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¿Repartir pizza con drones? El coste hace inviable su uso comercial en España

Grandes multinacionales como Amazon, Domino's Pizza o Chipottle han comenzado a probar el reparto de sus productos con drones pero los expertos creen que su uso será anecdótico en el segmento comercial

Este tipo de reparto tendrá sentido para urgencias sanitarias, donde no importa el coste, o en revisión de infraestructuras donde puede suponer un importante ahorro

La legislación española no recoge aún el transporte de productos con fin comercial en ningún núcleo urbano y los expertos advierten sobre la proliferación de empresas sin licencias y potencialmente peligrosas

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Dron en reparto

Dron en reparto Amazon

Una pizza que llega sin repartidor en tiempo récord, un pedido que aterriza en tu jardín o un ordenador transportado por un aparato volador. No, no se trata de una película de ciencia ficción, sino del transporte de mercancías liderado por drones, aeronaves no tripuladas.

En países como Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Francia, ya es prácticamente una realidad, y varias empresas se han lanzado a probar este sistema automatizado que pronto empezarán a implementar.

Taco Copter, una de las empresas de comida pioneras en el reparto de pedidos con drones, hizo sus primeras pruebas documentadas en julio de 2011. Por entonces, la regulación en materia de drones era inexistente, pero a la vista del éxito de pedidos que tuvieron, la empresa abrió el paso a futuras compañías que más tarde introducirían el servicio aéreo como medio de reparto.

Cinco años más tarde, Flirtey, el primer servicio de reparto operado por drones, ya es una realidad. Probado en Nueva Zelanda y Australia, donde ya ha repartido unos 100 libros en universidades, o Estados Unidos –país en el que se han realizado pruebas de reparto de servicios de primeros auxilios–, la empresa se ha trasladado al Estado de Nevada para probar sus servicios con mercancías que no superen los 2,5 kilos y transportarlos a no más de 16 kilómetros de distancia.

Otras empresas, como Domino's Pizza y Chipottle han conseguido asociarse con Flirtey en nueva Zelanda y Alphabet Inc. en Virginia, Estados Unidos, respectivamente, para hacer pruebas de reparto de comida.

Si la opción de recibir tu pedido en menos de una hora con Amazon Prime Now era novedad hace unos meses, la empresa acaba de lanzar Amazon Prime Air, y ya ha realizado su primera entrega real de 13 minutos en Cambridge, Reino Unido, el 7 de diciembre. El servicio, que se encuentra en fase de desarrollo en diferentes países, asegura la entrega en menos de 30 minutos y, de momento, puede transportar mercancías de hasta 2,26 kilos, que representan en torno al 80-90% de todos los artículos disponibles en los almacenes de Amazon, según asegura el equipo.

Tenemos diferentes diseños de drones para distintos entornos y escenarios pero el vehículo que estamos usando para la fase inicial está diseñado para distancias más cortas. A medida que desarrollemos nuestro programa, usaremos drones que puedan viajar distancias de 16 kilómetros o más. Nuestros vehículos Prime Air vuelan a velocidades de hasta 80 kilómetros por hora y a una altitud de hasta 122 metros”, comenta el equipo de Amazon.

Su utilidad y rentabilidad real

Aunque la idea de que un dron te lleve la compra a casa sea tentadora, varios de los expertos coinciden en que, por el momento, su verdadera utilidad se centra en otro tipo de sectores, como el médico. Principalmente, porque resulta mucho más caro que el tradicional servicio de reparto, “10.000 veces más que FedEx o UPS” según Logan Campbell, consejero delegado de Aerotas, la firma consultora de drones, en declaraciones a Market Watch.

Parece lógico pensar que, por el momento, el reparto con drones estaría más encaminado a sectores en los que se requiere mucha urgencia (al ser más rápido que el coche) sin importar el precio a pagar, tales como instrumentos de auxilio ante fallos cardiovasculares, o un órgano que necesite ser trasplantado, por ejemplo.

Me centraría en aplicaciones de alto valor, como la medicina de urgencia, en lugar de pretender hacer que la gente pida huevos y leche que lleguen por medio de un dron”, comenta Campbell.

Esto mismo es corroborado por Gonzalo Tatai, Chief Operations Manager de Air Drone Tech Service España, una empresa dedicada a la formación de sistemas no tripulados para revisiones de infraestructuras: “Tal vez en Estados Unidos pueda funcionar el reparto de productos personales, pero no parece viable por el momento la idea de que un dron llame a la puerta de tu quinto piso a traerte un paquete en España”.

