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La necesaria Transición Energética (1)

Lo que hace 15 años podía parecer un sueño o un deseo, ahora es una realidad constatada: los avances tecnológicos de la humanidad y la consiguiente caída de los precios de los sistemas de captación de energías renovables (eólica, fotovoltaica, etc.) permiten hoy que el mundo pueda funcionar exclusivamente con renovables.

Este 100% renovable, a parte de ser técnicamente posible, no requiere renunciar al confort energético que hoy disfrutamos. Aún más, la parte del mundo que no lo disfruta lo puede alcanzar con relativa facilidad. Hay energía renovable suficiente para todo el mundo, y a 2016 ya la sabemos capturar. Nos falta aún saber como almacenarla mejor, pero nos queda poco. 

Estamos acostumbrados al modelo energético actual, en el que dominan los combustibles fósiles y el uranio, cargado de graves inconvenientes como la contaminación, el cambio climático, la especualación, las guerras, o unos costos directos e indirectos elevadísimos. Y parece que nos negemos a ver las evidentes ventajas de un nouevo modelo basado en las renovables: prácticamente cero contaminación, soberanía energética local, captación a Km0 o a Km100, precios estables, etc. Se puede defender con seriedad que ya es hora de que la Transición Energética se sitúe en una posición muy destacada en los programas políticos de los partidos progresistas en Catalunya.  

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EEUU 1 - 0 UE

Este título sería el resultado de una comparación de ambos lados del Atlántico en relación a la salida de la crisis internacional iniciada en 2008. Mientras que la crisis en EEUU es algo del pasado -aunque fuera su origen- en la UE casi se ha cronificado. Un montón de factores lo explican pero ninguno lo hace tan bien como el hecho de que EEUU es una verdadera unión política, y por tanto fiscal y económica, y la UE sólo aduanera y monetaria -y aunque esto último sólo entre 19 de sus 28 miembros-. Así pues, mientras allí afrontaban juntos un mismo reto hasta superarlo, aquí ha prevalecido el sálvese quien pueda, con unos pisando otros para salir.

Detroit, a modo de ejemplo, está endeudada como Atenas y con un paro colosal, debido a un desfase competitivo similar al de sus respectivos motores económicos. Sin embargo, nadie amenazó con echarla del dólar ni se estableció un rescate con condiciones draconianas a beneficio de los acreedores, como se hacía aquí con Grecia y demás países periféricos. Por el contrario, el gobierno federal estadounidense mantenía el subsidio de paro a los trabajadores desocupados y llegó a nacionalizar la General Motors, base de su economía, hasta hacerla competitiva; y los muchos trabajadores que ni con eso encontraban trabajo podían desplazarse sin trabas por todo el país para encontrarlo sin restricción de los Estados. En cuanto a la deuda, la recuperación económica hará posible hacerle frente; y si no al 100%, los acreedores tendrán que sufrir la quita propia de toda quiebra. Después de todo, intereses y beneficios se justifican por el riesgo de pérdida del capital invertido y ningún empresario no tiene la cobertura de pérdidas que pretenden rentistas y financieros.

Dos modelos opuestos con resultados igualmente opuestos: Detroit ha recuperado, aunque con menos población, y Atenas no deja de hundirse; y a nivel agregado, bajo desempleo y alto crecimiento económico en EEUU; y alto desempleo y bajo crecimiento económico en la UE. Por lo tanto: EEUU 1; UE 0.
 
Lo más grave es que el mal resultado económico europeo está debilitando y alejando aún más la unión política que sería necesaria para enderezarlo. El referéndum británico, previsto para el 23 de junio, es una buena muestra, y tendrá unos efectos negativos sea cual sea el resultado, por cuanto la oferta europea para animarles a permanecer supone renunciar a una mayor integración política -a olvidar, de hecho, la idea de una "ever closer Union"-; y porque la salida implicaría una amputación mayúscula al proyecto. Es decir: el 24 de junio vamos a ser menos o vamos a estar menos débilmente unidos.

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¿Deberíamos comprar solo alimentos locales?

