Opinión y blogs

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Cazando elefantes

Mariano Rajoy, en el Congreso de los Diputados.

Es probable que el muy recomendable No pienses en un elefante del no menos recomendable George Lakoff sea la obra que mejor sirva para entender el actual momento político español. Poco podía anticipar el lingüista cuando la escribió en 2004, presa de la decepción por la derrota demócrata a manos de un Bush que había orquestado la farsa criminal de Irak, que más de 10 años después sus elefantes camparan a sus anchas por la Carrera de San Jerónimo. Pero el lenguaje y los marcos mentales, en política, son mucho más importantes de lo que muchos querrían admitir, ya que con su ayuda hay quien es capaz de trascender una realidad tangible para acabar imponiendo la suya.

Lakoff, en definitiva, nos habla de cómo gana el Poder, el establishment, los malos. Pero, indirectamente, también nos habla de cómo pierde la oposición, el cambio, los buenos. Los malos ganan haciendo que pienses en un elefante, los buenos pierden discutiendo si les gusta o no.

Hoy, en el sur de Europa, hay exclusivamente dos procesos de cambio real. Dos procesos de ruptura, de cambio, revolucionarios, constituyentes. Dos amenazas a un statu quo indigno e indecente. Uno se llama Unidos Podemos y es español. El otro se llama proceso de autodeterminación y es catalán. En muchos sentidos, se parecen. En la apertura de posibilidades regeneradoras, en el cambio de liderazgos, en sus nuevas formas de hacer política. En otros tantos, no.

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En deuda con Pasqual Maragall y con nosotros mismos

El próximo 25 de julio se cumple el 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el acontecimiento que contribuyó más claramente al vuelco social iniciado en este país con el posfranquismo. La demostración de la capacidad de la capital catalana para organizar de forma moderna y eficiente una cita mundial de aquellas dimensiones no solo se tradujo en la puesta al día de las infraestructuras urbanísticas. Significó sobre todo una inyección de autoconfianza, de fe demostrada en las propias fuerzas, de admiración local e internacional, de visión de futuro.

Los Juegos Olímpicos de 1992 son uno de los mejores recuerdos colectivos de las últimas décadas en este país. Merecerían por lo tanto que el 25 aniversario fuese conmemorado de una manera que estuviese a la altura de todo lo que supusieron. Es posible que no sea así por pura estrechez institucional, por " l'avara povertà di Catalogna" que Dante ya denunciaba en la Divina Comedia siete siglos atrás.

De entrada, no se ha publicado ningún libro, estudio o ensayo que repase e interprete de modo reconocido y global lo que significaron la organización, la celebración y las derivaciones de las Olimpíadas barcelonesas. La misma carencia se aplica al maragallismo en general. Una deriva de la otra. Salvo La gota malaya: una biografía de Pasqual Maragall, publicado en 1998 por los periodistas Lluís Mauri y Lluís Uría, y de las propias memorias Oda Inacabada editadas en 2008, no se ha elaborado una visión de conjunto sobre el carácter y impacto del maragallismo. La pasada semana se presentó el libro colectivo Pasqual Maragall, pensament i acció.

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Francia, hora cero

Las elecciones presidenciales francesas ponen de nuevo sobre la mesa el futuro de uno de los países más influyentes de Europa y del planeta. No solo por su histórico papel en el advenimiento del Estado moderno y el desarrollo del pensamiento democrático, sino por su peso en la escena mundial. Francia es la sexta potencia económica global, después de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Reino Unido, y la segunda economía de la zona euro después de Alemania. Es también una potencia nuclear al disponer de arsenal atómico propio. Francia ya no es tal vez un gran referente en la nueva sociedad global, articulada con el cambio de siglo en torno a la revolución tecnológica y el desplazamiento del eje de gravedad hacia el Pacífico, pero casi nada se entiende o es posible sin ella. Al menos en Europa.

Con más de 64 millones de habitantes (66,7 millones con los territorios de ultramar), Francia es también el segundo país más poblado de la Unión Europea tras la potencia germana, gran adversario de las devastadoras guerras mundiales sucesivas del siglo XX y, sin embargo, cofundadores y firmes aliados del proyecto de construcción de Europa desde mediados de la última centuria. El ya endémico pesimismo francés, que arrastra el fantasma del declive desde el final de los Treinta Gloriosos –el período de crecimiento acelerado tras la II Guerra Mundial, entre 1945 y 1975–, afronta su punto crítico en la nueva cita en las urnas tras el decepcionante quinquenio socialista presidido por François Hollande. El histórico eje franco-alemán está, pues, también en juego y con él la propia idea de Europa.

Una vez más, la elección presidencial en doble vuelta (23 de abril y 7 de mayo) del presidente de la República Francesa polariza la atención europea y mundial, en esta ocasión bajo el doble impacto del portazo británico a la Unión Europea, seguido de la estrepitosa irrupción de Donald Trump al mando de la primera potencia militar y económica del globo, al otro lado del Atlántico. La elección constituye, pues, un test de gran trascendencia no sólo para los propios franceses, sino para el conjunto de la comunidad europea e internacional. Esta vez, la amenaza es la virtual llegada de la ultraderecha al poder en Francia, a la espera de lo que suceda en las elecciones de septiembre en Alemania. El espantajo de un "efecto dominó" entre Washington, Londres, París y Berlín asoma por momentos.

