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Diez motivos para disfrutar de Sitges este verano sin pisar la playa

Sitges es un epicentro turístico de la costa catalana, pero también una villa llena de vida y ambiente relajado

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Foto: Jordi Sabaté

Foto: Jordi Sabaté

Curiosamente, a pesar de tener más de veinte kilómetros de litoral, Sitges no destaca por la belleza de sus playas ni por la abundancia de dunas. Las del Garraf, el macizo montañoso calcáreo que envuelve el pueblo, suelen ser playas de arena más bien veleta, que viene y va con las olas y da poco ancho para los amantes del sol; en consecuencia en verano se colapsan rápido y los lugareños buscan calas cada vez más alejadas del entorno urbano.

El verdadero valor de Sitges se aprecia tierra adentro, cuando se mira su particular skyline plagado de mansiones indianas y art decó, sus cielos moteados de nubes o sus calles estrechas y blancas, donde de los balcones cuelgan los geranios dando una nota de color a tanta austeridad cromática mediterránea. También en algunos de sus bares con solera, en no pocos restaurantes y en las renacidas bodegas, donde se puede disfrutar del cava de pequeñas bodegas del Penedés y de los vinos de zona.

A continuación te damos diez razones para venirte a Sitges y disfrutar sin necesidad de bajarte a la playa.

1. Conducir por la carretera de las costas del Garraf

En 2014, una guía del fabricante de coches Nissan la clasificaba como una de las veinte carreteras litorales más interesantes para recorrer en el mundo. Lo cierto es que una vez sustituidos los quitamiedos por divisorias de hormigón, ha perdido su fama legendaria de despeñadero de conductores pasados de vueltas y se ha convertido en una agradable ruta entre un mar azul turquesa -debido al suelo calcáreo del fondo- y un paisaje mediterráneo de lo más pintoresco.

Sin excesiva elevación pero revirada como una serpiente, la carretera de las costas del Garraf merece ser recorrida tranquilamente a medio día o al atardecer, admirando de reojo el paisaje de veleros y lanchas que surcan el mar a un lado, y las pitas, chumberas, pinos e higueras al otro. Si se tiene tiempo, merece la pena detenerse en el pueblo del Garraf y admirar sus bungalows playeros de estilo californiano, o bien parar en la cala morisca, la principal cala nudista de la zona. 

Foto: Jordi Sabaté

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2. Ese aire caribeño que tiene

Como muchos otros pueblos costeros del litoral español, Sitges estuvo durante varios siglos más cerca de Cuba que de Barcelona, Madrid o cualquier otra urbe. El aislamiento secular del momento empujaba a muchos jóvenes a la aventura de las colonias. No todos triunfaban, pero los que lo conseguían regresaban y plantaban palmera y casa grande en su tierra natal.

Tal es el caso de los hermanos Vidal-Quadras, que hicieron fortuna en Costa Rica y dejaron una impresionante casa neoclásica en la playa de Sant Sebastià; Facundo Bacardí, creador en Santiago de Cuba del ron más internacional, o José Batlle, padre, tío y abuelo de tres presidentes de Uruguay.

Así, de palmera en palmera y a base de mansiones y casas de pueblo majestuosas, los llamados indianos fueron modelando el paisaje urbano para dotarlo de un aire de nostalgia por el Caribe donde habían hecho fortuna. Muchos visitantes cubanos, dominicanos o puertorriqueños se sorprenden agradablemente al ver la cala de la playa de San Sebastià o la zona del paseo marítimo cercano a la iglesia de Sant Bartomeu i Santa Tecla.

Foto: Jordi Sabaté

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3. Porque conserva todavía comercios con sabor

Hasta los Juegos Olímpicos del 92 la carretera de las costas era el modo más rápido de llegar a Sitges desde Barcelona. A partir de entonces se abrío una autovía de peaje. Este aislamiento hizo de la villa un lugar de veraneo para privilegiados donde el tiempo pasaba el resto del año mucho más lento que en la metrópolis. 

Algo de este aire de pueblo añejo y relajado permanece a media tarde antes de que abran los comercios, y también en locales que han sabido mantener el sabor. Un ejemplo es la pastelería Massó, en la plaza del Cap de la Vila, o la bodega El Cable, en la confluencia de la calle Àngel Vidal con la calle Carretera de Barcelona.

Otro lugar para degustar la inmovilidad del tiempo es el cine del casino El Prado, un antiguo teatro todavía con platea de sillones y decorados de los años veinte, que tiene programación regular y protagonismo durante el Festival Internacional de Cine Fantástico

Foto: Jordi Sabaté

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4. Por sus bodegas donde tomar cava y vinos

La cercanía a la comarca del Penedés es tanto cultural como física, y el trasiego de vinos y cavas de Vilafranca a Sitges ha sido continuo a lo largo de los siglos. Fruto del mismo, en Sitges hubo en el pasado numerosas bodegas donde tanto se compraba como se degustaba. Hoy quedan pocas en funcionamiento -El Cable funciona más como cervecería y espacio gastronómico-, pero han surgido nuevas con mente más abierta y diseño moderno.

