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Desmemoriados.org

El Grupo de Trabajo Desmemoriados está compuesto por personas comprometidas con la construcción y la preservación de la Memoria Colectiva de Cantabria. Desde el espacio crítico de La Vorágine, Desmemoriados trabaja de forma abierta y plural en proyectos que ayuden a difundir el legado común de la lucha por una sociedad digna, y aporta herramientas metodológicas y tecnológicas para  la conservación y divulgación de las voces y los elementos documentales que conforman la memoria colectiva de Cantabria.

Desmemoriados aborda así proyectos concretos de recuperación, conservación y difusión de esa memoria así como alimenta y comparte una base de datos de acceso público con fotografías, documentos, testimonios, pegatinas, carteles… que documentan, siempre de forma incompleta, la trayectoria social y política desde la II República hasta los años 90 del siglo XX.

Oportunidades para la paz: el movimiento antimilitarista en Cantabria

El Consejo de Ministros del 9 de marzo de 2001 aprobaba un Real Decreto por el cual el 31 de diciembre de ese mismo año sería el último día de existencia de la mili obligatoria en nuestro país. A partir de entonces, España contaría con un ejército profesional. El decreto que suspendía, pero no derogaba la mili, acababa de hecho con una de las obligaciones más impopulares y denostadas por buena parte de la sociedad, rechazo que por diversas causas había estado presente desde el principio de su imposición. Del impacto que el servicio militar tuvo entre la juventud española da cuenta de la multitud de signos que ha dejado en la tradición de nuestros pueblos. El llamamiento a filas se constituyó en el signo del paso entre la mocedad y la edad adulta. 

La idea de objeción de conciencia al servicio militar no es ajena a la tradición. Durante toda la historia de la mili encontramos ejemplos de negativa a esta obligación por motivos económicos, de seguridad personal, o políticos, entre otros, aunque no sería hasta los años 70/80 del siglo pasado cuando se organizó la lucha aprovechando el mayoritario apoyo social a su abolición. Del mismo modo, los intentos de regular alguna forma de objeción de conciencia se dieron desde muy pronto, incluso durante el franquismo, donde se llegó a tratar en las Cortes sin éxito.

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Contra el olvido institucional: cuatro décadas de solidaridad ciudadana con el pueblo saharaui

Las tres fotografías tomadas por Manuel Alcalde que constituyen el documento del mes presentan diferentes momentos de la que para Cantabria fue la primera Caravana de Solidaridad con los Refugiados Saharauis en la que participaba activamente. Las imágenes, que datan de febrero de 1993, hace ahora casi 25 años, muestran el embarque desde el puerto de Alicante hasta el de Orán (Argelia), la llegada a los campamentos de refugiados de Tinduf y un acto de bienvenida a la Wilaya de Aaiún (una de las divisiones organizativas que conforman dichos campamentos).

La iniciativa, protagonizada por organizaciones de solidaridad de ámbito estatal, contó en Cantabria con la coordinación del Comité de Solidaridad con los Pueblos-Interpueblos, que con la colaboración directa de nueve personas voluntarias se sumó a la empresa colectiva aportando un camión de gran tonelaje y dos vehículos todoterreno para transportar medicinas, alimentos, ropa y demás útiles.

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Los estudiantes y la larga travesía: de la postguerra al final de la transición

Con el final de la guerra civil y la implantación del nuevo régimen, el nacional-catolicismo se convirtió en el plan de estudios de los niños de la época. Se establecía que la enseñanza tenía que ser "confesional, patriótica, social, intelectual, obligatoria, gratuita, con separación por sexos y en castellano en todo el Estado". La educación se imbuía así de los rasgos distintivos del bando triunfante, enmarcada dentro de una política fundamentada doctrinalmente en el derecho de la victoria, según refería el propio Franco.

Los proyectos educativos de la República fueron abandonados y muchos maestros fueron condenados, depurados y obligados a abandonar su profesión. El ministro de Educación Nacional, hasta 1951, fue José Ibáñez Martín. La inicial disputa interna que se planteó entre Falange y la Iglesia española por el control de la enseñanza se saldó a favor de la segunda, que impuso su ideario y principios, en los que se abundará más adelante.

