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Objetivo PSOE: "No somos iguales"

Uno de los objetivos de Alfredo Pérez Rubalcaba en la Conferencia Política del PSOE fue transmitir a sus militantes que los que "están en la calle defendiendo la sanidad pública, la escuela pública" luchan por los modelos que pusieron en marcha los socialistas y que ahora el PP "está desmantelando".

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Rubalcaba, en la Conferencia Política del PSOE

Si hay algo que le hace daño al PSOE es la equiparación con el PP. Es esa afirmación de que no hay diferencia entre las políticas que aplican en el Gobierno uno y otro partido. Una estrategia de deslegitimación que han utilizado los rivales electorales a su izquierda y que el 15-M llevó a sus pancartas con eslóganes como "PSOE-PP, la misma mierda es", que tanto han triunfado en las redes sociales y tanto han perjudicado a los socialistas.

Por eso uno de los objetivos más nítidos -y más aclamados- del discurso de Alfredo Pérez Rubalcaba este domingo fue transmitir a los militantes de su partido que tienen que caminar junto a los que "están en la calle defendiendo la sanidad pública, la escuela pública", para decirles: "no somos iguales". Porque, les explicó, lo que están defendiendo esas mareas blancas o verdes son los modelos que pusieron en marcha los socialistas y que ahora el PP "está desmantelando". 

"Tenemos que decirles que no somos iguales. Que no puede ser igual el que construye que el que destruye, el que edifica la sanidad pública que el que se la carga". A un militante que aplaudía desatado, el momento le pareció "apoteósico". Y, seguramente, lo que denotaba es la necesidad que tienen los socialistas de despojarse del estigma de haber sido precursores de unos recortes que después el Gobierno del PP ha llevado hasta el extremo. Ahora, recuperar la credibilidad perdida, volver a rezumar confianza, es la mayor dificultad que afronta el PSOE para reconectar con los más de cuatro millones de electores que perdió en 2011, porque el racarraca de que los dos grandes partidos hacen las mismas políticas y el viento antibipartidista soplan en su contra.

Han pasado más dos años de la revuelta juvenil de mayo de 2011, que tenía razones para la rabia, porque con el estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera se pasó, de repente, de ser nuevos ricos a ser de nuevo pobres y las expectativas profesionales y vitales de millones de personas se tambalearon. Además, Bruselas había forzado un cambio de rumbo político al Gobierno de Zapatero sin que mediara mucha explicación, pero bajo la amenaza de empujar a España al precipicio del rescate. Ese en el que están desde entonces Grecia y Portugal.

Se congelaron las pensiones, se bajó el sueldo a los funcionarios, se recortaron las inversiones públicas y, presionado por la troika, parecía que el Gobierno solo pensaba en salvar los bancos. De qué sino esa oposición a hablar siquiera de parar los deshaucios. Ese fue el gran error de los socialistas, aunque no fue nada comparado con lo que ha hecho después el PP: cercenado derechos sociales y laborales, desmantelado servicios públicos esenciales y derrumbando cualquier esperanza

Desde entonces el PSOE ha intentado quitarse el estigma sin conseguir, hasta ahora, el perdón de los decepcionados. Este fin de semana, en la Conferencia Política, los socialistas han hecho un ejercicio de autocrítica y han renovado su proyecto con propuestas que buscan reconstruir lo dañado y, sobre todo, evitar que en el futuro se reproduzcan políticas que desembocan en crisis de desigualdad e injusticia social como la actual. Un viaje a las esencias. Una visita a "El espíritu de 1945", ese recomendable documental de Ken Loach que aún se proyecta en algunos cines. Sobre el papel, supone un cambio en toda regla. Sólo falta que los ciudadanos se lo crean.

Como vaticinó Elena Valenciano, ahora son más rojos en sus políticas sociales, económicas y fiscales. Más morados, por el refuerzo de las políticas de igualdad. Más verdes, porque incorporan la lucha contra el cambio climático a su ADN. Y más laicos. De hecho, otro momento "apoteósico" se produjo cuando Rubalcaba anunció la intención de denunciar el Concordato con la Santa Sede. 

La República, sin embargo, está en las esencias pero no en el programa. Ni por la presión de sus electores o sus militantes, ni por el retorno a las esencias. Rubalcaba no hizo mención en la clausura, pero en el plenario en que se vieron previamente las conclusiones hubo silbidos y abucheos -que se escucharon desde fuera de la sala- cuando se leyó que el PSOE reivindica "su tradición histórica y cultural republicana" pero sigue respaldando la Monarquía porque no ve otra alternativa viable. Ya lo decía el coordinador de la Conferencia, Ramón Jauregui, que las enmiendas a favor de la República Federal presentadas por las Juventudes Socialistas tendrían buena acogida. Aunque no el apoyo suficiente para prosperar.
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