En su función como defensora del medio ambiente y del clima, la Unión Europea promueve las llamadas  Short Supply Food Chains. Integradas en la propuesta de regulación europea de los programas de desarrollo rural 2014-2020, se trata de cadenas cortas de suministro que prometen ayudar a limitar las  emisiones de dióxido de carbono (CO2), al reducir la distancia que recorren los alimentos.

Con la creciente conciencia de proteger el medio ambiente, el movimiento de comprar alimentos locales ha ido ganando peso en toda Europa, siendo impulsado especialmente por aquellos consumidores europeos que buscan alternativas a una agricultura industrial cuyos productos dominan el mercado y que al llegar desde lejos genera más emisiones de dióxido de carbono.

Ya que justamente las emisiones son un factor clave en el cambio climático, las Short Supply Food Chains parecen ofrecer una solución oportuna. Si los europeos solo compramos alimentos locales, por lo tanto, ¿ayudamos automáticamente al medio ambiente y a la lucha contra el cambio climático?

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China ante el cambio climático: ¿Amenaza para el liderazgo europeo?

La Unión Europea siempre ha ejercido un cierto poder normativo en el ámbito del medio ambiente sobre la escena internacional, protagonizando varias negociaciones del clima durante muchas décadas. Sin embargo, durante las últimas semanas otro gigante económico ha protagonizado la escena internacional del clima: China. En la pasada Cumbre del Clima en París, el país mostró por primera vez un compromiso serio para combatir el cambio climático, lo que fue generalmente considerado como un paso decisivo en la solución de problemas graves a nivel nacional e internacional. Desde entonces, el gigante asiático ha adquirido un protagonismo notable en los debates climáticos mientras que la presencia del supuesto líder, la Unión Europea, parece disminuir.

  

La Unión Europea, en su función como potencia normativa de la escena internacional del clima, tiene ambiciones claras para hacer frente al cambio climático. Ya en la Cumbre del Clima de Copenhague en 2009, la Unión intentó conseguir un acuerdo legalmente vinculante lo suficientemente ambicioso como para limitar el calentamiento global a 2ºC. No obstante, las partes no llegaron a ningún acuerdo vinculante. Al final, la UE se comprometía unilateralmente a reducir sus emisiones en un 20% para 2020. Los decepcionantes resultados de Copenhague parecían mostrar, por lo tanto, una clara pérdida de influencia por parte de la Unión Europea.

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El Índice de Desarrollo Social Europeo, un paso más en la parametrización del bienestar social

El gran reto de las ciencias sociales contemporáneas es conseguir extraer datos cuantificables y, por tanto, medibles y susceptibles de ser comparados de un objeto de estudio tan cambiante y difícil de parametrizar como es la sociedad humana. Porque sin datos concretos, justificables y susceptibles de ser comparables no hay ciencia ni conclusiones plausibles.

Hasta los años 90 el PIB fue el índice más utilizado para evaluar el desarrollo humano en un país pero la realidad evidenció que no era un indicador de que apuntara información real sobre el índice de bienestar de una sociedad, sino datos de la su riqueza en global. El PIB, por ejemplo, de un país rico en petróleo podía ser muy alto, a pesar de los beneficios no llegaran a todos sus habitantes y la riqueza producida se acumulara en unas solas manos.

En el extremo contrario, y en contraposición al PIB, a finales de los setenta surgió un índice muy popular sobre todo entre ONG y grupos alternativos, el de la Felicidad Nacional Bruta. Lanzado desde el Reino de Bhutan, su intención es medir el grado de felicidad, de satisfacción con la vida, de sus habitantes. Partiendo de una base budista plantea que una sociedad se desarrolla positivamente cuando desarrollo material y social van de la mano, se complementan y se refuerzan. Sus cuatro áreas de valoración son la sostenibilidad de este desarrollo sostenible, la preservación y promoción de los valores culturales, la conservación del medio natural, y el establecimiento de un buen gobierno.