Aunque Tatai reconoce la creciente incorporación de estos aparatos en el mercado, mantiene que “es viable para cosas que no sean frívolas y que, aunque necesiten un gran coste monetario, tengan también mucho impacto social”, a lo que añade: “Hay que pensar el dron como una herramienta que te resuelve la necesidad de ver desde arriba. Los trabajos aéreos requieren mucho coste, y el dron lo reduce, además de hacer más sencilla la vida del piloto, que pasa de los mandos de control en la aeronave al ordenador”, comenta.

Mientras algunos expertos se mantienen críticos ante la idea de reparto aéreo liderado por empresas como Amazon, otros reconocen las dificultades que por ahora presenta el sistema, pero confían en que un día se hará posible. “El dron, primero encaja en el sector militar, luego lo hará en el sanitario y, por ultimo, en el del reparto”, afirma Salvador Bellver, presidente de AEDRON, la asociación española de drones y afines. Para que sea viable, insta la necesidad de una regulación acorde, que permita la coordinación de estas aeronaves con el resto en un marco regulatorio eficiente y seguro.

La regulación española

Para entender la regulación al respecto, es necesario distinguir entre los RPAS ( Remote Piloted Aircraft Systems), es decir, sistemas de aeronaves con control remoto, de más de 150 kilogramos, entre 25 y 150 y los más ligeros, por debajo de 25 kilogramos.

En el caso de los primeros, se rigen por la regulación europea, el propósito suele ser de investigación, o con fines militares, entre otros. Para poder volar se necesita certificar a la aeronave en la Agencia Europea de Seguridad Aérea y obtener permiso de vuelo.

En el segundo caso, de aeronaves entre 25 y 150 kilogramos, la regulación española permite volar este tipo de drones con fines comerciales, que en este caso necesitan ser certificados por AESA y las condiciones dependen del certificado de aeronavegabilidad que tengan.

Las aeronaves por debajo de 25 kilogramos no necesitan estar certificadas y pueden volar siempre y cuando no se alejen más de 500 metros del piloto y no lo hagan a más de 120 metros de altura, cerca de aeropuertos, en núcleos urbanos, en condiciones meteorológicas desfavorables o de noche. Solo es posible rebasar los 500 metros de distancia con aeronaves que no superen los 2 kilogramos de masa, avisando previamente a la Administración.

Estas condiciones imposibilitan en nuestro país, por el momento, cualquier tipo de reparto como el que propone Amazon, pues sería necesario disponer de centros de distribución cada 500 metros, además de que se prohíbe volar dentro de poblado.

Mientras países europeos como Reino Unido y Francia cuentan con una regulación vigente para los RPAS, que permite utilizarlos como medio de transporte de mercancías dentro de núcleos urbanos, en España, por el momento, solo contamos con un boceto de nueva normativa, “que permitirá rebasar los 500 metros de distancia, así como volar por ciudad, siempre y cuando se tenga el control del perímetro “, afirma Bellver.

Ante el creciente interés y demanda de drones en el mercado, los expertos plantean tres problemas principales a solucionar. El primero se refiere a la regulación. “Hay muchísimo intrusismo de drones, empresas que trabajan sin tributar y sin seguro, de noche y sin cumplir con la legislatura. Esto ocurre porque los drones han entrado de golpe y queda mucho por hacer en materia regulatoria”, comenta Bellver, apuntando la inminente necesidad de comenzar a definir el espacio aéreo, en el que poco a poco se irán incluyendo los drones.

Contrariamente, Manuel Oñate, presidente de la Asociación Española de RPAS-AERPAS, cree que el problema principal “no es la regulación, sino la consecuencia”: “Si hubiera una compañía que fuera viable y segura, esta haría más presión para cambiar la legislación”, comenta. Según el experto, “El problema principal es que hace falta una industria que sea capaz de hacer posible el transporte de mercancías por medio de drones, y luego se regule”.

El tercer problema radica en la formación necesaria, pues no todo el mundo está capacitado para volar una aeronave: “Hay un creciente interés por el mundo de los drones, y eso está dañando al sector, ya que hay mucha gente con pocos conocimientos que se está metiendo”, comenta Tatay. Para ello, cursos como los de Air Drone Tech Service España, de 360 horas de formación aeronáutica, son necesarios.

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