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Las almas rotas de Convergència

Las dos almas de Convergència podrían escenificarse en el Palau de la Música. Una en la protesta antifranquista del 1960 que llevó a Jordi Pujol a la cárcel. La otra en la corrupción del Caso Palau. Existe también un catalanismo conservador implicado en la construcción de la democracia y la libertad, pero también una minoría intolerante y fanática. Por esto la vieja Convergència necesita recuperar sus almas rotas.

El mito de Jordi Pujol sobre el que se construyó Convergència Democràtica de Catalunya nació en el Palau de la Música. El 19 de mayo de 1960, durante la celebración del centenario del poeta Joan Maragall, un grupo de jóvenes del movimiento Cristians Catalans lanzó octavillas contra la dictadura franquista. Jordi Pujol fue uno de los organizadores de la protesta. Detenido junto a otras diecinueve personas, acabó condenado a siete años de cárcel, de los que cumplió dos y medio. El acontecimiento pasó a la historia como Els Fets del Palau ('Los Hechos del Palau') y como el inicio de la trayectoria política de Jordi Pujol.

Casi 57 años después, el escenario es el mismo, pero ahora los ‘hechos del Palau’ son el reverso de la moneda. Representan la corrupción sistémica en la que cayó la obra política de Jordi Pujol. Y como metáfora es demoledora. Uno de los símbolos de la cultura catalana y del catalanismo convertido en tapadera para canalizar la corrupción política.

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La aparatosidad de las cuatro gotas de petróleo de Tarragona

En toda España no queda ya en actividad ningún yacimiento terrestre de petróleo. Los tres submarinos de Tarragona proporcionan el 0,2% del consumo anual del país, pese a la aparatosidad e incidencias del complejo petroquímico de la ciudad. La producción española de petróleo, hoy concentrada exclusivamente en Tarragona, cabría en uno solo de los numerosos buques-cisterna que descargan en los puertos habilitados.

El primer yacimiento petrolífero explotado comercialmente en España ya fue submarino. El Amposta, a pesar del nombre que le dieron, se encontraba en aguas de Castellón. Desde 1968 hasta cerrar por agotamiento, en 1988, proporcionó seis millones de barriles de crudo.

La entrada en servicio en 2012 de dos nuevos pozos submarinos tarraconenses, bautizados como Montanazo y Lubina, triplicó la producción aportada hasta entonces por el vecino pozo Casablanca, en actividad a 50 km de la costa de Tarragona desde 1982. La pequeña producción global de los tres es de unos 6.000 barriles diarios, frente al millón y medio de barriles diarios que consume el conjunto de España.

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Que nos encuentren en la calle

Protestas contra el decreto migratorio de Estados Unidos en Glasgow.

Tiempo atrás habría sido exagerado comparar la actual situación política global con los peligros de la Europa y del mundo de los años 30. Pero ahora creemos que la cuestión es pertinente: ¿Estamos regresando a la misma atmósfera peligrosa que precedió a la Segunda Guerra Mundial?

En el reciente informe anual de Amnistía Internacional alertamos de que 2016 fue un año horrible para los derechos humanos, caracterizado por una manipulación venenosa y divisiva por parte de gobernantes que, utilizando la retórica del "nosotros contra ellos" y de "demonización del otro", azuzaron el odio y el miedo para ganar votos. Si nuestros gobiernos continúan recurriendo a estas políticas y pidiendo descaradamente limitaciones a las libertades civiles, la igualdad, la privacidad y otros derechos humanos, las consecuencias pueden ser terribles.

Trump, Orbán en Hungría, Erdogan, o Duterte en Filipinas se consideran antisistema y mantienen una agenda tóxica que persigue y convierte en chivos expiatorios grupos enteros de personas, buscando deshumanizarlos. ¿Inseguridad? Los culpables son los inmigrantes irregulares y los refugiados, dicen. ¿Drogas? Los culpables son los consumidores y los traficantes y hay que exterminarlos, añaden. Y así todo.