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Draghi-Schäuble: dos visiones sobre la política económica que conviene a la zona euro

Las recientes e insólitas críticas del ministro de Finanzas de la RFA, Wolfgang Schäuble, al presidente del BCE, Mario Draghi, han levantado una apreciable polvareda, de la que podríamos extraer algunas lecciones de interés. De modo, que aunque sólo sea por este hecho, tienen un aspecto positivo. Ante todo, hay que recordar que Schäuble hacía la política monetaria fuertemente expansiva impulsada por el BCE directamente responsable del ascenso del partido anti-europeo Alternativa por Alemania. La razón, según el ministro alemán, es que esta política ha conducido a unos tipos de interés extraordinariamente bajos, que perjudican a los numerosos ahorradores alemanes.

La primera cuestión a comentar es que no deja de ser sorprendente y revelador que sea precisamente el responsable de finanzas del país que ha hecho de la independencia de los bancos centrales una cuestión sacrosanta el que se manifieste en este sentido.

La segunda es que las declaraciones de Schäuble han provocado un alud de reacciones favorables a Draghi, en todas partes y especialmente a la misma Alemania. Entre ellas, las de los principales institutos editoriales de investigación de este país y también, y esto es noticia vistas las frecuentes discrepancias que ha manifestado en relación a la política del BCE, la del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. Y vale la pena subrayar que estas declaraciones no sólo han pedido respeto a la independencia del BCE, como era obligado y previsible, sino que también han apoyado la política monetaria laxa y expansiva que éste está adoptando.

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La UE e India: dos gigantes frente al cambio climático

Este artículo ha sido publicado en el blog Agenda Europea, de la Fundació Catalunya Europa.

 

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Referéndum holandés: Señal de alerta para Bruselas

Mucho menos mediatizado que su homólogo británico, el referéndum holandés sobre la ratificación del acuerdo entre la UE y Ucrania ha permitido a los euroescépticos expresar su descontento una vez más vis a vis de la Unión Europea.  Después de cinco años de difíciles negociaciones y de preparación del texto del acuerdo, la Unión Europea y Ucrania firmaron un acuerdo de asociación en 2014 a pesar de las tensiones importantes que este acuerdo había generado en la relación con Rusia. Desde entonces, las 28 capitales europeas han ido ratificando el acuerdo de asociación a nivel nacional. Para entrar en vigor, la adopción de los acuerdos internacionales se acompaña de un procedimiento de ratificación dentro de cada Estado miembro de acuerdo con sus respectivas normas constitucionales según el artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Sin embargo, los Estados suelen ratificar un acuerdo internacional mediante la aprobación de una ley en su Parlamento. Los Países Bajos son el último Estado que aún no ha ratificado este acuerdo pero el resultado del referéndum del 6 de abril pone en duda una ratificación a corto plazo.

En efecto, el “ No” ha ganado el 6 de abril, con el 61% de los votos. Y ha dejado muchas dudas en cuanto a las próximas etapas para el acuerdo con Ucrania. El 7 de julio de 2015, el Senado holandés ratificó el Acuerdo de Asociación UE-Ucrania pero una nueva ley sobre el referéndum consultivo efectiva desde el 1 de julio del año pasado requiere al gobierno que revise sus decisiones de política si por lo menos 300.000 personas así lo solicitan.

Además, la consulta ha logrado el mínimo de participación que requiere la normativa holandesa. Un 32,2% del censo electoral votó el 6 de abril.

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El polémico futuro de la energía nuclear en Europa

La Comisión Europea ha publicado este mes su primer informe sobre la economía nuclear de Europa desde la catástrofe del reactor en Fukushima en 2011. El Programa Indicativo Nuclear reúne por primera vez una visión general de todos los aspectos de inversión de la energía nuclear europea con el fin de traer las normas de seguridad nuclear a un nivel más alto y fijar un objetivo claro para toda la UE para reducir el riesgo de accidentes y evitar grandes emisiones radiactivas. Al identificar formas de cooperación entre los Estados miembros y la Unión, se prevé asegurar que el conocimiento sobre el uso seguro de las centrales nucleares se comparte a nivel europeo. Un paso decisivo hacia un mercado energético europeo cada vez más integrado.

