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Ignacio Urquizu

Diputado del PSOE por Teruel en el Congreso de los Diputados.

Ha sido investigador visitante y ha impartido docencia en varias universidades españolas y extranjeras. Sus trabajos de investigación se han publicado en distintas revistas nacionales e internacionales. Sus áreas de interés son la política comparada, la teoría de la democracia, la opinión pública y la evolución de la socialdemocracia.

De la preverdad a la posverdad: sin política no hay solución

Es cierto que las primarias no siempre tienen buena prensa. Como denunciaba recientemente Emmanuel Macron, en su negativa a participar en las del Partido Socialista Francés, existe la tentación de convertirlas en un ajuste de cuentas. Pero a pesar de todos sus problemas, las primarias se pueden convertir en una oportunidad. Entre las diferentes potencialidades, una de ellas es la posibilidad de contrastar ideas y argumentos. Pero no es solo una cuestión intelectual y de mejora de la calidad de nuestra democracia, sino que, además, el PSOE solo se recuperará si acertamos en el diagnóstico.

Por ello me ha resultado de gran interés el artículo que han publicado en este diario mis colegas Eloisa del Pino y Pau Marí-Klose sobre la situación del Partido Socialista. En este análisis cometían dos equívocos que vengo observando en muchas de las reflexiones que se hacen en los últimos meses. Por un lado, parece ser que todo el problema de credibilidad del Partido Socialista comenzó el 1 de octubre del año pasado. Aunque se citan de forma arbitraria algunos episodios de los últimos años, todo ello solo se hace con el objetivo de reforzar el argumento que se quiere sostener: el PSOE ha dejado de ser alternativa. Por otro lado, muchos de estos análisis son una mezcla de razonamientos, ideas y anécdotas, pero sin un hilo conductor claro. Está más próximo a un  totum revolutum que a un diagnóstico certero de nuestra situación. 

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Y Rajoy volvió

Se atribuye a Manuel Azaña la frase de que “cada hombre es un misterio impenetrable en vida y en muerte”. Desafortunadamente, Manuel Azaña no conoció a Mariano Rajoy. Habría descubierto que hay personas bastante previsibles y con escaso misterio en sus vidas. Su intervención en la primera sesión de investidura nos devolvió a la que ha sido su etapa de presidente. Mariano Rajoy volvió a ser Mariano Rajoy y sus palabras muestran claramente por qué hay una crisis política en el país.

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La crisis de la representación en España

Durante mucho tiempo, una de las intrigas sobre la situación por la que ha pasado nuestro país es por qué no se produjo un estallido social antes. Cada vez que las crisis económica y social mostraban sus peores rostros, numerosos analistas se preguntaban por el motivo de que la gente no se lanzara a la calle a hacer la revolución. Dado el aumento de la desigualdad, el incremento de la pobreza o el alto número de parados, muchos presagiaban que se incendiarían nuestras plazas y nuestras avenidas. La primavera árabe que comenzó a finales de 2010 parecía inspirar muchas de estas reflexiones, esperando que los españoles salieran de sus casas para, emulando las grandes revoluciones, tomar en sus ciudades el Palacio de Invierno, la Bastilla o la plaza Tahrir.

Quizás por ello, el 15 de mayo de 2011 significó para muchos el estallido social que estaban esperando. Una multitud de ciudadanos tomó las plazas de sus pueblos y ciudades, siendo la Puerta del Sol el mejor icono de esta movilización. Este fenómeno fue bautizado como el movimiento de los indignados o 15-M. Su recorrido no fue muy largo. Los primeros días de agosto de 2011, aprovechando el periodo estival, la policía desalojó la céntrica plaza de Madrid. Sí que hubo cierta resistencia: el día 3 de agosto, unas 5.000 personas mantuvieron en jaque a las fuerzas de seguridad por unas horas, pero no fue más allá. Un año después, aprovechando que se cumplía el aniversario de la acampada en Sol, muchos ciudadanos volvieron a la Puerta del Sol para conmemorar el cumpleaños de una movilización que asombró no solo a los españoles, sino también al mundo. Este movimiento siguió funcionando en barrios, asambleas vecinales y en algunos movimientos sociales. Pero una movilización similar a la que se originó el 15 de mayo de 2011 no se ha vuelto a producir.

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¿En quién pensarán los votantes el 24 de mayo?

