escuela o al abuelo al hospital, poder vivir bajo techo o no perder un ojo para ejercer tus derechos, son los auténticos problemas del día a día que, hasta ahora, han sido obscenamente menospreciados por los estadistas que la esquiva fortuna ha tenido a bien enviarnos para gobernar este país.
Pero hay algo asombroso que no encaja dentro de esta pasión cotidianista. Y es que hoy la gestión diaria de la Generalitat es más fácil e intrascendente que nunca. Intervenida de facto por el gobierno de Madrid y de lejos por los mercados, incapacitada para acceder al crédito y ligada por una deuda descomunal, la Generalitat es el paraíso para cualquier contable de papel carbón y calculadora Casio. El sueño del Barletby catalán.
Nos gobierna una Mancomunitat, pero a pilas. Porque aquel fantástico instrumento de Prat de la Riba sí chutaba como una moto al lado de este tipo de gestoría de subasteros con torre en Salou en que se ha convertido la Generalitat. Se queja Mas de que nadie quiere entrar en el gobierno por miedo del día a día. Se equivoca. Creo que ERC no entra por pereza. O precisamente porque cada día sea igual de impotente. Yo mismo, si fuera de este tipo de personas, me ofrecería para gestionar la Generalitat solito. Voy para allá a media mañana, llamo a la troika o a quien toque, pongo el manos libres y acerco el móvil a un sistema de megafonía que escuchen todos los funcionarios. "Cortad por aquí, vended aquello, dad tal servicio a tal empresa", os irán diciendo los sabios euroinquisidores. Y una vez recibidas las instrucciones, nos pasarán un talón con los fondos justos y a cobrar. Pan comido.
De hecho, el momento es fantástico. Precisamente, porque sobre el día a día de la administración no tenemos ningún control, ni siquiera podemos reformar las leyes porque nos las tumban en el Consti. Y como tampoco podemos defender la lengua catalana sin secuestrar a niños castellanohablantes, ha llegado el momento de dedicarse a la política. Política a lo grande. Política soberana, por decir algo. Ya sé que Junqueras dice que queda margen para esto que la izquierda burguesa llama "hacer políticas" contra la crisis. Nada. Dos duros por aquí, la euroviñeta por allí... Buenas intenciones, unos millones y, luego, otro parche en el harapo.
Todo esto me ha hecho pensar mucho en Tom Wolfe y su libro Elegidos para la gloria. Habla de los pioneros de la carrera espacial americana, y explica cómo aquellos primeros astronautas, Chuck Yeager, Sheppard, Grissom y toda la panda se sentían incómodos en las cápsulas del proyecto Mercury. "Somos pilotos. Queremos pilotar y no hacer como de chimpancés, sentados sin poder cambiar de rumbo ". Mas y Junqueras están, más o menos, en la misma situación (no tiene nada que ver con los monos). Se encuentran con que han sido, por azar o por el destino, escogidos para la gloria. Impelidos por la fuerza imparable del cohete popular y soberano catalán (momento de cursilería indígena), pero sin ninguna capacidad de orientación... Metidos dentro de la cápsula de la carrera orbital catalana, con el día a día hasta la consulta final. Y quien presupuesto pacta, año pasa. Y tal día hará un año. Hombre, pensad que esa gente llegó a la Luna, aunque aquí...
Todo cambia
Todo queda parecido pero todo ha cambiado. La catástrofe de Convergència se puede leer de dos modos y, seguro, ambos son igualmente ciertos. Por un lado, la brutal política convergente (y no sólo en el ámbito económico, recordemos los ocho ojos vaciados por los hombres de Puig) es castigada como lo es en toda Europa el seguidismo a la troika. Y, por otra parte, en el hilo soberanista, los catalanes han encontrado que aquellos brazos abiertos de padre de la patria les daban más miedo que calor. A muchos nos viene a la cabeza la historia de Pedro y el lobo. Tantas veces los convergentes han utilizado su particular fórmula secreta (P+R) de la puta y la Ramoneta que, ahora que todo va en serio, nadie ha hecho caso ni de los lobos deficitarios ni de los patrióticos que Mas ha dicho que sería capaz de conjurar.
Sería cruel, a un político que nos ha empapado a metáforas náuticas, decirle que ha sufrido un naufragio, pero lo cierto es que siempre, de un hundimiento, lo más interesante son los restos. ¿Y Oriol Pujol? ¿Y Duran? ¿Y los corrimientos de tierras internos? ¿Permitirán al nuevo gobierno mantener sus sillas quietas mientras Europa, Madrid, la banca y la calle Córcega las sacuden?
Tot canvia
Tot queda semblant però tot ha canviat. La catàstrofe de Convergència es pot llegir de dues maneres i, és segur, ambdues son igualment certes. Per una banda, la brutal política convergent (i no només en l’àmbit econòmic, recordem els vuit ulls buidats pels homes de Puig) és castigada com ho és a tota Europa el seguidisme a la Troika. I, per altra banda, en el fil sobiranista, els catalans han trobat que aquells braços oberts de pare de la pàtria els hi feien mes por que no pas escalf. A molts ens ve al cap la història de Pere i el llop. Tantes vegades els convergents han utilitzat la seva particular fórmula secreta (P+R) de la Puta i la Ramoneta que, ara que tot va de debò, ningú ha fet cas ni dels llops deficitaris ni dels patriòtics que Mas ha dit que seria capaç de conjurar.
