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Ignacio Muro Benayas

Ignacio Muro Benayas es economista, analista social y experto en nuevas tecnologías y el mundo de la información. Forma parte del grupo impulsor de Economistas frente a la Crisis, es profesor de periodismo en la Universidad Carlos III y director del Instituto para la Innovación Periodística. Preside Asinyco (Asociación Información y Conocimiento) y edita el blog colectivo Poli-TIC.net.

Grecia, España y la reestructuración de la deuda: ¿llegamos tarde?

Los problemas sociales encuentran una solución adecuada a las relaciones de poder en cada momento. Si, durante años, unos son capaces de esconderlos y camuflarlos mientras otros llegan tarde a desentrañarlos y a enfrentarse a ellos, entonces, suele ocurrir que los escenarios políticos cambian. E incluso cambia la naturaleza del problema. Eso está pasando con la deuda: cuando los ciudadanos griegos y de otros pueblos del sur despertaron, ni los deudores ni los acreedores eran ya los mismos como consecuencia de múltiples procesos de socialización.

Una deuda exterior, fundamentalmente de instituciones financieras del sur, comprometida con bancos privados de Francia, Alemania, Inglaterra, etc, financiadores interesados de las múltiples burbujas periféricas, se había deslizado, paso a paso, para acabar siendo deuda fundamentalmente pública y comprometida con instituciones públicas europeas u organismos multilaterales.

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Discursos económicos y relaciones de poder (o cómo el capitalismo reencuentra a Marx)

El capital financiero globalizado que hegemoniza el sistema productivo va agotando sus instrumentos de intervención económica sin conseguir estabilizar su desarrollo. La consecuencia de este hecho es que para resolver sus crisis se ve conminado a echar mano de medios cada vez más arriesgados, injustos y desestabilizadores de los equilibrios sociales de las sociedades.

Ocurre que cualquier nuevo paradigma termina enlazando con estrategias anteriores y compartiendo la misma lógica: favorece el endeudamiento creciente de los agentes económicos y la creación de burbujas financieras. Quizás sea, porque el poder, todo poder, tiene por finalidad, construir una sociedad a la medida de sus intereses y el capital financiero globalizado no podía ser una excepción.

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España desde la izquierda

¿Desde la izquierda? ¿Existe un común denominador, una propuesta general sobre España? ¿Se avanza en ella? En mi opinión, a pesar de propuestas parciales y limitadas se debe concluir que las izquierdas no han madurado, con autonomía, una oferta clara para España como tampoco lo han hecho sobre otros ejes ideológicos vertebradores de una alternativa. La hegemonía conservadora se ha adueñado de lo global desde una mirada elitista y tecnocrática y ha arrinconado a la izquierda y acortado su mirada, subordinándola a los lugares comunes de sus propias burguesías y sus pequeños mitos e intereses, a su idea de nación y de patria, a su forma de ser catalán o vasco y/o español. O lo que es lo mismo, a su forma de ver desde el centro la periferia nacionalista y el “problema catalán”.

En la España actual el nacionalismo no es más que el prólogo que anticipa unas izquierdas gallegas, andaluzas, vascas, valencianas, catalanas, canarias, extremeñas... pegadas a sus particularismos, defensoras acríticas de una idea de lo popular idealizado y plagado de historias reconstruidas y tradiciones embellecidas, ensoñadoras de formas de vida pasadas. En realidad, el predominio de nacionalismos y particularismos son ya el reflejo de un modo de ser común que demuestra la subordinación de las izquierdas, incapaces de construir una "voluntad colectiva nacional-popular" en el sentido pensado por Gramsci, es decir, despojando lo tradicional de sus pequeños elementos reaccionarios y aislacionistas, dispuesta a sumar en la construcción de un imaginario global transformado y una cultura integradora, moderna y laica.

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¿Madrid olímpica? Apoyo decidido… desde un campo de minas

Es cada vez más habitual leer o escuchar una oposición frontal a los grandes acontecimientos, como la celebración de Juegos o la puja por ser sede de Exposiciones internacionales. La razón es que, en general, traen consigo inversiones desorbitadas que superan, con mucho, los presupuestos iniciales y son ejemplo de modelos de crecimiento especulativos e insostenibles. Repasemos algunos datos al respecto: Montreal 1976: 250 millones de dólares de presupuesto inicial, 1.600 de presupuesto final. Atenas 2004: 4.500 millones inicial, 10.800 final. Pekín 2008: 12.000 inicial, 30.500 final. Londres 2012: 5.000 inicial, 11.500 final.

¿Compensan? En todos los casos, las ciudades (y los países) se aprovecharon del tirón económico producido por la intensidad de las inversiones durante los seis años previos a su celebración: Pekín generó alrededor de 600.000 empleos, Londres alrededor de 200.000. Pero sufrieron las consecuencias del endeudamiento que lastró posteriormente su economía, en mayor medida cuanto más irracional fue el planteamiento. Montreal estuvo 20 años pagando la deuda comprometida. Atenas construyó 22 pabellones deportivos y hoy están abandonados 21 de ellos y con necesidad de serias reparaciones. Londres intentó curarse de ese mal construyendo instalaciones temporales, mucho más económicas, siempre que no hubiera un destino adjudicado para el edificio.

