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Sentirse culpable por no responder a comentarios machistas

María narra algunas microagresiones que ha presenciado y vivido en Suiza, donde trabaja ahora, y en España en los últimos 10 años

Su jefe atribuyó el éxito de una reunión a que "la azafata era guapísima" y hasta que no se quedaron las compañeras solas ninguna dijo nada

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Tengo 39 años y trabajo desde hace seis en Suiza, siempre en empresas internacionales de la industria farmacéutica/científica. En este ambiente de trabajo mis compañeras y yo sufrimos micromachismos y ellas se indignan tanto como yo. Cuando tenía un trabajo en Madrid, haciendo memoria, viví otros muchos. Pensaba que eran anécdotas, pero he tardado 20 minutos en escribir las que recuerdo, sin parar y del tirón.

–Hablábamos en una reunión de trabajo sobre una actividad que hicimos en un evento y que tuvo mucho éxito: "Esta actividad tuvo mucho éxito porque la azafata era guapísima", dijo mi jefe, centroeuropeo y una persona que se define como "feminista". Las tres compañeras que estábamos allí nos quedamos de piedra y fue tal el shock que no dijimos nada hasta que no estuvimos solas. Mea culpa, me arrepiento. Tenía que haber hablado.

–El mismo jefe habla de que nuestro contacto en la agencia (una mujer) va a llamar al cliente (un hombre) para intentar tantearle sobre un asunto: "Como va a ser una conversación mujer-hombre, será más fácil sacarle información, y así a lo mejor pueden ir a tomar un café o incluso a cenar". Otra vez sin poder decir nada del susto. Mea culpa.

–Mi marido trabaja a tiempo parcial, yo a tiempo completo. El banco UBS me manda un folleto a mí para ofrecerme un producto financiero destinado a personas que trabajan a tiempo parcial asumiendo que yo cumplo el perfil. Sobra decir que el folleto solo tenía fotos de mujeres.

–Hace poco nos compramos un coche, pagado a mi nombre. Las llaves se las dieron a mi marido y a mí, un ramo de flores. El ramo se quedó en el concesionario.

–Mi marido está acordando con el fontanero a qué hora puede venir a casa, que le pregunta que a qué hora estoy yo en casa para hacer la visita. Mi pareja le respondió que el que estaba en casa era él.

–Hace 10 años trabajaba en una agencia de noticias en Madrid y fui a pedir un día libre a mi jefe. Se lo comuniqué en su despacho y su respuesta fue: "Métete debajo de la mesa y vemos si te lo curras y te lo doy". En esta ocasión sí contesté: "A lo mejor podría ir al despacho del director y preguntarle qué piensa de lo que sugieres". Me di la vuelta y me cogí el día libre. El director semanas después quiso quedar conmigo para cenar. Le dije que para desayunos de trabajo en el bar de al lado, cuando quiera. Nunca se produjo.

–Corte Inglés de Princesa. Sección de vaqueros. Estaba pagando con tarjeta y, a la hora de firmar, el dependiente me dijo que ya que estaba usando un boli podría darle mi número. Le respondí que se lo iba a dar al jefe de planta a ver qué opinaba.

Quizás esto es más común de lo que yo creía al empezar este correo.

María.

Si tú también quieres compartir tu experiencia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta de Twitter @Micromachismos.

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