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Comuns y Círculos: Compartir ADN para ser hermanas

Una vez finalizado Vistalegre 2, en Catalunya afrontamos el reto de solidificar un espacio político que en el intenso ciclo electoral de 2015 y 2016 ha tenido diversas formas y nombres. De todas estas formas, la que sin duda resultó más exitosa fue la de En Comú Podem, capaz de ganar dos veces consecutivas las elecciones en Catalunya. En Comú Podem ganó en comarcas donde Junts Pel Sí había ganado unos meses antes, pero también en distritos y municipios donde lo había hecho Ciudadanos. En Comú Podem supo ser la expresión política del lema candeliano "Catalunya, un sol poble" poniendo en primer plano la democracia como proyecto político frente a la crisis económica que castiga a los sectores populares y a la crisis territorial del modelo de estado postaznarista. ¿Cómo lo consiguió? Seguramente se lo debemos al liderazgo de Xavi Domènech, quien entendió que "Catalunya, un sol poble" no es una verdad antropológica, sino una construcción política. Cuando apelamos al pueblo no lo hacemos para describir una realidad étnica, sino para construir un sujeto opuesto a las élites. Eso es lo que nos sitúa en las antípodas de Donald Trump y Marine Le Pen. También es lo que nos hizo ganar dos elecciones en Catalunya recibiendo voto de ERC y de C’s.

El objetivo que encaramos estos próximos meses es ser capaces de armar un proyecto político que siga construyendo "un sol poble". Tenemos que ir más allá de la reclamación de un referéndum para también ser capaces de dar una respuesta superadora del 48% versus el 35%. No nos sentimos cómodos ni en el statu quo ni tampoco en continuar un processisme que se ha convertido en el mecanismo de Convergència i Unió para conservar el poder. Pero tampoco vamos a aceptar la pista de aterrizaje fiscal que pueda ofrecer Soraya Sáenz de Santamaría. La única salida es el reconocimiento de Catalunya como nación, punto de encuentro del 80% de catalanes y catalanas y punto de desencuentro con España desde la ruptura del sistema de garantías territoriales del postaznarismo.

La tarea principal será poner en el centro de la política las condiciones materiales de vida de la mayoría de catalanes y catalanas: empleo, condiciones de trabajo, salarios, rentas e ingresos, el acceso a la vivienda, a la luz, gas y agua. Ser un proyecto capaz de ofrecer certezas inmediatas y un horizonte de vida cargado de expectativas cumplidas y aspiraciones realizables. Incorporar a los sectores populares, junto a sus experiencias en conflictos y luchas, en la primera fila.

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De la movilización a los derechos en la Frontera Sur

Imagen de archivo de varios migrantes encaramados a la valle de Ceuta.

"Queremos acoger, basta de excusas" ha sido el lema de la manifestación que ha tenido lugar este sábado en Barcelona. Una de las reivindicaciones que se hicieron desde la marcha fue el derecho a las vías legales y seguras para que las personas puedan migrar con el foco puesto en la frontera sur española. El día antes de la manifestación entraron 498 personas por la valla en Ceuta, y ayer, lunes, repitieron la operación 365 más. Casualmente dichas entradas tuvieron lugar a los pocos días de que el Ministro de Agricultura Marroquí, Aziz Akhannouch, en plenas negociaciones con la Unión Europea, alertara de que "¿por qué vamos a seguir haciendo de gendarmes con la emigración?". "El problema de la emigración es que es muy costoso para Marruecos y Europa debe apreciarlo en su justo valor", recalcó.

A pesar de que países como Italia y Grecia estén en el centro de la agenda mediática y política actual en relación a los flujos migratorios que vienen llegando de manera más significativa desde hace dos años, no debemos olvidar la frontera sur del estado español como espacio de excepcionalidad jurídica y de vulneración sistemática de los derechos humanos. Leemos el momento y la fuerza que ha generado una de las mayores manifestaciones a nivel europeo a favor de las personas migradas y refugiadas como la oportunidad para visibilizar la situación en la frontera sur y encaminarnos hacia cambios efectivos que contribuyan a que, como mínimo, se respete un marco legal y los derechos de las personas que tratan de entrar en territorio español en la frontera sur.