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Un blindado llamado 'Santander': Los españoles que entraron en París

El 24 de agosto de 1944 fue el último día en el que la ciudad de París estuvo ocupada por los nazis. Las tropas alemanas habían invadido oficialmente la mitad de Francia, incluyendo la capital, el 22 de junio de 1940, fecha en la que Adolf Hitler exigió que la firma del armisticio se realizara en el mismo vagón ferroviario en el que, 22 años atrás, Alemania había rendido armas a las tropas aliadas, concluyendo de ese modo la llamada Primera Guerra Mundial. El general Pétain, héroe francés en esa contienda, fue el artífice por parte gala de esa claudicación, formando a partir de entonces un gobierno, el de Vichy, que durante los años que siguieron colaboró abiertamente no solo con el Tercer Reich, sino también con la España fascista de Franco.

En la tarde del mencionado 24 de agosto, la población de París contempló alborozada cómo varios blindados ( half-tracks) conducidos por soldados con uniforme estadounidense, acompañados por integrantes de la Resistencia, avanzaban desde las afueras de la ciudad, siguiendo el curso del Sena, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

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El nacimiento de una región: los orígenes de la autonomía de Cantabria

Tras la muerte del dictador se inició el proceso de democratización de la sociedad española, lo que conllevó la sustitución de los obsoletos instrumentos de control socio-políticos por otros más acordes a los nuevos tiempos. Entre otros muchos aspectos de interés puestos en solfa tras la nueva situación reaparecía -pues no era una cuestión nueva aunque lo pareciera por el tiempo que llevaba arrinconada- la cuestión territorial del Estado: cómo encajar los diferentes anhelos regionalistas y nacionalistas. No olvidemos que este tema se convirtió en uno de los caballos de batalla de los demócratas españoles para luchar contra el Estado opresor que soportaban durante demasiados años.

Fruto de todo esto, se incluyó en la Constitución española de 1978 la existencia de España como nación, junto con el reconocimiento de estatutos de autonomía para los diversos territorios del Estado. Como es bien sabido, esto se desarrolló a través de dos vías claramente diferenciadas: por un lado, las comunidades consideradas históricas (un reconocimiento a las reclamaciones más “fuertes” de Cataluña, Galicia y Euskadi, más la incorporación de Andalucía), a través del artículo 151, a quienes se les concedía mayores cotas de autogobierno y el reconocimiento de su singularidad cultural; por otro lado, el resto de las regiones, quienes irían por una vía más lenta y con menores reconocimientos, se acogerían al artículo 143 de la Constitución española. Por si la inclusión de Cantabria en este segundo grupo pudiera acarrear para alguien la sensación de un cierto fracaso, es preciso valorar el enorme esfuerzo que supuso su simple reconocimiento como autonomía, dadas las inercias “centralistas” o “castellanistas” existentes, no solo a nivel estatal, incluso en el propio ámbito  regional.

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El fin de la Agrupación Guerrillera de Santander: la resistencia que subió al monte

Esta historia la empezaremos por el final. La fotografía fue tomada el día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial de Santander, un día de "fiesta", mientras estos hombres estaban a la  espera de ser juzgados. Es desconcertante verlos posar con cara sonriente y con gesto de orgullo y camaradería. Era un día especial en que se permitía la convivencia con sus hijos y fotografiarse. Esta foto es tanto una prueba de vida y de ánimo para las familias, cómo una manifestación de resistencia. Habían sido colaboradores de la Guerrilla, en concreto de la Agrupación Guerrillera de Santander y sus detenciones estuvieron relacionadas con su final.

