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Michelangelo Pistoletto, un provocador con carta blanca en el Louvre

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Michelangelo Pistoletto, un provocador con carta blanca en el Louvre

Michelangelo Pistoletto, un provocador con carta blanca en el Louvre

El italiano Michelangelo Pistoletto, uno de los fundadores del Arte Povera (arte pobre) en los años sesenta, ha esparcido por el Museo del Louvre de París sus creaciones a base de objetos cotidianos y espejos para inscribir una crítica al consumismo en uno de los templos universales de la cultura.

Sobre la pirámide de cristal del museo, obra del arquitecto Ieoh Ming Pei que se erige sobre el imponente patio Napoleón, Pistoletto ha hecho instalar una de sus marcas de autor: un enorme símbolo de espejos con un trazo similar al que representa el infinito, pero con tres aros.

Lo llama "Tercer Paraíso", y es la primera vez que el museo invita a un artista a trabajar sobre tan característica estructura de cristal, construida hace casi treinta años en medio de una fuerte polémica.

La obra apunta al distrito de negocios de La Defense, donde se alzan los rascacielos de la región de París, y pretende ser una crítica al capitalismo y al consumismo que están acabando con el planeta, explicó Pisteoletto (Biella, 1933) en la inauguración de su exposición "Année 1, el Paraíso sobre la Tierra", que puede contemplarse hasta el próximo 2 de septiembre en la pinacoteca más visitada del mundo.

"En el Primer Paraíso, la Humanidad estaba totalmente integrada en la naturaleza. El Segundo Paraíso vio a los seres humanos separarse de la naturaleza, lo que condujo a un mundo artificial, como lo conocemos y con consecuencias desastrosas para el planeta. El Tercer Paraíso constituye una unión equilibrada y pacífica entre el paraíso natural y el paraíso artificial", resume el italiano.

Una vez engullido por la pirámide, al zambullirse en la vorágine de un museo que cada día frecuentan unas 30.000 personas, el visitante puede encontrar obras de Pistoletto en diferentes rincones del museo y participar en un "diálogo con la Historia del Arte, desde la antigüedad hasta nuestros días" que "evoca un reencuentro entre civilizaciones", explican los responsables del Louvre.

"Los museos se concibieron para albergar objetos que provienen de conquistas y de saqueos, pero también son lugares donde se encuentran las culturas y las civilizaciones. Presentan, por tanto, un lado negativo, los conflictos y su violencia, y otro positivo, el conocimiento del otro", explica Pistoletto, que se inició en el mundo del arte a los catorce años, ayudando a su padre a restaurar cuadros.

La más reconocible de las cerca de veinte obras que el artista ha seleccionado para la exposición es "La Venus de los harapos", que consiste en una escultura de mármol rodeada de trapos que Pistoletto creó en 1967, convirtiéndola en un emblema del Arte Povera.

"Representa la permanencia de la historia y, al mismo tiempo, el cambio cotidiano. La inmutable belleza marmórea de la Venus recuerda a la antigüedad, mientras que los trapos evocan el proceso de transformación, el de las modas que pasan y la degradación de la materia: resultan de un sistema consumista", según el artista.

"Son trapos usados, pero están todos muy limpios. No olvidemos que esto es el Louvre", bromea el creador.

Pistoletto también ha incluido en su particular diálogo artístico a la obra cumbre del museo, la Gioconda de Leonardo Da Vinci.

En la misma sala donde se exhibe el lienzo de la mujer de enigmática sonrisa en "sfumato", el artista conceptual expone "Ragazza che fotógrafa", uno de sus célebres cuadros-espejos de los años sesenta que muestra a una turista disparando una fotografía, un guiño a los miles de turistas que cada día inmortalizan a la Mona Lisa con sus cámaras y teléfonos móviles.

A través de esa particular técnica, Pistoletto obliga al público a penetrar en los cuadros, literalmente.

"El Louvre tiene algo de espejo de la historia y yo puedo hacer de mis obras un espejo del Louvre", comenta el italiano, cuya intervención en ese museo va acompañada de un nutrido programa de conferencias y debates.

Javier Albisu

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