Muchas veces se habla sólo del número de personas que consiguen cruzar la valla. Sin embargo, ¿qué pasa con las personas que intentan cruzar la valla pero no lo consiguen? La respuesta de las organizaciones que trabajan en el terreno es unánime. Tras un salto hay muchísimos heridos debido a la valla, así como debido a la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes en el caso de que sean interceptados o devueltos. Los que no acaban en el hospital y no logran escapar, son detenidos y transportados a cientos o miles de kilómetros. Se calcula que entre 1.500 y 2.000 personas se encuentran actualmente en los bosques que rodean la ciudad de Nador (Marruecos) a la espera de poder cruzar y otras tantas en las zonas existentes entre Tánger y Ceuta. Las condiciones en los bosques donde habitan no solo son pésimas por el frío, la extrema precariedad y el hambre que pasan, sino que también son peligrosas debidas a las redadas que frecuentemente efectúa la policía marroquí.

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Queda demostrado que también nos roban el fútbol

Solo he encontrado una forma de consolarme del desastre del FC Barcelona ante el París Saint Germain en la Champions: recordar que el fútbol en general se ha visto saqueado los últimos años por las grandes potencias del mercantilismo, convertido en un producto de alta rentabilidad (publicitaria, inmobiliaria, televisiva) y amputado de la condición de referente sentimental que siempre tuvo para cada masa de seguidores. El consuelo puede que sea magro, pero a algún clavo ardiente tenemos que aferrarnos mientras no vuelvan los días de gloria.

El ex jugador y entrenador argentino Ángel Cappa acaba de publicar en la editorial española Akal, conjuntamente con su hija periodista María Cappa, el libro También nos roban el fútbol. Apasionante, documentadísimo, implacable.

No se distingue por la amenidad de su prosa ni por la capacidad de síntesis, sin embargo la mina de datos objetivos aportados dibuja un informe demoledor sobre los intereses legales o ilegales, morales o inmorales, que han determinado la evolución del negocio del fútbol hasta hoy mismo, tanto a nivel local como global, privatizado por las televisiones de pago, infiltrado por la corrupción y globalizado por el neoliberalismo rampante.

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Parar al PP, también en la contratación pública

Cuando las administraciones públicas compran bienes y servicios inciden de manera decisiva en la orientación de la economía. El contrato municipal de la luz en Barcelona, que se está resolviendo estos días, es un buen ejemplo de ello. No es lo mismo incluir cláusulas que obliguen a las empresas adjudicatarias a evitar cortes de suministros que no hacerlo. No es lo mismo dividir los contratos en lotes para abrir espacio a las pequeñas y medianas empresas o a las cooperativas, que favorecer a los oligopolios energéticos de siempre.

En diciembre del año pasado, representantes municipales y organizaciones sociales y ecologistas suscribimos la llamada Declaración de Málaga. En ella sosteníamos que la contratación pública debía ser un instrumento de transformación socioeconómica. Y que para eso era necesario superar algunas prácticas dominantes en los últimos años.

Bajo la hegemonía de los discursos neoliberales, en efecto, las administraciones han tendido a otorgar a la oferta económica más baja un papel predominante a la hora de adjudicar contratos. Con ello, el poder público ha contribuido a menudo a reforzar los peores aspectos del actual modelo económico: precarización laboral, crecimiento de la brecha salarial entre hombres y mujeres o disminución de los estándares ambientales. Y no solo eso. Con frecuencia, la opacidad que ha rodeado las prácticas de contratación ha sido caldo de cultivo para la corrupción, el trato de favor de las empresas del IBEX e incluso la financiación ilegal de los partidos tradicionales.

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¿Qué cualidades debe tener un buen maestro?

“La vista no puede ser vista”, no olvidaré nunca esta frase. Primero, porque el profesor la repetía sin cesar y en segundo lugar, porque por más que la escuchaba, no la entendía. Quien hablaba era ese profesor con la nariz altiva, el que nos miraba a nosotros, a los alumnos, con aborrecimiento. Era el mismo que nos decía que estaba estudiando para abogado porque los estudiantes no valorábamos la filosofía. “Sois una pérdida de tiempo”. Ese año suspendí la filosofía de bachillerato y, por supuesto, la odié también. A pesar de lo “bueno” que era el profesor en el tema, nunca consiguió que entendiéramos la filosofía ni que empatizáramos con ella; y mucho menos que la amáramos o, en su defecto, que nos gustara un poco.

Para suerte mía, y de muchos otros alumnos como yo, al año siguiente el profesor cogió la baja y llegó al instituto una profesora que nos hizo ver a los “grandes pensadores” y a los conceptos filosóficos desde otro punto de vista. Ese año aprobé con muy buenos resultados filosofía y años más tarde me matricularía en la carrera de Filosofía y letras.

