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Cambios en la política británica: De la ideología a una política de consumo

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Las elecciones británicas más impredecibles pueden arrojar alianzas inéditas

Las elecciones británicas más impredecibles pueden arrojar alianzas inéditas

El descenso de los partidos británicos tradicionales, conservador y laborista, y la fragmentación del voto en estas elecciones evidencian un cambio en la política del Reino Unido, donde, según los expertos, de la batalla ideológica se ha pasado a una política de consumo.

El Partido Conservador y el Laborista, fundados en el siglo XIX, se han beneficiado durante décadas del sistema electoral británico, en que gana en cada circunscripción el candidato con más votos y a nivel nacional el partido con más escaños, sin representación proporcional del sufragio.

A pesar de las dificultades para las formaciones pequeñas, con menos historia e implantación, de obtener diputados, en los comicios del 7 de mayo se prevé un auge de estos partidos alternativos, desde el eurófobo UKIP a los Verdes o el Partido Nacionalista Escocés (SNP), que podrían ser clave para formar gobierno.

Según el presidente de la firma demoscópica YouGov y analista político Peter Kellner, el retroceso de laboristas y conservadores, que en los años 50 sumaban conjuntamente el 97 % de los votos y en la actualidad apenas superan el 60 %, se debe a que "son criaturas del siglo XX y no han sido capaces de reinventarse en la era postideológica".

Los "tories" y los laboristas, al igual que otros partidos europeos de centroderecha y centroizquierda, "encarnaban las dos posiciones del debate ideológico entre capitalismo y socialismo", pero "ese debate se ha terminado y ellos no han evolucionado", asegura a Efe.

En los últimos años, señala Kellner, han surgido otras formaciones que se centran en los asuntos que, a su juicio, "verdaderamente preocupan a los ciudadanos", como "la inmigración, el cambio climático o el nacionalismo local", lo que conduce a "la actual fragmentación del voto".

De la batalla ideológica se ha pasado a una "visión consumista" de la política, sostiene: el ciudadano "siente que puede escoger y lo hace, entre muchos partidos, según sus inquietudes y necesidades".

No obstante, apunta el analista, "el problema es que estos partidos minoritarios que parecen ofrecer algo nuevo a menudo son incapaces de articular una visión completa de la sociedad", por lo que pueden perder atractivo si llegan a gobernar.

En su esfuerzo por conquistar el centro político, los partidos tradicionales, como laboristas y conservadores en el Reino Unido o sus homólogos europeos, "hacen propuestas cada vez más similares" y su principal meta en las elecciones es "convencer a los votantes de que son los más idóneos para gestionar el Estado", señala Simon Hix, académico de la London School of Economics (LSE).

En su opinión, esta aparente crisis de las ideologías "es más evidente en el Reino Unido" que en otros países como Grecia o España, donde emerge la izquierda radical como antídoto a la austeridad.

"Este tipo de discurso no arraiga en Gran Bretaña, porque, aunque existe descontento, como el país va bien no hay oposición al sistema en su conjunto", dice a Efe.

El año pasado, la economía del Reino Unido creció un 2,8 %, más que la de cualquier otro Estado del G7, y se prevé que este año lo haga un 2,5 %.

El desempleo y la inflación tienden a la baja, situándose en el 5,6 % y el 0 %, respectivamente.

Aunque no se perciba un desafío al sistema, la economía y la calidad de vida son, según las encuestas, la principal preocupación de los británicos (55 %), seguido de la sanidad pública (50 %) y la inmigración (47 %).

Frente a las propuestas relativamente parecidas de "tories" y laboristas, que comparten un consenso en torno a la austeridad, el Partido de Independencia del Reino Unido (UKIP) ha capitalizado el asunto migratorio y aboga por una salida de la UE, mientras que el SNP escocés y los Verdes se erigen como los defensores de los servicios públicos.

Si se consolida el avance de estos partidos minoritarios y se hace frecuente la necesidad de coaliciones, ello puede tener más consecuencias en el futuro, apunta Hix.

"Por una cuestión de legitimidad democrática, habría que plantearse cambiar el sistema para darles más representación parlamentaria, al estilo de muchos países europeos", afirma.

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