El próximo 24 de mayo la ciudadanía va a poder elegir a los concejales y a los diputados autonómicos que nos van a representar los próximos cuatro años. Muchos analistas se van a preguntar en qué pensarán los electores a la hora de depositar su voto. Pero no sólo los creadores de opinión. Seguramente, muchos candidatos estarán pensando qué peso tiene la marca o si les beneficia o perjudica la visita del líder nacional. Para arrojar algo de luz a esta intriga, veamos que dice la literatura y qué análisis nos aportan los datos.

Lo cierto es que cuando depositamos nuestro voto en una urna, tenemos en nuestra cabeza más de un factor a la hora de decidir a qué partido apoyamos. En la ciencia política son tres las escuelas que explican el comportamiento electoral: la sociología política o escuela de Columbia, la psicología política o escuela de Michigan y la elección racional o escuela de Rochester. Cada uno de estos enfoques hace énfasis en un factor distinto. Así, los seguidores de la escuela sociológica consideran que es la estructural social y las variables sociodemográficas las que explicarían la decisión de votar a uno u otro partido político. Factores como el género o la edad estarían detrás del voto. La segunda de las escuelas, la de la psicología política, hace hincapié en los anclajes ideológicos o partidistas. Así, la ideología o la identificación con un partido político motivarían la elección de nuestra papeleta a la hora de votar. Finalmente, la escuela de la elección racional asocia la gestión de los gobiernos y los resultados de esta gestión a nuestra decisión por una u otra formación política.

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¿Perdió Podemos su oportunidad?

El  éxito de Podemos ha sido analizado en múltiples artículos en los últimos meses. Básicamente, y resumiendo mucho, su gran valor fue conectar con el estado de ánimo de los españoles. Cuando la sociedad estaba desencatada y desorientada, la formación de Pablo Iglesias fue capaz de ofrecer un relato que mostraba una gran empatía con la ciudadanía. Desde luego que no es una cuestión baladí. La política consiste básicamente en esto, como ha repetido en múltiples ocasiones Felipe González: en hacerse cargo del estado de ánimo de la gente. El resultado de esta conexión con los ciudadanos ha sido el gran aumento de su intención de voto en las encuestas.

Pero una vez logró este paso tan importante, parece que ha fallado en los siguientes. Los retos que tenía Podemos por delante eran dos: organizar equipos solventes y presentar un programa reformista. Y en ambas cuestiones ha acabado siendo la versión 2.0 de Izquierda Unida. ¿En qué sentido?

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Y el PP se hundió

Entre muchas de las incógnitas que podían despejarse este domingo en Andalucía, una de ellas era el grado de hundimiento del PP. Muchos analistas e institutos de opinión venían sosteniendo de forma más o menos pública que el Partido Popular sufría voto oculto. De no ser así, no podría entenderse el empeño de algunos institutos demoscópicos en seguir situando al PP como primera fuerza política ( CIS, GAD3 o Celeste-Tel). Pero las elecciones andaluzas han mostrado que la formación de Mariano Rajoy está tan hundida como refleja su intención directa de voto. De hecho, los españoles no recuerdan haberles votado en las encuestas porque en realidad no quieren volver a hacerlo.

Este hundimiento ha afectado a su línea de flotación más sensible: los más fieles. Si en Andalucía hay dos provincias que representan muy bien la marca PP, éstas son Málaga y Almeria. En el año 2012, el Partido Popular obtuvo sus mejores resultados en estas dos circunscripciones, tanto en porcentaje de voto como en diferencia respecto al Partido Socialista. Pero este domingo sólo Almería ha permanecido fiel, aunque el PP ha pasado del 51,2% al 37% y la ventaja respecto al PSOE se ha reducido de 16 puntos porcentuales a sólo cuatro. Pero más grave es el caso de Málaga. Si en 2012 Javier Arenas alcanzó el 43,7% y superó en más de ocho puntos al PSOE, este domingo el Partido Socialista ha sido la fuerza política más votada y Juan Manuel Moreno Bonilla se ha dejado por el camino más de 13 puntos porcentuales. Pero no es una provincia cualquiera para el candidato andaluz. El líder del PP de Andalucía es malagueño y ha pasado gran parte de su vida en esta ciudad. Dicho de otra forma, ni en su circunscripción le votaron.