Todos hemos tenido todo tipo de maestros, y todos recordamos con especial cariño a algunos de ellos. A veces incluso recordamos frases, o gestos que, en su momento (sin saberlo), calaron en nosotros para siempre. Y esto demuestra algo muy obvio pero poco tenido en cuenta: muy a menudo nos enseñan más las personas como personas, que el conocimiento que éstas puedan tener. Como maestros, seguramente no lleguemos a saber nunca si formamos parte del recuerdo grato de alguno de nuestros alumnos (siempre quiero pensar que sí, aunque solo sea uno). Lo que sí podemos hacer es acercarnos a la visión que tienen, interesarnos por aquello que, como alumnos, valoran de sus profesores. Y es que por jóvenes que sean, los alumnos saben bien qué es lo que les gusta y lo qué no, lo que les ayuda a aprender y lo que no.

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El 3% del puerto, Joaquim Tosas y el ingeniero Moll

Parece evidente que el juez de El Vendrell que investiga el llamado caso del 3% ha topado con otra investigación judicial abierta hace unos años sobre irregularidades en el Puerto de Barcelona. En concreto, en el juzgado de instrucción número 5 de Barcelona. Tan evidente como que Sixte Cambra no tiene nada a ver con ello, puesto que la denuncia que da pie a este otro sumario, presentada por el mismo Puerto de Barcelona contra las constructoras del Dique Este, data de 2010, cuando el presidente de la autoridad portuaria era el socialista Jordi Valls, y los hechos supuestamente irregulares se remontan a una obra adjudicada en 2001, cuando el presidente era el convergente Joaquim Tosas Mir.

Sinteticemos. En septiembre de 2001 la Autoridad Portuaria de Barcelona (APB) adjudica las obras de alargamiento del Dique Este (el famoso rompeolas dónde varias generaciones habían aparcado el coche para disfrutar de la intimidad de la noche) a una UTE formada por FCC Construcciones, Construcciones Rubau, Ferrovial-Agroman y Copisa (las empresas registradas en la operación del día 2) por un importe de 197 millones de euros. Eran unas obras complejas y costosas pero absolutamente imprescindibles para abrigar la ulterior ampliación del recinto portuario. Ahora en el rompeolas ya no hay intimidad que valga, sino miles de cruceristas embarcando y desembarcando a diario.

Las obras del dique se alargan hasta el 2008, y en algún momento de este proceso, seguramente hacia el final, la autoridad portuaria descubre que ha estado pagando por unos costes que sólo se han producido en la ficción documental, puesto que la UTE ha hecho ver que había puesto 865.000 toneladas de piedra más de las reales, además de haber usado materiales de calidad muy inferior al facturado. Dependiendo de las informaciones publicadas cuando estalla el caso y el puerto presenta la denuncia, se estima que la presunta estafa oscila entre 7 y 9 millones de euros, que es algo más del 3% del presupuesto total de la obra. El sumario todavía está pendiente de juicio y lo último que se publicó (no hace mucho, a finales de noviembre de 2016) es que el fiscal pide siete años de prisión para nueve directivos de estas constructoras.

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Acción comunitaria: oposición de proximidad a las desigualdades estructurales

Encontramos demasiadas consciencias avezadas a las continuas muestras de discriminación, de violencias, y, en definitiva, de atentados a la igualdad de género y social, con las que convivimos a diario.

Ejemplos de la crudeza con la que se nos presentan algunas de estas desigualdades estructurales son el abandono político de las personas refugiadas (de las migradas, de hecho) o el goteo de asesinatos por violencia machista. Son dos de los ejemplos más mediatizados y que consiguen provocar denuncia colectiva. Ahora bien, desgraciadamente, y sin minimizar su valor, el rechazo no es suficiente para generar un proceso de transformación que asegure sociedades más justas en los próximos años.

Son miles, también, los ejemplos de discriminaciones cotidianas, que cualquiera de nosotras experimenta o conoce en su entorno más inmediato, y que pasan desapercibidas en demasiadas ocasiones. Son violencias que se normalizan sistemáticamente, sin despertar ampliamente la conciencia individual ni colectiva

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