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El papel de las emociones en la jornada escolar

Una clase de etapa infantil

Una criatura que disfrute de sus años en la etapa de infantil, cuando estos años están cargados de momentos felices, será una persona sana en el futuro. Los recuerdos positivos permanecen en nuestra memoria marcando una impronta que permanece viva en años posteriores. Una criatura que ha vivido ricas experiencias, acordes a sus necesidades, capacidades y ritmo evolutivo, que además ha sido querida, amada y respetada por encima de todo, tendrá mayores posibilidades de ser una persona adulta con grandes capacidades. Si esto se acompaña con un apoyo mutuo en el grupo de iguales y un respeto profundo a la libertad individual en un proceso cargado de afecto, estaremos contribuyendo a hacer de la infancia una etapa plena y feliz. El afecto mueve el mundo.

Sin embargo, a pesar de su máxima importancia, a veces se nos olvida la necesidad de trabajar las emociones en la vida cotidiana y, de manera sorprende, en nuestras aulas.

Docentes y alumnado solemos estar inmersos en una vorágine social de horarios rígidos, estructuras espaciales de contención, fiestas pomposas, a veces extra valoradas, todo ello rodeado de contenidos que se dan y se absorben a velocidades máximas; una rutina diaria en la que la rapidez es lo importante, donde la eficiencia es sinónimo de una buena labor profesional y en la que la visibilidad de lo que se hace es lo fundamental, pareciendo así que damos mayor valor a nuestra profesión docente.

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Han matado a Terry, han roto el paisaje

Una grua quita el cartel de Terry de la plaza Molina de Barcelona

El oficio que más me gusta, que diría Joan Salvat-Papasseït, es caminar por Barcelona. Es agradable porque de noche los transeúntes, salvo los escasos curiosos, van a la suya y la ciudad se vuelve una inmensa cuadrícula vacía. Una de mis rutas favoritas consiste en salir de las estribaciones de plaza y caminar hasta Horta perdiéndome entre el Laberinto de calles.

Hace poco lo hice y, para preparar un artículo, quise ir al carrer de Sant Elies para dar con la casa donde vivió durante una buena temporada Carlos Barral, uno de los grandes olvidados de nuestra cultura. Dejé atrás plaza Molina, ascendí unos metros y ahí estaba, yerma y desolada, sólo enfocada por esas luces nocturnas más estridentes si las avenidas se estrechan.

Rehíce el camino para adentrarme al barrio de Gracia y algo turbó la normalidad. Barcelona, como cualquier otro lugar del mundo, tiene una serie de partículas mínimas que identifican zonas de su planisferio. Para mí el camino hacia plaza Molina desde la calle Balmes se identificaba con la publicidad de Terry en un muro destinado a tener esa función, y así lo atestigua una fotografía de los años cuarenta. En ese espacio no podía ir otra cosa. Me va.

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¿La guerra de Siria? ¿Qué guerra de Siria?

Imagen de archivo de Siria

Cada día los medios de comunicación nos hablan de la actual guerra de Siria. El problema es que hablan de ella sin explicarla. La gente acaba por desinteresarse de un conflicto que no entiende, hasta parecerle lejano, endémico, casi rutinario. El martirizado Próximo Oriente mediterráneo no nos resulta nada próximo, a pesar de formar parte de la misma cuenca que nosotros, a menos de 5.000 km de distancia.

La pasada semana el presidente Donald Trump ordenó lanzar 56 misiles Tomahawk, desde dos destructores norteamericanos con base en Rota (Cádiz) que surcaban el Golfo Pérsico, contra la base aérea siria de Shayrat, de la que partieron los aviones que atacaron con bombas químicas la población civil de una localidad en manos de los rebeldes, igual como anteriormente el gobierno sirio bombardeó la localidad de Guta con las mismas bombas de gas sarín o la ciudad de Alepo con bombas de cloro. Los misiles, por su lado, eran del mismo modelo que Estados Unidos usó en 1991 contra el vecino Irak, en 2011 contra Libia o en 2016 contra el Yemen, sin ningún otro resultado que prolongar la guerra en los países árabes de la zona.

Siria fue troceada por las potencias coloniales: Transjordania y Palestina pasaron bajo mandato británico y Líbano y una disminuida Siria bajo mandato francés. Alcanzó la independencia formal en 1946. Los sucesivos golpes de Estado militares, a menudo con ayuda soviética, llevaron al poder en 1970 el partido laico Baas del presidente Hafez el-Assad.

