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Channing Tatum: "¡Yo también estoy harto de las películas para blancos!"

El actor estadounidense ha presentado en Berlín la película '¡Ave, César!', su primera producción a las órdenes de los hermanos Coen

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Channing Tatum

Channing Tatum

A pocas semanas de los Oscar, y en medio de la polémica sobre la obvia falta de diversidad en sus nominaciones, el Festival de Berlín ha abierto su edición número 66 con una oda irónica al Hollywood dorado de los cincuenta: a ese sistema de estudios que proyectaba la imagen idílica de la nueva América de posguerra. Blanca, por supuesto. Y religiosa. '¡Ave, César!', firmada por los hermanos Joel y Ethan Coen, cuenta la historia de una productora ficticia en la que Josh Brolin controla al milímetro la vida de sus actores. Entre ellos están George Clooney, Scarlett Johansson o Channing Tatum (Alabama, EEUU, 1980), que interpreta a un intérprete que canta y baila. Una suerte de Gene Kelly que incluso demuestra en la pantalla sus dotes de claqué. El actor de 'Foxcatcher', al que también acabamos de ver en lo último de Tarantino, recibe a eldiario.es en un lujoso hotel de la capital alemana.

Esta película habla de un Hollywood del pasado. ¿Sigue existiendo en alguna medida?

No, ese hollywood era muy diferente del que hoy existe. Ha cambiado de arriba abajo. Quizá se mantenga la esencia de aquel tiempo, pero yo no tengo forma de saber cómo era trabajar en el sistema de los grandes estudios.

¿Qué esencia es esa?

¡El entretenimiento! La vocación de contar historias sobre el ser humano. El viaje del héroe. Pero en aquellos años estos elementos universales se contaban desde un punto de vista casi aristocrático.

'¡Ave, César!' muestra a unos actores que se dejan la piel en su trabajo... pero también que ven su vida controlada por los estudios. Incluso en lo personal. ¿A usted le ha pasado?

Sí. Ya no lo hago, pero al comienzo de mi carrera firmé con un estudio lo que se llama un “contrato de tres películas”. Al principio te emocionabas, porque eso significaba que querían hacer más de una película contigo... pero cuando pasaba el tiempo descubrías que esos contratos son una carga. Pueden ponerte en la película que ellos quieran, y pueden evitar que hagas las que tú quieres hacer. Si rompías ese acuerdo... en el peor de los casos te demandaban, y en el mejor... perdías un estudio. Perdías la posibilidad de trabajar con ellos.

Así que hacerse famoso ha sido, para usted, comprar su libertad.

En cierto modo, sí. Cuanto más trabajas, mejor puedes elegir. Me he dado cuenta de que trabajo mejor cuando estoy en relación con los proyectos desde el principio.

¿Cuándo y cómo conoció a los hermanos Coen?

Desde que llegué a Hollywood quise trabajar con ellos. Todo el mundo quiere. Me enteré de que había un casting para 'No es país para viejos' y... ¡yo solo quería que me diesen una oportunidad! Era 15 años más jóven de lo que se necesitaba para el papel. Y para ser sincero, no es que me dieran algún consejo valiosísimo, pero la mera participación en el proceso de selección me hizo ver este trabajo de otra manera. Ahora mi carrera no depende de que consiga los papeles, sino de lo que aprendo por el camino.

¿Y les ha estado persiguiendo hasta ahora?

Bueno, es que tenemos el mismo agente. Y siempre le pregunto en qué andan metidos para que me consiga un papel. ¡Aunque sea llevo el café! ¡Hago de camarero número dos, lo que sea! Les he persiguido como hice con Tarantino... ¡es que todo el mundo debería hacerlo! Trabajar con Quentin en 'Los odiosos ocho' también ha sido un sueño hecho realidad.

¿Cómo se trabaja con él?

Cuando trabajas con él te das cuenta de que tiene el personaje más y mejor preparado que tú. Y eso normalmente pasa. La mayoría de los directores se dedican a la película como conjunto. Pero él no. Lo sabe todo sobre tu personaje, desde su infancia. Eso para un actor es divertidísimo.

Es curioso que en las dos películas tenga un papel tan pequeño... pero tan esencial para ambas tramas...

Es verdad. Tiene su gracia ser un personaje secundario en estas historias, y poder afectar de forma tan crucial a los protagonistas.

Hace dos años, en el Festival de Cannes, nos dijo que tenía en mente convertirse en director. ¿Cómo va eso?

¡Va muy bien! Pero las películas se empeñan en interponerse en mi camino. ¡Cómo voy a perder la oportunidad de trabajar con gente como los Coen! De aprender de ellos, sobre todo. Hacer películas no es fácil. No quiero decir que tengamos los trabajos más difíciles del mundo, por supuesto, pero lleva años poder contar bien una historia. No puedo esperar para dirigir, la verdad. En mi productora tenemos cuatro historias... y no sabemos cuál acabará saliendo. Pero será una película pequeña. No es que tengamos miedo a una película grande... pero empezaremos así.

Estamos a pocas semanas de los Oscar. ¿Qué piensa de la polémica sobre la avalancha de actores blancos en las nominaciones?

Mire, obviamente es un problema. Los miembros de la Academia de Hollywood son blancos y son mayores, y eso tiene que cambiar, pero este asunto está al final de una larguísima lista de asuntos que también hay que modificar. Están los estudios, están los representantes, ¡y está el público! Es un asunto cultural, tenemos que conseguir que la gente quiera ver esas películas con razas que no son la suya, porque los estudios solo quieren hacer películas que la gente vea, les da igual quién aparezca.

Esa es una opinión general, pero... ¿cuál es la suya?

¡Me alegro de que se hable de esto! En mi empresa estamos preparando papeles fuertes para mujeres, todos nuestros proyectos son muy diversos. ¡Es que yo también estoy harto de las películas de blancos! Lo importante es que la gente se relacione y se entienda cada vez mejor.

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