Opinión y blogs

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Mapas cerebrales


En las últimas semanas se han hecho públicos dos grandes proyectos destinados a realizar nuevos mapas funcionales del cerebro humano. El proyecto europeo se denomina " Human Brain Project", busca producir un "modelo funcional" del cerebro humano y está financiado a 10 años con 1000 millones de euros. El norteamericano, anunciado por el presidente Obama en su discurso de investidura, cuenta con 3000 millones de dólares para el mismo período, y se lama " Brain Activity Map". Obama ha presentado esta idea apoyándose en el éxito y la rentabilidad del Proyecto Genoma Humano: “Cada dólar que invertimos en el mapa del genoma humano ha devuelto 100 dólares a nuestra economía”

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¿Es dejar la universidad el nuevo doctorado?


"College dropouts are the new Ph.Ds" (los que han abandonado la universidad son los nuevos doctores) Supuestamente escuchada en la cumbre de Davos, esta frase ha estado circulando por Internet desde hace unos días.

 

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Consumo y anticonsumo

La regulación del consumo de tabaco se ha convertido en una de las paradojas más curiosas de los últimos años, y es probablemente uno de los últimos puntos de resistencia no ilegal frente a la manipulación de las metáforas del cuerpo. Es un asunto revelador porque la industria del tabaco es legal, billonaria, y se encuentra ampliamente establecida en la nación más poderosa de la Tierra, lo que impide su radical ilegalización y evita que se convierta en una cuestión subterránea y marginal para los medios, como lo es el consumo de las llamadas "drogas recreativas".

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La ciencia es como el sexo

"La Física es como el sexo", dijo en cierta ocasión Richard Feynman. "Está claro que puede tener algunos resultados prácticos, pero no lo hacemos por eso." La célebre cita de Feynman es perfectamente aplicable a toda la investigación científica básica. Es evidente que la la investigación es el fundamento del desarrollo económico, pero también es cierto que reducir el discurso público a las aplicaciones prácticas de la ciencia y a sus consecuencias económicas es ignorar que, en un principio, la gran mayoría de los investigadores inician su actividad impulsados por el deseo de saber.

El deseo de saber no es inocente. El deseo de saber, como se ha repetido en numerosas ocasiones, es deseo de poder. Pero no estamos adjudicándonos inocencia, sino, al contrario, recomendando sucumbir a la tentación. Escrbía Paul Valéry que "Europa [...] había desarrollado hasta el límite la libertad de espíritu, combinado su pasión de comprender con su voluntad de rigor, inventado una curiosidad precisa y activa, creado, mediante la investigación obstinada de resultados que se pudiesen comparar exactamente y añadir unos a otros, un capital de leyes y procedimientos muy potentes". Esa es la herencia fundamental de la modernidad, a partir de la cual se construye el presente.

A menudo me pregunto si las instituciones que promueven, financian, y en las que a menudo se desarrolla la investigación científica continúan siendo adecuadas para transmitir esa curiosidad precisa y activa. Si, de hecho, su éxito no las ha inducido a dedicar una gran cantidad de recursos financieros y conceptuales a su propia supervivencia, a autopromocionar su supuesta excelencia, y, como ha escrito Clay Shirky, a intentar preservar el problema para el que son la solución. Y esto lo escribo en un momento en el que la reducción de la financiación pública y la práctica inexistencia del mecenazgo privado parecen ser los problemas mas acuciantes de la investigación científica en España. Porque me temo que el debate sobre la financiación de la investigación (siempre insuficiente) y las aplicaciones prácticas de la ciencia como impulsoras del futuro desarrollo económico (indiscutibles) esté ocultando un problema mayor, que ya estaba ahí, pero no nos interesaba abordar: No hemos transmitido con suficiente intensidad, a suficientes personas, esa curiosidad, ese deseo, y aquellos pocos que lo sienten se vuelven a marchar, sin que a nadie, de verdad, le importe.

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Ciencia y tecnocracia

A pesar de su decisiva influencia –con un gran balance positivo– en muchos aspectos de la vida, el progreso tecnológico es un hecho singular y aislado, producto de una hábil restricción de los propósitos para la consecución de objetivos previamente fijados. El avance científico es el producto de un aspecto minoritario de la actividad humana. El avance tecnológico es el producto de la aplicación de una pequeña parte del conocimiento científico. Sus propios métodos exigen el abandono de objetivos borrosos, poco claros, paradójicos o contradictorios. Por suerte o por desgracia, la mayoría de los objetivos sociales y culturales poseen estas características.

