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China y EEUU, piezas clave en la paz afgana ante los recelos hacia Pakistán

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China y EEUU, piezas clave en la paz afgana ante los recelos hacia Pakistán

China y EEUU, piezas clave en la paz afgana ante los recelos hacia Pakistán

Afganistán no termina de fiarse de la mediación ofrecida por el vecino Pakistán en el proceso de paz con los talibanes, por lo que el apoyo de China y Estados Unidos para el diálogo se presenta como una pieza clave en el tablero regional.

La semana pasada, el presidente afgano, Ashraf Gani, y el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, mostraron su disposición en Islamabad a reiniciar las conversaciones con los insurgentes para terminar con catorce años de guerra en Afganistán.

Allí se habló de un proceso de paz "por y para" los afganos que llevaría la estabilidad a toda la región, aunque no tardaron en alzarse las voces desde Afganistán contrarias a todo lo que tenga que ver con el país vecino.

El que protestó más alto fue Rahmatullah Nabil, que antes de dimitir como jefe de los servicios de inteligencia afganos advirtió que pese a las buenas palabras de Sharif, en Afganistán acababan de morir 64 personas en el ataque talibán, con supuesto apoyo de Pakistán, a un aeropuerto en la provincia meridional de Kandahar.

Nabil llegó a afirmar que el líder de los insurgentes, el mulá Mansur, seguía planeando esos ataques desde Quetta (oeste de Pakistán) con el beneplácito del país de acogida, pese a que se le había dado por herido grave o incluso muerto a principios de mes.

Por ello el portavoz del Alto Consejo para la Paz de Afganistán, Ismail Qasimyar, declaró a Efe que la presión de EE.UU. y China "es clave para hacer que Pakistán lleve a los talibanes al diálogo de paz e impida que lancen ataques mortales en Afganistán".

Qasimyar espera que la "agenda" para reanudar el diálogo esté lista "en una o dos semanas".

Sin embargo, la división entre los talibanes afganos, puesta de manifiesto desde que a finales de julio se supo que su histórico líder, el mulá Omar, había muerto y Mansur se erigió como sucesor, obligará a negociar con cada facción de los insurgentes, advirtió.

El analista militar y exgeneral Abdul Wahid Taqat recordó que Pakistán recibe "cientos de millones dólares" de EE.UU., una fuerte inyección económica que puede perder si cada vez que se habla de paz ocurren sangrientos ataques en suelo afgano en los que se sospecha la mano de la inteligencia paquistaní, como el reciente en Kandahar.

"Fue un mensaje claro a Kabul. Con el ataque el amigo del que desconfían (Pakistán) dijo al Gobierno afgano que nunca dejará a los afganos alcanzar un acuerdo de paz con los talibanes" sin su intervención, sentenció el exgeneral.

El analista político y jefe del Centro para Estudios Estratégicos y Regionales, Abdul Baqi Amin, aclaró sin embargo a Efe que una cosa es el Gobierno paquistaní y otra muy diferente lo que piensen su poderoso Ejército o sus omnipresentes órganos de inteligencia.

"El Gobierno afgano no puede confiar en Pakistán (...) y debe allanar el camino para el inicio de conversaciones directas con los talibanes, ya que el único apoyo que precisa de Pakistán es el político", aseveró.

Ante esa realidad, Amin remarcó que la presencia de EE.UU. y China "es un asunto vital que aporta garantías al proceso".

En ese sentido, el analista político y líder tribal Matiullah Kharotai insistió en que cualquier compromiso paquistaní solo será fiable con la presencia de las dos potencias mundiales.

"Si hicieran suficiente presión sobre Pakistán, la paz podría volver a Afganistán en un semana", subrayó.

Pero "el Gobierno de Gani debe ser más delicado y astuto con Pakistán", matizó Kharotai.

El Gobierno afgano y los insurgentes mantuvieron conversaciones de paz en julio en Pakistán, un proceso que terminó abruptamente cuando se conoció a finales de ese mes la muerte del mulá Omar en 2013.

A esa situación inesperada se sumaron en agosto una serie de sangrientos ataques talibanes en Kabul, de los que el Gobierno de Afganistán llegó a culpar directamente a Islamabad.

Gani y Sharif se reunieron a finales de noviembre en París con motivo de la cumbre mundial sobre el clima, antes de encontrarse de nuevo la semana pasada en Islamabad, lo que ha restado tensión a las relaciones entre los dos países y abre la puerta una vez más, a pesar de la desconfianza, al diálogo de paz.

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