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"Rebelión de las masas" y externalización democrática

No se extrañe por la asociación de ideas. Nos adentramos en un nuevo paradigma (o, si quiere, una nueva utopía) que propicia y defiende una externalización que descansa en la transferencia de poder a las multitudes. La palabra que lo señala es crowdsourcing , una contracción entre los términos crowd (multitud) y outsourcing (externalización) y se sustenta en la confianza de que las nuevas redes sociales facilitan la realización libre y voluntaria de tareas en la que pueden participar multitudes desde una convocatoria abierta y flexible.

Es como si, de pronto, la sociedad se diera cuenta de que puede hacer las cosas de otra manera, incluida la democracia. Cualquier tarea cuya solución estaba dibujada dentro de su curso tradicional y cerrado se abre y externaliza a un público indefinido en lugar de a un cuerpo específico. Pero ahí no acaba la cosa: la multitud que lo asume se habilita con gran facilidad, se transforma incluso, en una comunidad con un fin compartido identificado como bien común, para cuya realización se ofrecen a través de la contribución y la colaboración desinteresada.

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El mito de la empresa sin jefes: de la frustración participativa al monopolio del poder

Si una empresa actual quiere instalarse en el éxito debe construir un relato que lo mitifique. Esa es una de las reglas de la comunicación corporativa y del periodismo de marca impulsor del storytelling, es decir de historias que refuerzan el mensaje de posicionamiento de una marca, la de la compañía que encarga y paga la información. Veremos sus efectos.

Lo esencial, en mi opinión, es afirmar que la realidad empresarial actual, sobre todo en las grandes empresas, esas que crean las pautas del modelo empresarial, contradicen las tendencias participativas asociadas a las TIC que las escuelas de negocio habían puesto de moda durante los años 80 y 90 del siglo pasado y que se manifiestan en otras parcelas de nuestra vida.

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El retorno de Marx: precariedad, innovación y falsas salidas

La salida que nos proponen las élites del mundo implica, aunque lo oculten, un desenganche progresivo de los actuales valores occidentales que supera los pequeños ajustes del Estado de Bienestar que las sociedades occidentales están dispuestas a asumir. Y que solo será posible si se acompaña de un fuerte retroceso democrático y la instauración de formas políticas autoritarias.

Lo que se denomina "devaluación interna" no es algo limitado a las periferias de Europa. Es, aunque pocas veces se hace explícita, la solución que las élites dominantes ofrecen al conjunto de Occidente ante la batalla de la globalización. Esa batalla nos “obliga”, dicen, a una wageless recovery, es decir, a una salida basada en un rápido descenso de los sueldos y del nivel de vida de los ciudadanos, según los términos utilizados por Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley en Asia. Es la única forma de frenar el desplazamiento de actividad hacia los países en desarrollo que conlleva la globalización.

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Transparencia, buenismo neoliberal y “capitalismo responsable”

Que la transparencia se impondría con naturalidad en todos los ámbitos de la vida parecía un consenso universalmente asumido en los años anteriores a la crisis. Se había instalado la convicción de que la información era una fuente imparable de transparencia para los ciudadanos y que, de esa lógica, no se libraría ningún espacio social, tampoco la economía y el mundo empresarial.

De alguna forma se trataba de un sueño lógico. La visibilidad empezaba a entrar en esferas que antes se consideraban sagradas y opacas como las iglesias (con las denuncias de pederastia contra obispos), los partidos políticos (corrupción en las cúpulas) o el ejercito (aceptación de la homosexualidad, denuncias de acoso). La misma lógica de transparencia afectaba a los espacios estrictamente privados como la familia, de modo que la intimidad del hogar no servía ya para encubrir los malos tratos a mujeres o los abusos de ningún tipo sobre niños.

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Desahucios y 'banco malo': lecciones (ideológicas) del New Deal

¿Qué hay que abordar antes, la financiación de la actividad o el saneamiento del sistema financiero? ¿Salvar a la banca o a los desahuciados? ¿El crecimiento económico o el ajuste del sector público? 

O cañones o mantequilla, o armas o alimentos, así empezaba el libro de primer curso de Economía escrito por Samuelson. Esas son las decisiones que, aunque conectadas con la justicia, acaban justificando la economía, que es la ciencia social que establece los criterios de reparto desde una prioridad lógica. ¿Lógica? La crisis obliga a plantearse lo que esconde ese esquema de prioridad. Y a la propia economía que no es siempre la decision racional la que resuelve mejor la escasez de recursos, sino la que mejor justifica las opciones defendidas por los más poderosos, en este caso Alemania y los acreedores bancarios. No es ciencia, es pura justificación de intereses. Es pura ideología.

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A propósito de la crisis de 'El País': ¿Qué constituye valor en nuestra sociedad?

El País que conocemos hoy se parece poco a lo que fue. Hoy forma parte de un proyecto editorial que malgasta y vive de los valores progresistas que le dieron prestigio e identidad, girando mes tras mes hacia el conservadurismo ideológico más ramplón. Hace años que su posicionamiento en América Latina es ya claramente reaccionario.

Para resolver su crisis ha decidido aplicar las mismas medidas que adopta el Gobierno en España: ajuste brutal sin horizonte, desaparición de la generación de trabajadores (periodistas) que ha construido una cabecera de prestigio mundial. Apunta claramente a un modelo de negocio futuro que lo convierte en un proyecto puramente mercantil, sin alma. Camina a ser uno más, un producto “fabricado” por periodistas todoterreno con sueldos devaluados a los que se les bloquea una mirada independiente y crítica de la realidad.

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