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ENTREVISTA | Virginia Carracedo

"El número de incendios y la superficie quemada en Cantabria sigue creciendo"

La investigadora Virginia Carracedo, que dirige un curso sobre la gestión del fuego, confía en la prevención y la formación como mejores alternativas

"En lo que llevamos de año ha habido más incendios que en 2015 y seguramente superaremos las hectáreas quemadas", alerta la experta

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Virginia Carracedo, docente e investigadora de la Universidad de Cantabria.

Virginia Carracedo, docente e investigadora de la Universidad de Cantabria.

Virginia Carracedo, miembro del Departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria e integrante del Grupo de Investigación del Medio Natural, se pone esta semana al frente del curso 'De la extinción a la gestión integral de los incendios forestales: experiencias y propuestas', que se celebrará entre los días 5 y 7 de julio en Santander, para analizar con algunos de los mayores especialistas en la materia uno de los problemas que más golpean a los montes y espacios protegidos de la comunidad autónoma.

Alerta de que "e n lo que llevamos de año ha habido más incendios que en 2015", cuando se vivió una de las mayores crisis medioambientales en Cantabria como consecuencia del fuego, y recomienda una gestión integral, que potencie la prevención y la formación entre todos los actores implicados para minimizar los daños sobre el territorio. 

¿España sufre en los últimos años un incremento en el número de incendios y en la peligrosidad de los mismos?

Es una sensación real, pero no tanto del número de incendios o de la superficie afectada. Hasta mediados de los años 2000, el número de incendios y la superficie quemada en España se incrementaba de manera constante. Sin embargo, las políticas de prevención y las inversiones en extinción de incendios, tanto en personal como en medios materiales, en los años 80 y 90, ha hecho que la extinción cada vez sea más rápida. El 90% de los incendios en España se extingue muy rápidamente. El 60% de ellos son conatos, incendios de menos de una hectárea. Con lo cual, nos encontramos en la actualidad con que el número de incendios se continúa incrementando ligeramente, pero la superficie quemada no tanto. De todas formas, son datos difíciles de trasladar, porque influyen mucho los incendios de Galicia, que acumula la mitad de los incendios de España. Allí, a raíz de los incendios de 2006, ha habido un bajón bastante importante, lo que condiciona la estadística general en todo el país.

¿Y cómo es la situación en Cantabria?

El número de incendios y la superficie quemada en Cantabria sigue creciendo y es una de las pocas comunidades autónomas, junto con Asturias, donde esto sigue ocurriendo. Este año llevamos más incendios que en 2015 y seguramente superaremos las hectáreas quemadas como siga la misma tendencia. Además, aquí cada vez hay más incendios grandes. En Cantabria, la media de los conatos está en torno al 14%. ¿Qué es lo que pasa? Que la temporada de incendios, a finales de invierno y comienzos de la primavera, muchas veces llega con viento sur o situaciones anticiclónicas, y se generan muchos incendios simultáneos que no permiten asistir y extinguir todos ellos, por lo que obliga a priorizar. Hay incendios a los que directamente no se acude porque no hay medios suficientes. Primero se atiende a aquellos que puedan afectar a las personas y a sus bienes, que fue lo que hizo tan llamativos los incendios de 2015 en Bárcena Mayor o Peña Cabarga, por ejemplo. Cuando hay 40 incendios simultáneos, hay que elegir, y esas son las prioridades. Siempre en estos episodios de incendios hay alguno que se queda sin atender porque no hay medios suficientes ni los va a haber nunca por más que tengamos la plantilla completa, que era una de las reivindicaciones de los sindicatos, porque faltaban muchos profesionales para cubrir las vacantes disponibles. Ni con la plantilla al completo seremos capaces de asistir en un día a 40 o 50 incendios. Por tanto, este es un motivo más para trabajar en la prevención.

¿Hay influencia entre este aumento de incendios y los recortes presupuestarios en los medios de extinción y en las políticas de prevención?

Tiene mucho más que ver con los cambios en los entornos rurales, ligados a la despoblación y al fin de los usos y aprovechamientos de los bosques. Ahora, ha cambiado totalmente el paisaje y hay acumulación de biomasa, lo que hace que los incendios sean más difíciles de apagar. Hay más combustible, sumado esto al cambio climático, que provoca situaciones más extremas y más frecuentes.