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Las palabras de Bonvehí y la búsqueda de la veracidad

Los periodistas sabemos que siempre existen diferentes versiones de la realidad, pero también conocemos que nuestro deber es acercarnos lo más posible a la verdad. A menudo necesitamos el paso del tiempo, la confesión de los protagonistas o largas investigaciones para conocer qué ocurrió. Otras veces, la 'verdad oficial', la que el poder cuenta con el propósito de escribir un relato lo más hegemónico posible, es puesta en cuestión de una forma mucho más rápida. Es una 'verdad construida' que el periodista tiene la obligación de contrastar con la veracidad de los hechos.

Esto es precisamente lo que hemos hecho Catalunya Plural y eldiario.es cuando hemos publicado las palabras del número dos del PDECat, David Bonvehí, pronunciadas, y grabadas, durante una reunión con militantes del partido. Un documento que pone en cuestión la 'verdad oficial' y que revela que la nueva Convergència tiene un plan 'b' a la hora de afrontar la culminación del llamado 'procès'. Un plan oculto a la opinión pública.

El episodio y la cadena de reacciones que ha desencadenado nos llevan a compartir unas reflexiones sobre el papel del periodismo. 

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La muerte tiene un precio (muy caro) en Barcelona

Barcelona creará una funeraria municipal para abaratar un 30 % los entierros

Morir en Barcelona es muy caro. Fácilmente, si no se dispone de un seguro, la factura puede alcanzar los 5.000, los 7.000 o los 10.000 euros. Estos son los precios en los que se mueven las facturas de distintos ciudadanos a las que ha tenido acceso la Síndica de Greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, y lo que últimamente han abonado personas cercanas.

Son cifras, en mi opinión, desproporcionadas, más propias de un producto de lujo que de un servicio esencial, como es el caso. Más pronto o más tarde, todos falleceremos. Y eso convierte la muerte, por ahora en Barcelona, en un negocio seguro.

Pero el precio final no es el único problema. También hay que tener en cuenta las condiciones en las que una persona se enfrenta a estas situaciones. A las pocas horas del fallecimiento, en ocasiones de manera repentina, y en poco rato, la familia tiene que decidir, desanimada y triste, cómo quiere y lo que se gasta en la despedida de la persona querida. A esto hay que añadir, generalmente, la falta de información y el desconocimiento sobre cuáles son los servicios necesarios que se deben contratar y de los que se puede prescindir.

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¿Veremos el fin de la pena de muerte?

Imagen de archivo sobre la pena de muerte en Estados Unidos

Este año se cumplen justo cuarenta años desde que Amnistía Internacional lanzó la primera campaña para conseguir la abolición de la pena de muerte en el mundo. En aquel lejano 1977, sólo 16 países eran abolicionistas. En 1997, veinte años después, la cifra ya se había elevado a 64. Y este año podemos hablar de 104 países que han eliminado la pena de muerte de su legislación, más de la mitad de países del mundo. Si sumamos a esta cifra la de los países que son abolicionistas en la práctica –es decir, que mantienen la pena de muerte pero que no la aplican, y algunos desde hace décadas– ya nos situamos en los 141 países, el 70% del total.

Sin duda son buenos datos, los mejores de la historia. Son cifras que nos señalan que, en estos 40 años, el recurso a las ejecuciones por parte de los estados se reduce, lenta pero inexorablemente, y que el horizonte del final de la pena de muerte está más cercano. Pero, ¿veremos su fin en un futuro más o menos próximo, en pongamos veinte, treinta o cuarenta años más? 

En el análisis de los datos y estadísticas sobre pena de muerte que publicamos cada año por estas fechas intentamos responder a esta pregunta pero no lo logramos totalmente. Hay quien ve el vaso medio vacío. Hay quien lo ve medio lleno. Y ciertamente los datos pueden avalar las dos posiciones.

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Luz y pasión en todo

La socialista Carme Chacón.

Aún no me hago a la idea de la muerte de Carme. Hace poco nos encontramos por la calle de casualidad y la vi con las mismas ganas y empuje de siempre de hablar de política, preocupada por el futuro del partido y del país. La vi muy feliz con sus nuevos proyectos profesionales y de poder dedicar más tiempo a su hijo Miquel. Dejar la primera línea y aligerar la agenda te libera de este sentido de culpa que, al menos a las mujeres, siempre nos acompaña.

Carme Chacón abrió nuevos caminos y aportó luz y pasión a todo lo que hizo. Ella no concebía entregarse a medias. Se daba al 100%. Lo hizo como concejal en su amada Esplugues, como diputada en el Congreso, desde donde defendió el mundo de la cultura o un nuevo sistema educativo de consenso, con una pasión que le era innata. Quedan pendientes muchos agradecimientos.

Hoy podemos recordar como, por ejemplo, impulsó en el Congreso una escuela infantil. Todos los funcionarios y personal de la casa y también los diputados y diputadas pudimos disfrutar de este servicio gracias a su impulso. Hoy también podemos recordar su aportación más humana desde el Ministerio de Defensa del Gobierno de España, con la ley Orgánica de derechos y deberes de las Fuerzas Armadas o la renta básica de emancipación desde la cartera de Vivienda.

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