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Y entonces llegó Ciudadanos

Con la llegada de Ciudadanos al tablero político español, parece que todas las piezas comienzan a encajar en el año electoral que nos espera. El 9 de enero de este año,  el ObSERvatorio de la Cadena SER situó al partido de Albert Rivera como quinta fuera política con un 5% de los votos (MyWord). Dos días más tarde, el 11 de enero,  El País le otorgó ya la cuarta posición con el 8,1% (Metroscopia). Cada nueva encuesta de Metroscopia ( febrero y marzo) y de MyWord ( febrero y marzo) han ido incrementando sus apoyos hasta situarla en una posición muy similar a la de los principales partidos de nuestro país. De hecho, el pasado domingo Metroscopia pronosticó en estos momentos un empate entre las cuatro formaciones políticas, una situación muy similar a la que ayer describía el ObSERvatorio de la Cadena SER.

A muchos les ha generado una gran sorpresa la irrupción de esta fuerza política, especialmente por su rapidez. Pero lo cierto es que algunas de las señales ya estaban ahí. Dicho de otra forma, a unos cuantos nos ha sorprendido menos. Por ejemplo,  en un artículo que publiqué el 5 de enero en El País ya advertí que la irrupción de esta fuerza política podía cambiar el tablero político. ¿Por qué?

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La universidad que necesitamos

La propuesta presentada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de reducir los grados a tres años y ampliar los Master a dos adolece del clásico problema que tienen muchas de las reformas que se realizan en nuestro país: no responde a un modelo claramente definido que aborde el conjunto de problemas. Nuestra universidad tiene dificultades mucho más profundas que la duración de sus estudios, pero nadie parece ponerle el cascabel al gato. ¿Qué necesitan nuestros centros de enseñanza superior? Sin ánimo de ser exhaustivo y con la seguridad que me dejaré cosas, veamos algunos de sus retos más importantes.  

El primero de sus problemas es la financiación. No es posible seguir manteniendo una universidad con una inversión por alumno tan baja y, al mismo tiempo, aspirar a ser como los centros de excelencia del mundo. En España, un alumno en una universidad pública tiene un coste, de media, entre 4.800 y 5.900 euros, dependiendo del tamaño del centro (Dolores Moreno y María Lucía Navarro Gómez, 2010, Costes comparados de las universidades españolas privadas y públicas, Estudios de Economía Aplicada 28-2). Es difícil con estas cifras competir con los centros de enseñanza y de investigación más potentes.

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Desunidos, pero ¿por qué?

El último clima social de Metroscopia confirmó dos tendencias para el Partido Socialista que ya venían presentando otros institutos de opinión. Por un lado, el PSOE sigue una tendencia descendente y, por otro, pasaría a ser la tercera fuerza política. Seguramente, este resultado es fruto de diversos factores y no todos imputables a la actual dirección. Por ejemplo, en ese mismo clima social se observaba que el pasado más reciente sigue pesando como una losa. El 30 por ciento de los españoles sigue pensando que el gobierno de Rodríguez Zapatero es el responsable de la situación actual y más del 33 por ciento cree que son PP y PSOE por igual. Es decir, ya sea de forma compartida o en solitario, los socialistas son vistos todavía como responsables de la actual crisis.

Otro factor que también puede ser relevante para entender el cambio de tendencia del PSOE desde noviembre es la imagen de desunión que ha dado en las últimas semanas. Los datos así lo avalan. En julio de 2014, tras celebrarse las primarias a secretario general, algo que generó una fuerte confrontación interna, un 31 por ciento de los españoles consideraba que el PSOE era un partido más unido. En el último clima social de Metroscopia esta cifra ha bajado 6 puntos, situándose en poco más del 25 por ciento. Esta opinión también está asentada entre los propios votantes socialistas. Además, entre las tres grandes formaciones políticas, el PSOE es el partido al que se le asigna más desunión, mientras que Podemos aparece como el más unido.

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¿Y si no se presenta Rajoy?

Desde el año 2012, barómetro tras barómetro del CIS, Mariano Rajoy ha logrado ser el Presidente del Gobierno con peor valoración media de la democracia. Ni Felipe González, ni José María Aznar ni José Luis Rodríguez Zapatero lograron en sus peores momentos valoraciones medias más bajas que las que Rajoy está obteniendo en estos últimos dos años (ver gráfico 1). Por eso en algunos círculos comienza a debatirse la posibilidad de que Rajoy sea un verdadero lastre para el Partido Popular. ¿Qué pasaría si Rajoy no se presentara? ¿Cambiaría la intención de voto del PP?

Gráfico 1. Valoración media de los Presidentes del Gobierno (1994-2015).

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