¿Es necesario un cambio legislativo que penalice más a los autores de los fuegos provocados?

No, la normativa que existe es suficiente. Siempre se puede mejorar, evidentemente, pero tenemos que trabajar en la prevención, con la acumulación de biomasa sin gestionar, potenciando el desarrollo de las economías locales.

Sin embargo, según los últimos datos publicados, de las 499 investigaciones abiertas por la Fiscalía de Cantabria por incendios forestales provocados a lo largo de un año, tan sólo 4 acabaron en juicio. Es decir, en más del 99% de los casos no se encuentra a los responsables. ¿Cómo se puede avanzar en esa investigación que permita aplicar la ley a los responsables?

Las brigadas de investigación no están muy extendidas. Además, se da una casuística que hace muy difícil encontrar a los culpables, es realmente complicado. No hay que dejar la investigación de causas, es un tema que hay que trabajar, pero no podemos centrar la problemática en este aspecto. La mayoría de los condenados lo son por incendios negligentes, no por incendios provocados. La investigación de causas tiene mucho más potencial para la prevención, para investigar qué es lo que hay detrás de esos fuegos que para coger a la persona concreta. Aunque se podría hacer en algunos casos, es realmente complicado. Lo que hay que trabajar es la prevención, la conciliación de usos para evitar los incendios.

El sector primario es señalado en muchas ocasiones por estos fuegos intencionados, sobre todo en algunas zonas del norte de España. ¿Es necesario un cambio de mentalidad en el mundo rural?

Por supuesto. El cambio se tiene que dar en todos los sectores, no solamente en el forestal. Es en todos, en el ganadero también. El fuego no siempre es malo, no tiene por qué ser malo. Nuestro paisaje también es resultado de ese manejo del fuego. En otros lugares del mundo se gestiona así, pero debe ser compatible con el uso y la protección de los espacios protegidos. Los montes tienen uso forestal y uso ganadero desde hace siglos. Hay que adaptar la gestión a la nueva realidad y tiene que haber formación también entre los ganaderos, igual que es necesaria para la población en general, para los técnicos, los gestores, las cuadrillas, la administración, los ecologistas... Creo que todo el mundo necesita ampliar su formación es esta temática, porque uno de los problemas para llegar a acuerdos es que cada grupo se encuentra demasiado anclado en conceptos parciales y, en ocasiones, enfoques antiguos, poco actualizados.

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En relación a la situación de Cantabria, se está trabajando en la puesta en marcha de un plan estratégico de prevención de incendios forestales que acaba de aprobarse. ¿Hacia dónde debe ir esa estrategia global?

El Plan Estratégico de Prevención de Incendios de Cantabria es bastante integrador. Me atrevería a decir que es uno de los mejores que hay ahora mismo en España, uno de los que tiene más posibilidades y que integra distintas medidas de gestión integral de incendios. Es un plan que además ha sido consensuado con los distintos actores a través de la Mesa del Fuego, un órgano que se creó a partir de los incendios de 2015, porque fueron muy mediáticos. Entre sus objetivos está el de garantizar la participación social en el seguimiento del propio plan, así como dotar a la Dirección General de Montes de la estructura administrativa de recursos materiales y humanos para poder desarrollar el plan correctamente, a través de la ampliación de plantilla. Pretende también avanzar en el conocimiento y la investigación o garantizar un sistema de planificación y coordinación entre las distintas administraciones en el caso de una emergencia y dotar a la comunidad de un sistema protocolizado de restauración de los espacios afectados por los incendios. Por último, pretende crear unas estrategias de comunicación y sensibilización a través de la educación ambiental.

Hablaba de la oleada de incendios que sufrió Cantabria en 2015. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias medioambientales de estos sucesos? 

En lo que llevamos en 2017, ha habido más incendios que en todo 2015. Todavía no hemos superado las hectáreas, pero si seguimos a este ritmo las vamos a superar. Es importante que la gente sepa qué tipo de incendios tenemos, por qué causas son y trabajar en formar, formar y formar, en explicar las distintas opciones que tenemos y lo que debemos hacer para gestionar el monte. Cada vez hay más incendios en espacios naturales protegidos. Si aumentan de tamaño, normalmente aumentan de intensidad y eso genera que sean incendios más dañinos para la flora y la fauna de la zona. Lo que tiene todo el norte de España es una capacidad de regeneración tremenda.

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