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REGIÓN DE MURCIA

El negocio que pudo ser

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Corvera ha sido y será durante los próximos años un fiel reflejo del quiero y no puedo que ha sufrido esta Región en los últimos tiempos. Otra de las grandes ocurrencias de nuestros políticos fue hacer el parque Paramount en suelo murciano. El posible actual emplazamiento en Alhama de Murcia no era la primera opción para la colocación de esa primera piedra que duerme a dos metros bajo tierra. Ni siquiera era la segunda. La primera ubicación eran todos los terrenos que trascurren en paralelo a la carretera RM-601 desde la autovía A-30 a (ya lo han adivinado) Corvera.

La creación del parque allí respondía a unos intereses de mercado claros: con el aeropuerto cerca, el parque podía asegurar unos ingresos con el tráfico de pasajeros que buscaran hacer noche en hoteles cercanos, en este caso los del parque Paramount. Esa posibilidad de negocio fue vista por un grupo de inversores murcianos, y se pusieron rápidamente manos a la obra para comprar los terrenos a un precio más barato y ofrecerlo junto al consabido estudio de mercado a la mesa del político de turno que diera el visto bueno a la operación.

Esto podría sonar pelotazo que no fue. El chanchullo sólo se comete cuando hay información privilegiada de por medio, se espera una recalificación de terrenos... En este caso y según me cuentan -no tengo porque dudar de mi confidente- no tenían esa información, al contrario, la iban a facilitar y los terrenos poseían una calificación apta para llevar a cabo la infraestructura de marras.

Ya nadie habla de Paramount ni del rubio americano aquel, ni tan siquiera en una época tan dada a la verbigracia como fue la pasada campaña electoral autonómica

Y fue precisamente ofrecer la información a los dos consejeros implicados por aquel entonces, lo que trasformó lo que podía ser un negocio salvador en una cruz metida en el ajado cajón de los grandes proyectos empresariales murcianos. Y es que uno de esos políticos murcianos se fue de la lengua demasiado pronto para ganar, dicen algunos, peso político dentro del gabinete regional. Esto llegó a oídos de los dueños de los terrenos próximos al aeropuerto y ya no pidieron lo que prácticamente tenían acordado, elevaron sus pretensiones a cantidades que hacían inviable el negocio para cualquier bolsillo. Una situación parecida a cuando el Madrid o el Barça quieren fichar a algún jugador y alguien, interesadamente, da el chivatazo para aumentar el precio de la mercancía o truncar la operación. En este caso el patinazo lingüístico de uno de nuestros dirigentes le costó el negocio y la infraestructura a esta Región.

A partir de ahí, la historia ya la conocen: el negocio se lo ofrecen a Samper, seguramente en el palco de la Nueva Condomina, trae al señor de la Paramount -que recuerda al rubio de Cruz y Raya-, lo agasajan, ponen una piedra que debe estar erosionada del tiempo que está enterrada, y nada de nada de nada. Es más, ya nadie habla de Paramount ni del rubio americano aquel, ni tan siquiera en una época tan dada a la verbigracia como fue la pasada campaña electoral autonómica. Con lo que el futuro de este parque quedarán en las hemerotecas con el quise y no pude

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