Fora cruel, a un polític que ens ha amarat a metàfores nàutiques, dir-li que ha patit un naufragi però el cert és que, sempre, d’un enfonsament, el mes interessant son les restes. I Oriol Pujol? I Duran? I els corriments de terres interns? Permetran al nou govern mantenir les seves cadires quietes mentre Europa, Madrid, la banca y el Carrer Còrcega les sacsegen?
Con los catalanes no hay manera
Quiero llamar la atención sobre un aspecto quizás menor de lo de las elecciones, pero que a mí me da esperanzas sobre el destino de esta desdichada patria. Han sido estas unas elecciones plebiscitarias, no hay duda. Polarizadas, ensuciadas, y con un personalismo redentorista de por medio que no se veía desde que se grababa el apellido Pujol a las monedas de duro. Unos meses en los que algunos han insistido en la fractura, la ruptura. Eran unas elecciones que harían separar familias, parejas, orgías de toda la vida, partidas de dominó de casino e incluso peñas ciclistas. Ambos bandos. Dos comunidades, un nuevo Ulster, un Titanic separado entre independientes burgueses y el noble proletariado constitucionalista, tal y como le gusta describir a Félix Ovejero.
Pero de todo eso, más allá de la formalidad discursiva, no hay nada. Un montón de partidos. Un coro de voces. Los catalanes perseveramos, hemos insistido en nuestra particular interpretación de la pluralidad, aunque nos habían insistido en que sólo había dos posturas. Pero nada, los catalanes hemos vuelto a hacer de la escisión una fuente de energía. La mutación como forma de coherencia. A pesar de la claridad con la que han llegado al 25-N ambas opciones, los catalanes nos vemos permanentemente obligados a matizar incluso las trincheras. Independencia sí pero no con Mas. Recortes bien pero dentro de España. Izquierdas, claro, pero no como tú dices... Eso es lo que me hace feliz. El ruido catalán me tranquiliza. Nuestro caos es civilización propia. Catalunya hoy es como una gigantesca Yeshiva, una de esas escuelas talmúdicas donde nunca para la discusión sobre los mismos y eternos temas, porque los rabinos, al revés que los curas, siempre han defendido que es más importante la duda que la fe. No olvidemos, ya puestos, que la Cábala nació, como quien dice, en Girona.
Siempre he creído que las sociedades que se ven empujadas a elegir entre dos opciones antagónicas y monolíticas son sociedades, en cierto modo, fracasadas. Y más si el eje de la separación es una persona. El líder. El Peronismo de Cristina Fernández de Kirchner o el chavismo, por poner ejemplos contemporáneos, más allá de su justicia, éxito o pertenencia, han tendido a reducir el cuestionario político a una sola pregunta: ¿Estás con el líder o contra el líder? Supongo que El Mundo, para tener el mesianismo instalado en el primer elemento del staff, creyó que la nuestra era como una de esas sociedades. Imposible.
Amb els catalans no hi ha manera
Us vull cridar l’atenció sobre un aspecte potser menor d’això de les eleccions, però que a mi em dóna esperances sobre el destí d’aquesta dissortada pàtria. Han estat aquestes unes eleccions plebiscitàries, no hi ha dubte. Polaritzades, embrutades, i amb un personalisme redemptorista pel mig que no es veia des que es gravava el cognom Pujol a les monedes de duro. Uns mesos en què alguns han insistit en la fractura, la ruptura. Eren unes eleccions que farien separar famílies, parelles, orgies de tota la vida, partides de dòmino de casinet i fins i tot penyes ciclistes. Dos bàndols. Dues comunitats, un nou Ulster, un Titanic separat entre indepes burgesos i el noble proletariat constitucionalista, tal com li agrada descriure a Félix Ovejero.
Però de tot això, més enllà de la formalitat discursiva, no hi ha res. Un munt de partits. Un cor de veus. Els catalans perseverem, hem insistit en la nostra particular interpretació de la pluralitat, tot i que ens havien insistit que només n’hi havia dues, de postures. Però res, els catalans hem tornat a fer de l’escissió una font d’energia. La mutació com a forma de coherència. Tot i la claredat amb què han arribat al 25-N les dues opcions, els catalans ens veiem permanentment obligats a matisar fins i tot les trinxeres. Independència sí però no amb Mas. Retallades bé però dintre d’Espanya. Esquerres, és clar, però no com tu dius... Això és el que em fa feliç. El soroll català em tranquil.litza. El nostre caos és civilització pròpia. Catalunya avui és com una gegantina yeshivà, una d’aquelles escoles talmúdiques on mai para la discussió sobre els mateixos i eterns temes; perquè els rabins, a l’inrevés que els capellans, sempre han defensat que és mes important el dubte que la fe. No oblidem, ja posats, que la càbala va néixer, com aquell que diu, a Girona.





