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Un día tranquilo de votación en el sur de Manhattan

En el colegio de 55 Battery Place no hay colas y el número de votantes en su interior es reducido. A media mañana, sólo la gente que no tiene que trabajar se ha acercado a depositar su voto. Así se vive la jornada al sur de Manhattan

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Votantes en Manhattan. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Votantes en Manhattan. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

En un colegio electoral de Battery Park, en la zona sur de Manhattan, votan bajo cinco canastas de baloncesto. Es otro de los muchos colegios de Nueva York que se utilizan para las votaciones, con lo que hoy no hay clases. Esta es una gran semana para los estudiantes. El viernes es el Día de los Veteranos (de guerra) y también es festivo para ellos.

En esta zona desde la que se ve la isla de Ellis y la Estatua de la Libertad, hay menos viviendas que centros oficiales y empresas, por lo que en el colegio de 55 Battery Place no hay colas y un número reducido de votantes en su interior. A esa hora, a media mañana, sólo la gente que no tiene que trabajar se acerca a depositar su voto. Sólo una hora antes en otro colegio en el centro de Manhattan, no muy lejos del edificio Chrysler la cola rodeaba toda la manzana, con muchos estudiantes o gente que ha podido retrasar su entrada al trabajo.

Colegio electoral de Battery Park, en la zona sur de Manhattan. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Colegio electoral de Battery Park, en la zona sur de Manhattan. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

A las cinco de la mañana, el personal contratado para ocuparse de todo ha entrado y preparado las máquinas para tenerlo todo listo para la apertura del colegio una hora después. Las máquinas que escanean las papeletas han dado problemas y han tenido que avisar a alguien para que las ajustara.

A partir de ahí, la labor de esas personas consiste en orientar a los votantes en los tres pasos que deben dar. Primero, marcar su voto en la hoja, que es mucho mayor que una papeleta convencional de voto, luego pasar la hoja por el escáner para que el voto quede registrado electrónicamente y finalmente entregarla para que quede constancia en papel.

Una familia vota en el colegio electoral. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Una familia vota en el colegio electoral. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Las máquinas no están conectadas a ninguna red ni a Internet, con lo que la posibilidad de hackeo desde el exterior no existe. 

Uno de esos trabajadores, Mercedes Ge Owolabi, se ocupa de hacer de intérprete de español (también los hay de chino) para todo aquel que no entienda bien el inglés. En realidad Owolabi habla mejor inglés que español. "Algunos votantes no saben usar bien el escáner. Unos pocos se ponen nerviosos", explica. "Esta mañana hemos tenido a una mujer rusa (de origen ruso), que se sentía frustrada porque no le salían bien las cosas y ha acabado gritándonos. Era la primera vez que votaba y no entendía muy bien todo".

Owolabi no sabe seguro cuánto cobrará por este día entero de trabajo. Su hermana, que ha hecho esa labor antes, le ha contado que probablemente recibirá 100 dólares por la jornada de formación que tuvo y otros 200 por el día de hoy. Las elecciones pagan mucho mejor de lo habitual en sector servicios de Nueva York.

Urnas de Battery Park. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Urnas de Battery Park. Foto: Iñigo Sáenz de Ugarte

Nadie puede hacer propaganda dentro del colegio ni tampoco llevar chapas y ropa con el nombre de un candidato. A alguna persona ya le han dicho que se suba la cremallera para tapar un logo que asoma en su camiseta.

"Hasta ahora todo bien", dice otro trabajador que sonríe divertido cuando recuerda "todas las peleas y ataques que se han lanzado los candidatos". Ha trabajado en muchas elecciones anteriores y a estas alturas pocas cosas le impresionan.

Algunos votantes están más preocupados por lo que pueda pasar. Un hombre de mediana edad afirma que "el mundo nos está observando", un lugar común en las elecciones norteamericanas, pero que en este caso se justifica por la posibilidad de una victoria de Donald Trump, lo que más escandaliza a este nombre. 

A las nueve de la noche, acaba el periodo de votación, pero nadie se quedará sin votar si está esperando a esa hora. En ese momento, y si hay gente haciendo cola fuera, un policía saldrá a la calle e irá hasta el final de la fila para marcar el punto exacto a partir del cual ya nadie más podrá entrar en el colegio.

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