A diferencia de los procesos tecnológicos —y a semejanza de los procesos biológicos—, los procesos socioculturales carecen de objetivos concretos específicos predeterminados. Tras el estrepitoso fracaso en el siglo veinte de los intentos de aplicación de modelos idealistas desarrollados en el diecinueve, la política ha terminado por convertirse primero en un sistema para determinar los objetivos y, cada vez más, en un medio para hacerlos inteligibles. La escena política ha ido perdiendo protagonismo en la mayor parte de los países porque ya no es vista por los ciudadanos como el lugar donde se toman las decisiones, sino como una especie de centro de traducción y divulgación, muy semejante a los medios de comunicación de masas, de cuyas interpretaciones de la realidad es preciso desconfiar. La simple legitimidad democrática  no nos parece suficiente en muchos casos para definir lo que es deseable para la sociedad: En un mundo donde practicamente nada puede hacerse sin recurrir al conocimiento especializado, la representatividad ha perdido casi todo su valor real.

El conocimiento al que acudimos para que legitime los proyectos individuales y sociales es, se supone, conocimiento científico. Sin embargo, en contra de lo que pudiera mostrar un examen demasiado superficial, los conceptos científicos tienen mucho menos arraigo en nuestras sociedades que los inspirados en la tecnología. Probablemente debido a que la tecnología ha acompañado al ser humano desde el origen de la historia y forma parte de las habilidades características de la especie como, por ejemplo, el lenguaje hablado. Los modelos económico-sociales heredados del siglo XIX, por ejemplo, son modelos técnicos que han pretendido hacerse pasar por modelos científicos. Todas las teorías económicas que se aplican o se proponen en las actulidad están basadas en una idea técnica y determinista de las relaciones económico-sociales. Su objetivo principal continúa siendo la planificación y la predicción. La palabra “tecnocracia”  define bastante bien la aplicación práctica de tales modelos.

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Neurocosas


El objetivo de la ciencia no es saberlo todo de cualquier manera. El método científico permite conocer algunas cosas, y conocerlas de un modo muy específico.

La tecnología no permite solucionar cualquier cosa: Es una serie de intrucciones para resolver determinados problemas mediante una serie de métodos muy concretos.

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Bienvenida, y explicación del título

"El Barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función operatoria, a un rasgo. No deja de hacer pliegues." Es un modo de entender la materia muy semejante al que adoptan las ciencias modernas. El científico no se pregunta "por qué" acontece algo, sino cómo. No se deja atrapar por el deseo de responder cuestiones últimas ni por la ilusión de la causalidad. Nuestro conocimiento no se ocupa ya, desde hace mucho, de cuestiones de esencia, sino precisamente de funciones operatorias.

Plegar, esa función operatoria, es reconocer los límites para desafiarlos. La materia evoluciona plegándose, no expandiéndose en todas direcciones en ese espacio tridimensional infinito que sólo ha existido en la imaginación de los viejos geómetras. La mayor parte del universo aparenta estar vacío, pero lo lleno parace llenarse cada vez más porque sus camino es sinuoso, porque la materia no vuelve sobre sus pasos ni se expande en línea recta: tropieza con determinados límites operativos y la nueva trayectoria que adopta da forma a un nuevo pliegue. El pliegue es la respuesta de la complejidad a cada barrera física que no puede cruzar. Las moléculas, en cuanto empiezan a aumentar de tamaño, comienzan a plegarse, no se convierten en un creciente acúmulo de átomos. Esto les permite ocupar una especie particular de espacio, convertirse en signos, adquirir un sentido. El ADN se pliega para hacer encajar las instrucciones de cómo construír un mamífero en el espacio que corresponde a una sola célula. El cerebro se pliega para alojar a un ser humano en el cráneo de un mono. Quizás el modo en que se expande el universo sea plegarse en innumerables universos paralelos.

El Barroco no inventa la cosa, dice Deleuze, pero curva y recurva los pliegues, los lleva hasta el infinito. Y creo yo que nuestro barroco, ya exento de infinitos, vuelve a recurvarlos sobre sí mismos para apropiarse aún más del pequeño espacio abigarrado que podemos considerar de nuestra incumbencia. No esperen, pues, invenciones: este lugar a donde vengo ahora solo pretende ser un nuevo pliegue.

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