El informe sobre el Programa Indicativo Nuclear, publicado el día 4 de abril, pone de relieve las necesidades de financiación en relación al desmantelamiento de las centrales nucleares y la gestión de residuos radiactivos y el combustible gastado, centrándose en las inversiones relacionadas con las actualizaciones de seguridad post-Fukushima y en la operación segura de los reactores existentes. Por tanto, para el comisario del clima de la UE, Miguel Arias Cañete, el programa es una señal de que Europa ha aprendido la lección de la catástrofe de Fukushima.

Según el informe, la Comisión Europea calcula una inversión de entre 350.000 y 450.000 millones de euros hasta 2050 tanto en nuevas plantas nucleares como en el reemplazo de reactores actuales para mantener la mayor parte de la capacidad de generación. Se prevé cerrar alrededor del 90% de las plantas nucleares del continente de aquí a 2050, teniendo en cuenta la decisión de algunos Estados miembros de eliminar gradualmente la energía nuclear o de reducir su uso. Esta tendencia se invertiría en 2030, ya que para este año se prevé conectar nuevos reactores a la red mientras que se extiende el tiempo de vida de los demás. Aunque de este modo la capacidad nuclear aumentaría ligeramente hasta mantenerla estable en 2050, el porcentaje de electricidad nuclear en la UE caería levemente dado que para entonces se espera un aumento de la demanda energética. Así, se prevé que con una duración de operación de las nuevas plantas nucleares de al menos 60 años, se generaría electricidad hasta finales de siglo XXI.

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¿Hemos superado la crisis?

Una vez repasada la complicada situación política actual, en casi toda tertulia de amigos emerge la pregunta en relación al fin de la crisis. Ya hemos salido? ¿Esto que tenemos ahora, el alto desempleo y la consiguiente pobreza, es y ya será la situación normal de aquí en adelante?

Evidentemente, mientras haya desempleo y capacidad productiva excedentaria no se puede dar por buena la situación económica. Sin embargo, ninguna mano invisible guía la economía hacia el equilibrio de pleno empleo. Para JM Keynes, que analizó esta situación en los años treinta del siglo pasado, sólo una mano muy visible podía crear las condiciones para que el PIB real se acerque al potencial; es decir, al pleno empleo. Una mano visible que acabe con el bucle de las bajas expectativas como responsables de una baja inversión y consumo que acaba confirmando las bajas expectativas iniciales. Por tanto, y haciendo un poco más largo el encadenamiento causal: el paro es una oferta que no encuentra demanda; la baja demanda disuade nuevas inversiones y la falta de inversión hunde aún más la demanda. Ergo, lo que hace falta es impulsar la demanda; y esto puede hacerlo el Estado a base de recaudar más impuestos a los que tienen el dinero dormido -o pedírselo prestado.

Bien es cierto que Zapatero lo probó con el plan E y sólo consiguió aumentar los déficits público y exterior. Y aquí está la cuestión. En economías tan abiertas como las de los estados miembros de la Unión Europea, el aumento de demanda aquí puede acabar encontrando la oferta correspondiente en otro lugar; por ejemplo en Alemania, de donde venían tantos coches y donde se generaba el empleo que aquí se destruía. Es decir, sin fronteras económicas -aranceles y tipo de cambio-, ningún estado puede emplear la política fiscal para garantizar una demanda de pleno empleo. Es como tratar de llenar una barril agujereado. De ahí la necesidad de una capacidad fiscal europea; es decir, de una unión fiscal complementaria a la monetaria. En su ausencia vemos como los esfuerzos de Draghi para inundar de dinero la economía y ponerla en marcha devienen estériles; puede llenar los bancos de dinero, pero no puede conseguir que estos los "multipliquen" concediendo préstamos que generarán nuevos depósitos. Es bien sabido: la política monetaria puede enfriar la economía cuando se calienta, mediante el aumento del tipo de interés, pero no puede hacer lo contrario y ponerla en marcha cuando se ha enfriado.

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