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Los días de la mujer

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Ella 1: Uy. Pero, ¿qué tal estás? ¡Cuánto tiempo hace que no te vemos!

Él: Sí, es que a estas horas suelo hacer los recados, y luego vuelvo andando. Hoy como llueve no he podido coger el 28, que iba lleno, y bueno, tengo que hacer la comida así que me he subido en este, que tampoco me va tan mal. ¿Y qué tal vosotras?

Ella 2: Bien, de tomar un cafelillo y ya de recogida.

Ella 1: Ay, y Mertxe. ¿Qué tal está?

Él: Pues muy bien. Ahora va tres veces a la semana a andar con las amigas y como hicimos la reforma en la terraza, luego se las trae a todas a comer a casa, y comen juntas allí.

Ella 1: ¡Pero no me digas!

Él: Sí, sí. Ponen bote, yo les compro ¡y les pongo a todas de comer! ¡Y les hago menú de dieta! ¡Y además limpio la casa!

Ella 2: ¡Ja ja ja ja! ¡Pero qué gracioso! ¡A tu edad de amo de casa! ¿Cómo ha sido esto?

Él: Uy… Pues un día Mertxe se plantó, y ya me dijo. Que, o pasaba por el aro o…

Ella 2: Pues no me parece mal.

Él: Y a ver dónde voy a ir yo ya a esta edad… Y bueno. De eso ya hace dos años. ¡Ahora estoy hecho todo un cocinero!

Ella 1: Por la cuenta que te trae…

Él: ¿Qué?

Ella 1: Bueno, hombre. Es que si no has pegado nunca palo al agua, ya te tocaba ¿no?

Él: No sabía yo que me iba a tocar esto, no. Cocinar y fregar. Pero bueno, oye. Si toca, toca. Qué remedio.

Ella 2: Pues sí. Y ya va siendo hora de que os toque, porque algunos los tenéis…

(…)

Ella 1: Bueno, ¿y de dónde vienes? ¿Cómo así que vas al centro a hacer las compras?

Él: Pues es que con esto de tener que poner menú para seis tres veces a la semana y trabajar, y limpiar, y encima que sea algo sano he tenido que buscarme la vida. He descubierto que en el Super ----- venden una verdura natural congelada estupenda y muchos días tiro de ella: las alcachofas, el cardo, las vainas… Se las pongo congeladas. Luego les hago un refrito de ajos, o de jamón, y unas pechugas, pavo, o pescado a la plancha, y van todas contentas. Si es que no tengo tiempo para más. Y gracias a que estoy ahora con jornada continua. Dejo hoy todo preparado ya por la noche, y ellas mañana, cuando lleguen a las doce, solo calientan, comen, y luego entran al turno de tarde.

Ella 1: Vaya, vaya. Parece que lo tienes todo controlado.

Él: ¡Ey! Que me paso. Me bajo en ésta ¡Hasta otra!

Ella 1: Agur, bai.

Ella 2: Agur.

Ella 1: Vaya con la Mertxe…

Ella 2: Ya ponía yo al mío así, en vereda.

Ella 1: Pues tendremos que tomar nota…

Ella 2: Si, pero la Mertxe trabaja. Yo me metería en un lío de abogados… Total, íbamos a salir más mal parados de lo que estamos ahora…

Ella 1: Ya.

Ella 2: Pero no creas, que envidia, me da.

Ella 1: Sí. Me sorprende verle y oírle. Siempre me pareció muy señorito, y ahora…No sé cómo lo habrá hecho Mertxe para hacerle entrar en razón.

Ella 2: Tuvo una temporada que estuvo yendo a recibir ayuda… Pero nunca llegué a saber bien qué hacía.

Ella 1: Sí. Recuerdo aquellos años. Andaba siempre con muy malas pintas, muy agobiada, con todo lo de su madre, y sin ayuda. Pero mira ahora. Ella de paseo y él de chacha.

Ella 2: Parece mentira. Cómo cambian las cosas. A la mujer le parecerá que sus días ya no son los mismos.

Ella 1: Si. Ni me imagino cómo lo ha conseguido… Pena que cueste tanto, y que tengamos que pasarlo tan mal hasta ver algo de luz.

Ella 2: Si algún día la llegamos a ver, no habrá sido tan malo.

Ella 1: ¿Cómo ha dicho? “ Pasar por el aro”, “pasar por-el-a-ro”.

(…)

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