Destaca por su oferta Vins i Mes, en la zona de Sant Sebastià, que ofrece copas de cavas y vinos de toda España que se pueden disfrutar tanto en el interior del local como sentados en la calle, una tradición muy arraigada en Sitges. Una bodega reciente y con oferta interesante es Perbacco, al lado del Cap de la Vila, también con espacio en la calle para beber y charlar. El Racó del Vi, en el carrer de L'Aigua es otra bodega interesante por estar en una calle tranquila, blanca y estrecha, en la zona más antigua del pueblo. 

Foto: Jordi Sabaté

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5. Su variedad gastronómica

Por razón del turismo, Sitges es gastronómicamente muy cosmopolita. Aquí se creó la primera pizzería de España, llamada El Cap de la Vila por la plaza donde se ubica, y ahora también cuenta con Pura Vida, un restaurante especializado en comida toscana. En cocina asiática destaca la fusión del Sitthai en la calle Bonaire, aunque también hay restaurantes indios recomendables. Si se quiere una cocina internacional con ambiente relajado y fashion conviene ir a El Café de la Plata, en el Puerto de Aiguadolç.

Para comer pescado y carne al estilo de Getaria, regada con Txacolí, en la playa de Sant Sebastià destaca La Marinada, el mejor y más caro en su especialidad, si bien otros como La Dorada son más asequibles sin desmerecer la calidad. También en el puerto de Aiguadolç se puede disfrutar del marisco de Can Laury Peix y las mejores tapas se elaboran en El Cable.

Pero sin duda el arroz es el rey en Sitges, con numerosos restaurantes donde se elaboran paellas y arroces negros y con bogavante. Cal Pintxo es un buen referente, pero también se puede acudir al Mare Nostrum, La Fragata o en Aiguadolç a La Taberna del Puerto

Foto: Jordi Sabaté

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6. Su afición a las fiestas de todo tipo

En Sitges se celebra todo lo que se puede celebrar en esta vida: el carnaval es famoso entre el ambiente LGTB; el cine tiene su lugar en octubre con el festival de cine fantástico; el Corpus, en junio, es célebre por su concurso internacional de claveles y por las alfombras de flores que tapizan las calles más antiguas de la villa; el día del Orgullo Gay cada año toma mayor entidad. 

Y en verano, hay dos festes majors: a finales de agosto es Sant Bartomeu y en septiembre Santa Tecla. Ambas van cargadas de petardos y diablos, castellers, bailes de bastones y la moixiganga, un baile autóctona sitgetano donde los danzarines representan escenas de la pasión de Cristo.

7. Sus jardines tropicales escondidos

El clima atemperado y húmedo de Sitges propicia el crecimiento de especies tropicales siempre y cuando estén resguardadas del viento seco de poniente. Es por ello que tras las tapias de muchas mansiones se cultivaban jardines tropicales exuberantes, seguramente en recuerdo de la vegetación de las colonias. Hoy algunas de estas casas señoriales son hoteles que permiten visitarlos. Por otro lado, en las mansiones más modernas de la zona de Terramar esta vegetación se puede apreciar desde el mismo paseo marítimo. 

Foto: Jordi Sabaté

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8. Su buen ambiente LGTB

Sitges tiene una larga relación con el ambiente gay, desde que fuera el lugar favorito de la burguesía catalana a finales del siglo XIX para enviar a sus hijos homosexuales a un discreto y plácido exilio en las residencias de verano. Así se forjó un ambiente desinhibido y creativo que atrajo a numerosos artistas -desde Santiago Rusiñol a Ana María Matute o Jaime Gil de Biedma- y también fundamento el Sitges Gay actual.

No es que Sitges sea gay friendly sino que es en buena medida una villa gay. La comunidad LGTB tiene aquí numerosos intereses comerciales en el turismo, los servicios, el arte y el sector inmobiliario, e incluso llegó a existir una patrulla de policía local gay. Ahora tiene un alcalde gay, por añadidura. Cuenta, además, con el primer monumento a la comunidad LGTB de España y la primera playa nudista gay del mundo, fundada en 1931: la platja del home mort. Por supuesto, no faltan los locales de ambiente, que se entremezclan con los comercios domésticos sin mayor problema. 

9. Sus puestas de sol

Sitges está orientada al sureste, por lo que goza de insolación todo el día. Sin embargo, es a la puesta de sol cuando la difracción de los rayos sobre el mar le confieren a este un color entre rosa metálico y plateado sardina fascinante, que por momentos puede llegar a ser blanco perla. Se puede apreciar desde numerosos locales o simplemente paseando por el paseo marítimo.

Foto: Jordi Sabaté

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10. Sus chiringuitos 'cool' de playa

El Vivero, Sausalito, La Bocana, Hola Club Sitges, el chiringuito de Terramar o el de Aiguadolç, son algunos donde la fiesta sigue tras ponerse el sol con música de baile y la posibilidad de cenar. En la zona del Vinyet, es altamente recomendable el bar jardín del hotel Utopía, punto de encuentro de surferos y músicos: se celebran desde conciertos de jazz hasta asados argentinos en la parrilla del garaje. 

Foto: Jordi Sabaté

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