Cuatro años antes, en octubre de 1948, Dolores Ibarruri, Francisco Antón y Santiago Carrillo, como máximos dirigentes del PCE, mantuvieron una reunión con Stalin, que les sugirió un cambio táctico: reducir las fuerzas guerrilleras, dejar unos cuantos grupos encargados de la protección de los organismos del Partido y empezar a infiltrarse en el sindicato vertical. O dicho de otra manera, esta estrategia no contaba ya con el apoyo de la Unión Soviética. La Segunda Guerra Mundial había acabado, el mundo se había dividido en dos bloques y España había quedado bajo la influencia de Estados Unidos. Las potencias aliadas, incluida la URSS, habían demostrado que no tenían intención de cumplir la promesa hecha al calor de la contienda bélica: apartar a los regímenes que habían apoyado a Alemania e Italia.

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Curas rojos a Moscú

El semanario integrista ¿Qué Pasa? calificaba con la elocuente etiqueta de "curas progresistas" a los sacerdotes de la Diócesis de Santander que apoyaron la huelga en la factoría de Standard Eléctrica de Maliaño en febrero de 1967. Ni era la primera vez ni sería la última que algunos curas de Cantabria iban a apoyar las reivindicaciones de los trabajadores poniendo de manifiesto la existencia de una Iglesia militante en la oposición al franquismo.

Al finalizar la guerra civil, la Iglesia española se convirtió en una de las bases más firmes del nuevo régimen, en el que el nacionalcatolicismo iba a marcar las formas de la vida cotidiana de los españoles. La educación, los espectáculos o la cultura, todo era susceptible de ser aceptado o no por las autoridades religiosas. La apabullante presencia del ritual católico iba a inundar los pueblos  y ciudades.

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Carta del Sindicato clandestino de la Guardia Civil a los obreros de Reinosa

Gonzalo Ruiz, obrero de Forjas y Aceros de Reinosa, murió el 6 de mayo de 1987 en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, después de 20 días de hospitalización, víctima de la indiscriminada y brutal actuación  que la Guardia Civil desplegó contra la población el día de Jueves Santo de aquel año.

Días después llegó a la sede comarcal de CCOO un sobre que contenía la carta que reproducimos, acompañada de cuatro panfletos escritos con plantillas de letras para rotular. La autoría del envío, dirigido al secretario local, era asumida por el Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC), cuyo carácter clandestino queda explícitamente reseñado por el propio emisor en la primera línea de la carta. A esta condición se añade la de estar perseguido por lo que constituyen los principios rectores de esta organización: la desmilitarización del cuerpo y la libertad de sindicación, entendidos como derechos constitucionales.

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Cuando los vecinos se unen por el derecho a la educación: Escuela Popular 11 de Abril

En la noche del 10 al 11 de abril de 1977 los vecinos del Barrio San Francisco, situado en la ladera norte del Paseo del Alta en Santander, ocuparon un local abandonado propiedad de la empresa constructora Nurbasa en los bajos del portal número 43 y, tras varias horas de trabajo, limpiando escombros, luciendo paredes, alicatando y colocando suelos, transformaron un espacio diáfano en una escuela.

En la mañana del lunes, 11 de abril, aproximadamente 40 niños y niñas en edad preescolar, bajo la supervisión de un maestro, comenzaron las clases en sus mesas nuevas y recién pintadas con total normalidad. La misma normalidad con la que el vecindario satisfecho observaba desde las ventanas la algarabía de madres, padres y niños a la puerta de la recién bautizada Escuela Popular 11 de abril.

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Reinosa, la evolución de un conflicto con la reconversión industrial de fondo

El conflicto que estalló en Reinosa en la primavera de 1987 se explica en el contexto de la reconversión industrial impulsada por el Gobierno socialista y en las consecuencias que tuvo sobre la comarca campurriana, especialmente por la destrucción de empleo industrial. Los términos más adecuados para enmarcar y describir este proceso confrontan, como casi siempre, el relato oficial con la realidad.

En el caso de lo sucedido en la primavera de 1987, la disputa no fue menor. La prensa calificó los hechos con términos que fueron variando desde los más asépticos como incidentes o sucesos, para ir haciéndose cada vez más gruesos: disturbios, revuelta, polvorín o batalla campal.

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