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Ignacio González y la estrategia troll

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González dice que los crónicos y polimedicados no pagarán más con el euro por receta

Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid.

Es difícil recordar una protesta mayor: una apabullante marea blanca en las calles, varias semanas con huelgas y, como último ejemplo, la dimisión simultánea de más de 300 directivos de los centros de salud. La movilización para salvar la sanidad pública madrileña está siendo ejemplar. Sin embargo, no ha conseguido detener el plan de privatizaciones. ¿La razón? Que enfrente está un dirigente político que se comporta como un troll de Internet: alguien que se crece con la atención y busca más; da igual si es a la contra o a favor.

Ignacio González tiene dos grandes problemas y lo sabe. El primero, que es casi un desconocido. No tiene ni de lejos el peso político de Esperanza Aguirre. Muchos de los madrileños no saben siquiera quién es y, sin duda, es mucho peor cartel electoral que su predecesora: tiene todos sus defectos con muy pocas de sus virtudes. Que su antigua jefa, la funcionaria con más tiempo libre de Europa, siga acaparando titulares tampoco ayuda a que González se pueda dar a conocer. Aguirre solo necesita una visita por Navidad al presidiario Carromero –estilo “En el nombre del padre”– para salir en las portadas, a pesar de que se supone que dejó la política y, sobre todo, el poder. Ese espacio mediático que sigue ocupando Aguirre es un espacio que roba a su sucesor.

El segundo gran problema de González es que no cuenta con el apoyo de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno no se fía de él y parece dudoso que vaya a permitir que sea el cartel electoral en las siguientes elecciones autonómicas; bastante trago es ya que González gobierne en Madrid, después de sus muchos enfrentamientos. Si Rajoy no dio esa guerra fue porque Aguirre –con la rapidez de su dimisión– le sorprendió. Más tarde contraatacó, y se movilizó para evitar la jugada completa que pretendía Esperanza Aguirre: dejar a su sucesor no solo al frente del Gobierno, sino también como presidente del PP de Madrid. “No creo en las bicefalias”, dijo Aguirre en el anuncio de su retirada. Sin embargo, al final no dimitió como presidenta del PP de Madrid porque sabía que en ese momento Ignacio González podría heredar un cargo, pero que Rajoy no permitiría que fuesen los dos. Salvo María Dolores De Cospedal –amiga y vecina de vacaciones en Marbella– el resto de Génova le es hostil.

¿Cuál es la estrategia de Ignacio González para lograr aguantar más allá de 2015 al frente de la Comunidad de Madrid? ¿Qué está intentando para que su tiempo no se agote y poder repetir como presidente tras las próximas elecciones? Sencillo: seguir el ejemplo que dejó su predecesora, Esperanza Aguirre. Mantener una imagen de oposición interna a Rajoy que le permita aumentar su popularidad y crecer políticamente. Pero Esperanza Aguirre construyó esa imagen tras varios años – gracias también a Pablo Carbonell y CQC–, mientras que Ignacio González no tiene tanto tiempo y sí mucha prisa por aumentar su popularidad.

La necesidad de atención a cualquier precio de Ignacio González explica el recién instaurado euro por receta: una medida que previsiblemente el Tribunal Constitucional va a anular a los pocos días de estar en vigor, tras un recurso del mismísimo PP (un partido unido, como ven). O que la Comunidad de Madrid se muestre inflexible en cualquier negociación de las muchas que están abiertas en la región. Los conflictos se eternizan –del transporte a la sanidad a la educación– porque González no tiene ninguna intención de ceder, que es la base de cualquier negociación: su mayor incentivo está siempre en confrontar. En su estrategia política, estas guerras le favorecen: aumenta su grado de conocimiento entre los ciudadanos sin que a cambio sufra un gran deterioro electoral porque para eso haría falta un partido fuerte en la oposición (y el PSOE hoy no lo es).

Ignacio González azuza cualquier protesta que le pueda convertir en un referente nacional de la derecha frente al “blando” Rajoy: cualquier noticia que salga en las teles, en los periódicos o en las tertulias de ámbito estatal. González quiere jugar en primera división y salir de las páginas del cuadernillo de información local. Para eso, nada mejor que una guerra a lo Margaret Thatcher (a falta de mineros en Madrid) contra cualquier colectivo que proteste, sean los conductores de Metro, los profesores o los médicos. Buscar la mayor atención posible y que hablen de él, aunque sea para bien. Igual que un troll de Internet.

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